Daniel Alarcón: "Quizás las cosas no se ven tan mal en Perú como antes de las elecciones de Estados Unidos"

Daniel Alarcón Derechos de autor de la imagen Hugo Rojo/NPR
Image caption Nacido en Perú, Alarcón es un escritor reconocido en EE.UU. y el cerebro detrás de Radio Ambulante.

Llueve a cántaros en Nueva York y Daniel Alarcón está sentado en un café a tres cuadras de la Universidad de Columbia, donde enseña periodismo. Es un lugar acogedor, pero él suena preocupado.

Novelista y periodista peruano-estadounidense, Alarcón se refiera a 2016 como el año en que las mentiras jaquearon a la realidad, al punto que él mismo se cuestiona: "¿Cuánto vale la pena escribir?".

Dice que hay que "dudar del poder del lenguaje para llegar" a destino y cita el caso de Estados Unidos, donde hubo en la campaña electoral dos mundos paralelos que simplemente se ignoraron uno al otro.

"Quizás las cosas no se ven tan mal en Perú como antes de las elecciones de Estados Unidos", reflexiona sobre el país sudamericano donde nació y vivió hasta los tres años, cuando se mudó a la potencia del norte.

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Image caption Para Alarcón, 2016 es el año en el que la realidad perdió la batalla frente a las mentiras.

Aquel fue el comienzo de un viaje que lo moldeó como persona, incluso en su vocabulario español "muy anticuado" de Arequipa, hasta convertirlo en uno de los novelistas jóvenes más destacados de la actualidad.

El proyecto Radio Ambulante, del que es cofundador y que se asoció a BBC Mundo en 2013, acaba de pasar a ser el primer podcast en español de la radio pública estadounidense NPR.

"El reto es que Radio Ambulante llegue a más gente y tengamos los recursos para contar más y mejores historias, ser más ambiciosos en términos periodísticos", señala Alarcón, de 39 años.

Lo que sigue es una síntesis de la entrevista que concedió a BBC Mundo en ese café neoyorquino, a propósito del Hay Festival Arequipa.

-¿Significa algo especial para ti que este festival literario se realice en Arequipa? De allí es tu padre…

Sí, claro. Me crié un poco con la mitología de Arequipa en la casa. Mi papá creció en el barrio Miraflores, a diez cuadras de la Plaza de Armas. Crecí con la mística de los volcanes, del Misti, las canciones, el colegio donde estudió: el Independencia Americana, "la I". Hasta cantábamos el himno del colegio fundado por Bolívar. Son recuerdos muy importantes para mí…

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Image caption Alarcón está conectado a Arequipa por su padre. Y su lenguaje.

-¿Y eso puede verse reflejado en tu libro "Los provincianos" (Solar, 2013)?

Sí, es quizás el cuento más arequipeño, si se puede decir así. Aunque no directamente de Arequipa. Es que uno siempre es un provinciano en alguna parte. Entonces, esa novela corta es de un chico de la ciudad, la capital, que piensa que los provincianos son ellos, cuando en realidad el provinciano es él.

Ese libro recopila además varias escenas mías con mi viejo, no en Arequipa sino en Mollendo, la ciudad balneario de Arequipa.

-¿Y cómo ves a Perú a la distancia?

Después de este año que hemos tenido, podemos decir que nos salvamos de una. Quizás las cosas no se ven tan mal en Perú como antes de las elecciones de Estados Unidos, por ejemplo.

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Image caption 2016 también fue año de elecciones para Perú. Y PPK terminó imponiéndose a Keiko Fujimori.

Mira, las preocupaciones que tengo de Perú son las que tengo de Estados Unidos también: el medioambiente, la corrupción, la violencia, lo fácil que es destruir algo y lo difícil que es construir… Hablo de instituciones, Estado de derecho, lo difícil que se ha hecho la lucha en Estados Unidos por derechos LGBT, que recién está comenzando en Perú. Luchas difíciles que se han hecho para tener una política de inclusión en Estados Unidos, que se pueden desbaratar rápido. Quizás en Perú todavía estamos en proceso de construirlas.

