Colombia: "Sabía que lo iban a matar, pero no quiso irse", la historia de Temístocles Machado, uno de los cientos de líderes sociales asesinados en ese país

Temístocles Machado Derechos de autor de la imagen Viviana Pineda, CNMH
Image caption Temístocles llegó a Buenaventura con seis años y nunca quiso irse de ahí.

Temístocles Machado fue asesinado en el estacionamiento de vehículos que instaló para mantener a sus 11 hijos, muy cerca del sitio que durante años le sirvió a su padre para alimentarlo a él y a sus ocho hermanos.

Don Temis, como le decían, murió en el pedazo de tierra que él, su papá y su familia ocuparon y defendieron durante más medio siglo.

Tres balazos acabaron con su vida hace seis meses, el 27 de enero de 2018.

Es uno de los cientos de líderes sociales que fueron asesinados en Colombia en los últimos dos años.

Sucedió en la ciudad de Buenaventura, departamento de Valle del Cauca, en la costa oeste de Colombia.

Una población que un día sufre por la violencia armada, al otro le estallan escándalos de corrupción a sus autoridades, en otro se ve rodeada por el poder del narcotráfico y en los demás padece por falta de servicios básicos o salud pública, por solo poner unos ejemplos.

Es como si todos los días la ciudad amaneciera con un problema nuevo, dicen algunos que conocen Buenaventura.

Temis

La hermana mayor de Temístocles Machado, una profesora que prefiere no dar su primer nombre a BBC Mundo, cuenta que a su hermano comenzaron a llamarle Temis porque las chicas de su colegio no podían memorizar su nombre.

"Era muy despierto y le gustaba conversar con mis compañeras de clase, que eran mayores que él, pero a ellas les costaba mucho aprenderse su nombre. Me decían que era muy difícil y por eso un día decidimos comenzar a decirle Temis", recuerda la mujer.

Era consciente de su próxima muerte, por eso estaba sentido y adolorido. Él sabía que iba a morir. Nunca lo había visto así"

María Elena Cortez, activista y socióloga de Buenaventura.

El nombre de Temístocles fue inspirado en el político ateniense que combatió a los persas en el 492 a.C.

Otro de los hermanos de Don Temis lleva el nombre de Magno, en honor al legendario rey y conquistador griego.

"Es que mi padre era un hombre muy lector y por eso muchos de nuestros nombres vienen de sus lecturas", cuenta la hermana mayor.

Temístocles era el cuarto de los nueve hijos que tuvo Juan Evangelista Machado, uno de los primeros líderes en defender los terrenos de los pobladores de Buenaventura.

Derechos de autor de la imagen Getty Images
Image caption El asesinato de Don Temis ocasionó protestas en Buenaventura.

La llegada a Buenaventura

Temis era un niño de seis años (nació en 1958) cuando llegó a una zona semiselvática en uno de los extremos de Buenaventura donde su padre lo llevó para vivir en la década del 60.

La familia Machado, afrodescendiente, había llegado allí desde el departamento vecino del Chocó, también en la costa del Pacífico de Colombia.

Vendieron y regalaron todo lo que tenían para escapar de las masacres que se comenzaban a vivir en la zona.

Ya en su nuevo destino, Juan Evangelista junto a su esposa e hijos instalaron su nuevo hogar y comenzaron a trabajar la tierra donde se asentaron.

Por ello, a la par de sus estudios, Temístocles conoció del cultivo de sandía, yuca o zapallo en la parcela que poseían.

También aprendió algo de pesca y de vez en cuando vendía dulces para ayudar en su casa.

Derechos de autor de la imagen Cortesía Leonard Rentería
Image caption Don Temis nunca quiso abandonar su casa ni su barrio.

Había algo que no podía faltar en el día a día del joven: la música. Dicen que la llevaba en la sangre.

En el último año de la secundaria perdió el curso y tuvo que repetirlo. Logró graduarse 12 meses después.

"Esa época era enamoradizo. Las chicas lo buscaban mucho en la casa y mi mamá tenía que espantarlas. Le parecían muy ofrecidas", recuerda su hermana mayor.

