El Supremo Tribunal Federal de Brasil rechaza el 'habeas corpus' del expresidente Lula da Silva y allana el camino para su entrada en la cárcel

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Image caption Si el juez que lleva la causa pide su arresto, Lula tendrá que seguir el resto del proceso judicial en su contra tras las rejas.

El Supremo Tribunal Federal de Brasil rechazó este miércoles el recurso de 'habeas corpus' del expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, allanando así el camino para que sea enviado a prisión para cumplir su sentencia por corrupción.

La máxima instancia judicial de ese país, por 6 votos a 5, resolvió así rechazar la solicitud del mandatario de permanecer en libertad mientras agota los recursos de que dispone contra su condena a 12 años de prisión.

Con 5 votos a 5, fue la presidenta del tribunal, Cármen Lúcia, la encargada de deshacer el empate. Y lo hizo votando contra la libertad de Lula porque posponer el cumplimiento de la condena "podría llevar a impunidad".

El fallo dividido del STF, por seis magistrados contra cinco, deja a Lula expuesto a un pedido de prisión por el juez de la causa, el que sin embargo tendría que esperar a que el exmandatario agote sus recursos ante el tribunal de segunda instancia que ratificó su condena en enero, lo que pasará la próxima semana.

Los jueces, cuyo debate fue transmitido en directo por televisión, tardaron más de diez horas en tomar su decisión en un caso que ha dividido profundamente a la sociedad brasileña.

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Image caption Los partidarios de Lula celebraban los votos a favor del 'habeas corpus' como si fueran goles.

Partidarios y detractores del exmandatario han realizado manifestaciones en los últimos días en varias ciudades del país a la espera de la decisión del Supremo Tribunal Federal.

Para los conservadores, Lula es la cara de la plaga de corrupción que afecta a la elite política del país.

Para la izquierda, Lula es un héroe cuya presidencia entre 2003 y 2010 sirvió para reducir los niveles de pobreza y es víctima de un sistema judicial que pasa por alto otros escándalos de corrupción, como los señalamientos contra el presidente Michel Temer.

El caso incluso ha dejado dudas acerca del estado de salud de la democracia brasileña después del polémico mensaje del comandante del Ejército urgiendo al ingreso en prisión del expresidente.

"Aseguro a la nación que el Ejército brasileño juzga compartir el anhelo de todos los ciudadanos de bien de repudio a la impunidad y de respeto a la Constitución, a la paz social y a la democracia", escribió en Twitter el general Eduardo Villas Boas.

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Image caption Los detractores de Lula también celebraban los votos de los magistrados del Supremo.

En 2016, el STF había decidido que los condenados deben comenzar a cumplir sus penas una vez que los tribunales de apelación confirmen las sentencias de primera instancia.

De igual modo, investigadores de la llamada Operación Lava Jato (Lavado de Autos), de la cual forma parte el juicio a Lula, han señalado que para la continuidad de las investigaciones es importante que los procesados inicien el cumplimiento de sus penas después de haber sido condenados en segunda instancia.

En enero, los jueces en la corte de apelaciones dijeron que el exmandatario había incumplido la ley al aceptar sobornos por valor de US$1,1 millones de la constructora OAS, una de las empresas implicadas en el escándalo "Lava Jato".

Lula, quien sigue siendo el político más popular de Brasil, aspira a presentarse a las elecciones presidenciales de octubre de 2018.

Sin embargo, tendrá dificultades para hacerlo si se mantiene la condena por corrupción en su contra pues le dejaría inhabilitado para ocupar cargos públicos.

"Corrupción pasiva"

Lula fue condenado por corrupción pasiva y lavado de dinero, tras ser hallado culpable en julio de 2017 de aceptar sobornos por US$1,1 millones de la constructora OAS.

En enero, tras la apelación, el Tribunal Regional Federal de la Cuarta Región ratificó la condena de forma unánime y aumentó la pena hasta los doce años y un mes de prisión.

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Image caption El encarcelamiento de Lula era demandado por sus opositores.

El dinero habría sido utilizado para reformar y amueblar un apartamento de tres pisos de lujo (triplex) en la localidad costera de Guarujá, en el estado de Sao Paulo.

Aunque Lula negó en todo momento ser propietario de ese inmueble que formalmente aparece registrado a nombre de OAS, durante el juicio los fiscales señalaron que "varias pruebas dicen lo contrario", incluidos testimonios de la portería, un síndico y dos ingenieros de OAS.

Este no es el único caso contra el exmandatario. En 2016, los investigadores revelaron que indagaban sobre otra propiedad: una casa de descanso en la localidad de Atibaia, que fue reformada con financiamiento de OAS y la constructora Odebrecht.

Las autoridades también investigan otros pagos relacionados con el Instituto Lula y con empresas que tienen como socios a hijos del expresidente.

Carrera presidencial

Lula llegó al poder en Brasil el 1 de enero de 2003 y abandonó el palacio de Planalto a inicios de 2011, cuando entregó la presidencia a Dilma Rousseff.

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Image caption Con el apoyo de Dilma Rousseff, Lula lanzó oficialmente su candidatura presidencial en enero pasado.

Durante su gobierno, la economía creció y decenas de millones de brasileños ascendieron hacia la clase media, un logro que sus partidarios atribuyen a sus políticas pero que sus adversarios consideran que fue el resultado de un ciclo de altos precios en las materias primas que benefició a Brasil.

En cualquier caso, Lula abandonó la presidencia con una alta popularidad y con una buena imagen internacional gracias a la cual obtuvo numerosos reconocimientos como haber sido nombrado en 2009 "personaje del año" por el periódico francés Le Monde y el español El País, y "protagonista de la década" por el británico Financial Times.

De igual modo, en 2010, la revista estadounidense Time lo seleccionó como la personalidad más influyente del mundo.

En 2016, tras el inicio de los procesos judiciales en su contra, Lula dio muestras de tener intenciones de querer regresar a la primera línea de la lucha política.

"Si quieren derrotarme, van a tener que enfrentarme en las calles de este país", dijo entonces en un mitin.

En enero pasado, Lula ratificó sus aspiraciones presidenciales para los comicios de este año a los que acudirá con el apoyo del Partido de los Trabajadores y siendo, al menos según indican las encuestas hasta ahora, el candidato más popular.

Eso, claro está, si no resulta inhabilitado por los juicios en su contra.

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