-Cuando uno se va de su país, siempre es difícil ver las cosas con los mismos ojos que alguien que vive ahí…

Por supuesto…

-¿Qué cosas de Perú te hacen sentir que ese no es tu país, verlo con ojos de extranjero?

Creo que en parte me beneficio con esa mirada de extranjero. Siempre las cosas que me asombran son la creatividad del peruano, la manera de adaptarse a las situaciones difíciles, encontrar humor en situaciones muy oscuras.

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Image caption La capacidad de los peruanos para encontrar humor aún en las situaciones más oscuras nunca deja de sorprender a Alarcón.

Cuando estuve viviendo en Lima en el año 2001 acababa de pasar una ley que decía que la gente tenía que llevar cinturón de seguridad mientras manejaba. Y me acuerdo que había un gordito vendiendo camisetas en la (avenida) Javier Prado, blancas con una franja negra que iba del hombro izquierdo hasta la cadera, cruzando en diagonal. Obviamente era para que te la pongas y de lejos el "tombo" (policía) no te vea. Eso es para mí un ejemplo de la criollada, esa chispa que puede ser para bien o para mal. Pero a mí como un semi-extranjero siempre me llama la atención.

-¿Y qué ves en Perú que digas: "esto soy yo, con esto me identifico"?

Los amigos, sobre todo, mi familia… Es muy raro. El trabajo de Radio Ambulante me ha hecho sentirme más latinoamericano y menos peruano. Tenemos ya cinco años trabajando en este proyecto, donde en una semana puedo estar editando una crónica de Colombia, Ecuador, México o Cuba.

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Image caption "El trabajo de Radio Ambulante me ha hecho sentirme más latinoamericano y menos peruano", confiesa Alarcón.

Esta semana nomás hemos hecho la historia de una uruguaya viajando por México con centroamericanos. El jueves terminamos una historia sobre una mujer que se lanza a alcaldesa rural para ser primera mujer en este pueblo andino en Perú. La semana pasada era un libro robado en Colombia…

Yo, como parte del equipo editorial, meto la mano en todas las historias y me empapo de los audios, de cómo se habla en Cuba o el norte de México. Tengo contacto con América Latina y eso me ha cambiado la manera de ser.

A propósito de formas de hablar, me contaron que por el hecho de haber emigrado a los tres años a Estados Unidos y haber aprendido español sobre todo de tus padres, sueles usar palabras en desuso en alguna conversación… ¿Cómo es eso?

Yo no sabía obviamente que mi español era anticuado. Pero cuando llegué a Lima en el año 2001, ya grande, solo, y comencé a ir y venir con más frecuencia, mi mundo era la gente de Etiqueta Negra y los periodistas que conocí de esa revista. Y ellos me hicieron entender que mi español era muy anticuado. Básicamente, la jerga que yo tenía era de Arequipa de los años 50. El tono, el ritmo, la entonación, todo eso era de mi papá. Palabras que habían pasado al desuso y que quizá nunca estuvieron de moda en Lima.

-¿Por ejemplo?

Entendiquichu.

-¿Qué es eso?

Mi papá me decía: "Mira jovencito, vas a tu cuarto, a sentarte en tu escritorio y hacer tu tarea. ¿Entendiquichu?". Es una mezcla de "entiendes" pero como si fuera quechua. No es quechua, pero cambias la palabra para que suene como si fuera.

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Image caption El loncco, una mezcla de español y quechua, es típico de Arequipa.

O por ejemplo, si necesitas abrir espacio en el sofá: "¡Ya, arreconchúmense!". Es que en Arequipa hay un lenguaje que se llama loncco, que es una mezcla de español y quechua. Y el arequipeño clásico tiene mucho de loncco. No sé cuántas de estas palabras son loncco o de dónde vienen. Pero mi papá me las decía.

-Vargas Llosa también es de Arequipa. ¿Cuánto influyó en ti como novelista?