Líderes sociales asesinados en Colombia

  • Las estimaciones de asesinatos de líderes sociales y comunitarios varía según la institución que realiza el seguimiento.
  • Para el Defensor del Pueblo son 326 líderes asesinados desde enero de 2016.
  • El gobierno señala que al menos 178 fueron asesinados entre noviembre de 2016 (inicio de la implementación del proceso de paz con las FARC) y julio de este año.
  • El Centro de Investigación y Educación Popular (Cinep) indicó en mayo pasado que un total de 138 líderes sociales colombianos fueron asesinados en 2017, lo que supone un incremento del 20% con respecto al año anterior.
  • Naciones Unidas registra 261 asesinatos de este tipo entre 2016 y mayo de 2018.
  • Para Indepaz, 128 fueron asesinados entre el 1 de enero y el 5 de julio de 2018.

Isla de la Paz

Juan Evangelista Machado fue el primer líder comunitario del barrio que bautizaron como Isla de la Paz.

Les tomó años de gestiones, pero él y los demás vecinos, llegaron a acuerdos que les permitieron obtener un reconocimiento legal del asentamiento.

Juan Evangelista fue el gran impulsor del logro y el joven Temis fue uno de los testigos privilegiados.

Derechos de autor de la imagen Cortesía María Elena Cortez
Image caption La joven activista María Elena Cortez con Temístocles Machado.

El barrio, instalado en el oriente de Buenaventura, empezó con muchas precariedades.

El agua había que buscarla en cubetas todas las madrugadas, mientras que la mayoría de las casas eran construcciones improvisadas con madera y placas metálicas.

Las calles eran de tierra y, a finales de los 60, todavía faltaba mucho para la llegada de la energía eléctrica.

Pese a todo, los Machado y muchos otros que vivían allí preferirían convivir con todas las dificultades del nuevo hogar antes que con las balas que los expulsaron de sus lugares de origen.

Al menos durante esos primeros años, el lugar sí llegó a ser una "Isla de la Paz".

No duraría mucho.

Las amenazas

"Ojalá que la próxima vez que pasemos por acá ya no te encontremos".

Así le dijeron a Don Temis unos desconocidos que pasaron frente a su casa hace unos años.

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Image caption Ahora el barrio de Don Temis es codiciado por iniciativas comerciales privadas y de expansión portuaria por encontrarse entre la ciudad y el puerto.

Machado para ese entonces, 2015, ya era uno de los líderes sociales más reconocidos de Buenaventura.

Llevaba décadas recibiendo amenazas por sus actividades en defensa de los vecinos de su barrio y de los intereses de la ciudad.

En 2006, después de que mataron a dos líderes sociales en Buenaventura, el gobierno colombiano le asignó un esquema de seguridad que le fue retirado al año siguiente.

La obra más ambiciosa de Machado fue la recopilación de decenas de miles de documentos que acumuló para sustentar que tanto él como sus vecinos eran propietarios de las tierras en las que se habían asentado hace más de medio siglo.

Los acumuló durante 30 años, desde la época en la que su padre era el líder comunitario de Isla de la Paz. Temístocles tomó la posta de Juan Evangelista.

Los folios, ahora digitalizados y conservados por el Centro Nacional de Memoria Histórica de Colombia, también contienen las pruebas de las promesas incumplidas hechas por diferentes autoridades a los vecinos de Buenaventura y las denuncias por las expropiaciones de territorio sufridas en todos estos años.

Para Don Temis, cada documento era un arma para defenderse de los intentos de desalojo que se habían multiplicado en la zona en los últimos años.

Derechos de autor de la imagen Cortesía Leonard Rentería
Image caption Los alrededores del barrio Isla de Paz ahora son frecuentados por vehículos de transporte pesado gracias a la instalación de una carretera.

A raíz de una carretera construida en 2006 que dividió a Isla de Paz en dos, el barrio se convirtió, de la noche a la mañana, en zona estratégica para la actividad comercial y la expansión portuaria pues unía a la ciudad de Buenaventura con el puerto.

De repente aparecieron "antiguos dueños" del barrio, con papeles y todo, que no habían asomado por el lugar durante décadas.

Por eso Don Temis no dudaba en viajar a Bogotá o a donde sea necesario con su montaña de papeles para defender la propiedad de los terrenos.

No se quiso ir

"Irme sería rendirme, olvidar a mi historia y a mi padre", le decía Machado a los jóvenes que lo acompañaban en sus acciones de defensa de los vecinos de Isla de la Paz.

