"Los latinoamericanos ya no son el pariente pobre del arte": el peruano Fernando de Szyszlo, figura clave de la pintura abstracta en América Latina

Fernando de Szyszlo Derechos de autor de la imagen Fernando de Szyszlo
Image caption Fernando de Szyszlo, a sus 91 años, sigue pintando a diario.

Cuando el peruano Fernando de Szyszlo llegó a París en 1948, a los 23 años, allí se encontró a toda la vanguardia artística e intelectual de la época.

Él mismo sería parte de ella, durante las interminables sobremesas en el emblemático Café de Flore.

Y a su casa llegarían personajes como el francés André Breton, escritor y fundador del surrealismo, Henri Michaux, el autor belga al que Jorge Luis Borges traduciría al español, o el escritor mexicano Octavio Paz, para escuchar tocar la guitarra de su compatriota, el artista Rufino Tamayo.

Pero esa confraternidad no se traducía a todo el mundo artístico.

"Por aquel entonces los latinoamericanos éramos los parientes pobres del arte", le dice a BBC Mundo De Szyszlo, uno de los más destacados artistas de vanguardia de Perú y una figura clave en el desarrollo del arte abstracto en América Latina.

"Se nos aceptaba en el banquete, pero en una mesa auxiliar", dice el artista, de 91 años.

"Y allí comíamos, aparte, y solo migajas".

Las cosas, sin embargo, han cambiado. Y el artista habló con BBC Mundo de este recorrido, y otros temas, en el marco del Hay Festival Arequipa, que se celebra del 8 al 11 de diciembre en la "ciudad blanca" de Perú.

Motor de cambio

Fue para intentar cambiar aquella realidad que en 1951 de Szyszlo decidió regresar a su país, algo que también hicieron otros.

"Vivir en una ciudad del tercer mundo, agobiada por la miseria pero al mismo tiempo alimentada por la sensación de que eso podría cambiar y que nosotros podríamos participar en ese cambio, ha sido un motor durante toda mi vida", explica.

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Image caption Aunque Fernando de Szyszlo también hizo esculturas, se define como pintor.

Así, "hemos ido abriéndonos camino desde la mitad del siglo pasado", reflexiona el artista.

"En literatura, sin duda. Y en pintura también, aunque la pelea ha sido más dura porque ese lenguaje es más complejo".

Ahora no hay ciudad en la región sin galerías de arte, capital sin feria internacional, ni muestra extranjera sin representantes latinoamericanos, señala el pintor, hijo de un físico y diplomático polaco afincado en Perú, Vitold de Szyszlo, y de María Valdelomar Pinto, hermana del escritor Abraham Valdelomar.

Según De Szyszlo, los artistas que "conquistaron el derecho a usar el lenguaje de la pintura moderna" -tal como él describe a la vanguardia del siglo pasado en la región-, lo hicieron "de la única forma posible: dejando de ser (estéticamente) coloniales y mirando hacia dentro".

Él mismo comulgó con el ejemplo, al rehusarse a "replicar modas europeas" y alejarse del muralismo mexicano para crear su propio estilo, al que sigue siendo fiel hoy.

El suyo es una suerte de expresionismo abstracto que bebe de la filosofía, la ciencia y la literatura, lleno de colores que transportan al paisaje de América Latina y de símbolos que recuerdan a las culturas precolombinas.

"Yo siempre pinté lo mismo", concede quien, aunque incursionó también en escultura, se considera ante todo pintor. "Unas pinturas surrealistas, expresionistas… ya no sé cómo llamarlas".

Tamayo, Rivera, Kahlo

Pero De Szyszlo prefiere mencionar a otros como merecedores del mérito.

Habla por ejemplo del uruguayo Joaquín Torres García, quien fundaría el universalismo constructivo, una de las principales corrientes artísticas de su país.

Y por supuesto de Tamayo, amigo de los tiempos de París, uno de los pintores latinoamericanos más importantes del siglo XX.

El mexicano fue además, junto a sus compatriotas Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros y José Clemente Orozco -integrantes del "grupo de los tres"-, uno de los primeros artistas latinoamericanos que consiguió reconocimiento internacional.

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Image caption "Sandías", del mexicano Rufino Tamayo, se vendió por US$2,16 millones durante una subasta de la casa Christie's el 18 de noviembre en Nueva York.

Y a pesar de que Orozco muriera en 1949, Rivera en 1957 y Siqueiros en 1974, hoy siguen siendo tres de los artistas más cotizados del subcontinente.

No faltaron obras de ellos entre las 194 galerías (18 de América Latina) representadas en esta edición de este año de la feria Art Basel Miami Beach, que se acaba de celebrar en esa ciudad estadounidense, ni tampoco del colombiano Fernando Botero, otro de los pesos pesados del arte de la región.

Otro ejemplo: el 18 de noviembre la casa Christie's llevó a cabo en Nueva York una de sus mayores subastas de arte latinoamericano y recaudó en total US$22,76 millones.

Y la obra más cara resultó ser "Sandías", de Tamayo, una pintura casi abstracta de 1953 y que se vendió por US$2,16 millones.

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Image caption En su mayor subasta hasta la fecha realizada por la casa Christie's no faltaron obras de los artistas latinoamericanos más cotizados, como Rufino Tamayo o Fernando Botero (en la imagen).

La cifra, aunque abultada, queda lejos de los US$8 millones que alcanzó en una subasta de la misma casa en mayo "Dos desnudos en el bosque", un cuadro pintado en 1939 por Frida Kahlo, otra de las artistas latinoamericanas más cotizadas.

O de los US$15,7 millones por el que un empresario compró en mayo de este año "El baile de Tehuantepec", un óleo que la pareja de Kahlo, Diego Rivera, terminó en 1928.

Arte "banal"

Ningún artista contemporáneo latinoamericano, sin embargo, ha logrado subirse a ese "podio".

Y tampoco se ha ganado la estima profesional de De Szyszlo.

"La obra que se hace hoy en día muy banal desde el punto de vista artístico, no comunica nada", dice tajante.

"El arte se ha banalizado, como todo, el amor, el sexo", reflexiona. "Y eso es un reflejo de la sociedad. Es un arte contemplativo en una sociedad contemplativa".

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Image caption Fernando de Szyszlo fue una figura clave de la expansión del arte abstracto en América Latina.

Pero a pesar de sus palabras, De Szyszlo asegura que no es pesimista: "Como decía Gustavo Adolfo Bécquer, podrá no haber poetas pero habrá poesía. Así que puede que no haya artistas, pero habrá arte".

Él, por poner de su parte, sigue pintando a diario.

También escribe columnas de opinión y ensayos, Alfaguara acaba de publicar sus memorias, tituladas "La vida sin dueño", e incluso tuvo tiempo de fundar junto a su amigo Mario Vargas Llosa el partido político Movimiento Libertad en 1987, durante el primer gobierno de Alan García.

Pero todo eso son, según el artista, "pasatiempos". "Yo soy pintor".

Y pintando estaba antes de recibir la llamada de BBC Mundo, tratando de lograr el cuadro que ha perseguido toda la vida.

"¿Pero sabe qué? Me di cuenta que es inalcanzable".

Silencio.

"Por eso digo que el desafío es perseguirlo, y lo que vale es sentir que sigues en la batalla".

Este artículo es parte de la versión digital del Hay Festival Arequipa, un encuentro de escritores y pensadores que se realiza en esa ciudad peruana entre el 8 y 11 de diciembre de 2016.