Hay ciertas lecturas clave que he tenido. Y algunos libros de Vargas Llosa marcaron una época, un cambio. Por ejemplo, a los 13 o 14 años leí "La tía Julia" en inglés y no entendí nada: no me pareció chistosa, no entendí de qué se trataba. Diez años después la leí en español, cagado de la risa. Aparte de ser brillante en términos estructurales, es una novela cómica de altísimo nivel. Y sentí que si uno puede entender el humor, es como estar un poco más cerca a ser parte de esa cultura.

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Image caption El más ilustre de los arequipeños: Mario Vargas Llosa.

Pero no sólo eso: novelas como La ciudad y los perros o Conversación en La Catedral son para mí imprescindibles.

-¿Es justo comparar la literatura contemporánea con el boom latinoamericano?

Me parece absolutamente irrelevante. El mismo boom es una creación de la crítica. Y pensar en generaciones en literatura hace que sea más fácil clasificar los libros en las librerías, en qué estantes los pones. Pero no tiene relevancia a la hora de crear.

Hay autores de mi generación que yo admiro mucho, pero no escriben como yo, ni yo como ellos. Y aparte de que los admiro y tenemos más o menos la misma edad, no hay mucho más que nos una.

-¿Y qué consejo le darías a un escritor joven, que quiera empezar a escribir ahora?

Es difícil particularmente ahora, porque yo mismo estoy pensando: ¿cuánto vale la pena escribir?

-¿Por qué?

Por el 2016, la verdad.

-Pero cuando el mundo se vuelve más complicado de lo que pensábamos, la literatura puede ser un refugio o un lugar para reflexionar sobre el mundo real…

Sí, de repente no es el momento para reflexionar. De repente es el momento de actuar, de hacer otro tipo de trabajo, más activista. Uno tiene que dudar del poder del lenguaje para llegar. En Estados Unidos este año (en la campaña electoral) hemos tenido dos conversaciones paralelas que no se han cruzado.

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Image caption La campaña electora generá muchas palabras pero poco diálogo en EE.UU.

Lo tengo que pensar bastante. Obviamente también escribo porque lo disfruto. Escribo por algo muy dentro de mí. Eso no cambia con cualquier cosa. Es como jugar fútbol: uno lo hace por el placer de jugar. Escribo porque me gusta jugar con el idioma, el lenguaje, las palabras, escenas, personajes…

-Y no escribes con una finalidad ulterior…

No. Pero quizás la respuesta correcta es decir que uno no debe escribir si no siente eso. Porque no hay una gran razón para escribir. El mundo no necesita de otra novela, ni mía, ni tuya, ni de nadie. Uno escribe una novela porque quiere escribirla.

-¿Qué te estás cuestionando? ¿La utilidad de lo que escribes?

Quizás no lo entiendes porque no lo he explicado bien. Yo enseño en la facultad de periodismo y el periodismo está en crisis porque resulta que hemos estado describiendo en Estados Unidos un mundo que no existe.

Es el mundo donde, según el New York Times, Hillary (Clinton) tiene 93% de chances de ganar las elecciones. Y resulta que eso es falso. Y claro, hay todo este escándalo de noticias falsas, pero en realidad le puedes decir lo mismo al New York Times: si ellos no están describiendo un mundo que tampoco existe.

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Image caption El New York Times estuvo pronosticando la victoria de Clinton hasta el último día.

En mi facultad estamos debatiendo qué hacemos ahora: cómo entrenamos a los jóvenes para contar este mundo en el que la mentira viaja mucho más rápido que la realidad, una realidad que tiene también tiene ciertos filtros que no nos permiten llegar a contar la historia verdadera.

Estaba hablando con un amigo anoche que me decía que no ve la utilidad de hacer periodismo tampoco. ¿Quién te lo va a leer? La gente que ya está de acuerdo contigo…

-Pero puede argumentarse que el periodismo se necesita ahora más que nunca. ¿Quién mejor que un periodista para establecer la diferencia entre los hechos y cosas inventadas?

Sí. Finalmente uno sigue porque la opción es rendirse. Y nadie se va a rendir.

Esta entrevista es parte de la versión digital del Hay Festival Arequipa, un encuentro de escritores y pensadores que se realiza en esa ciudad peruana entre el 8 y 11 de diciembre de 2016.

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