Así lo recuerdan Leonard Rentería y María Elena Cortez, dos miembros de la nueva generación de líderes y activistas de Buenaventura.

Ellos recuerdan que la casa de Don Temis y la cerca que rodeaba al estacionamiento de su propiedad a veces amanecían pintadas de rojo, como una advertencia contra su vida.

Ni siquiera la madre de Temístocles, entre lágrimas, logró convencerlo de que abandonara Isla de la Paz.

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Image caption En más de una oportunidad se detectó actividad del narcotráfico y se decomisaron toneladas de droga en el puerto de Buenaventura.

Machado no era el único que sufría intimidaciones.

Los vecinos de la zona recibían (y reciben) visitas de desconocidos que les ofrecen cantidades de dinero a cambio de vender sus parcelas.

Temístocles denunció en más de una oportunidad que algunas de las casas de sus vecinos fueron invadidas o que se intentó derribarlas con maquinaria pesada.

En el momento de su asesinato, Don Temis se encontraba en una disputa legal con uno de los presuntos dueños de Isla de la Paz, quien asegura que su abuela le cedió esos terrenos hace décadas.

Machado era uno de los grandes promotores de la plataforma Paro Cívico que, en mayo de 2017, paralizó el puerto de Buenaventura y logró que el gobierno accediera a una millonaria inversión en la zona en proyectos de educación, salud, servicios básicos y agricultura.

Compromisos asumidos que, por ahora, tienen un avance lento según los vecinos de la región.

La maldición de la tierra

"Nuestras tierras hoy representan violencia y representan muerte porque nos las quieren quitar. Esas tierras le costaron la vida a Don Temis", afirma Leonard Rentería.

El joven, quien también recibió amenazas en los últimos años y tuvo que recibir seguridad, explica así la paradoja que se vive en su ciudad.

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Image caption Pobladores de Buenaventura protagonizaron un paro cívico de varios días en mayo de 2017.

Hace más de 60 años el asentamiento Isla de la Paz significó esperanza para comunidades afrodescendientes e indígenas que llegaron allí escapando de la violencia armada.

Hoy el solo hecho de estar allí es una amenaza latente ante la avanzada de intereses legales e ilegales que rodean la zona.

"No les interesamos nosotros, les interesan nuestras tierras. Don Temis se dio cuenta de eso", indica Rentería.

El joven recuerda que pese a que la tierra "tuviera olor a muerte", Machado jamás perdió el optimismo y el buen humor.

Rememora que después de las tomas de calles y protestas, a su amigo le gustaba comer un buen plato de pescado o mariscos con música alegre de fondo.

"Hay una canción que se llama 'Zapateando y coqueteando' que escuchábamos juntos porque reivindica los derechos de los negros", concluye.

La llamada perdida

María Elena Cortez todavía tenía la notificación de la llamada que no le pudo contestar a Don Temis en su celular cuando le avisaron que había sido asesinado ese sábado a fines de enero.

La joven no lo podía creer porque tenían una reunión horas más tarde, pero le dijeron que su cuerpo estaba derrumbado en el piso del parqueo de autos.

Dos disparos en el torso y uno en la cabeza acabaron con la vida del líder social.

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Image caption Buenaventura denunció en su paro precariedades en el acceso a servicios y dificultades en el sistema de salud.

Su muerte todavía no fue esclarecida, a pesar de que en marzo se detuvo a tres personas presuntamente involucradas en su asesinato.

Pese a la condena ante lo sucedido de parte de entidades como Naciones Unidas, en su momento autoridades colombianas señalaron que su muerte se debió a "problemas personales".

María Elena, quien ahora es socióloga, conoció a Don Temis cuando ella tenía ocho años, en la época en la que iba a su casa a pedirle agua en una cubeta.

Por eso le resultó tan difícil asimilar que el amigo que la vio crecer estaba muerto.

Cortez recuerda que tras una entrevista en noviembre del año pasado lo vio distinto, como si ya supiera que el final estaba cerca.

"Él nos dijo que irse de su casa y del barrio sería un mal ejemplo para los jóvenes y que iba a enfrentar las amenazas hasta el final. Era consciente de su próxima muerte, por eso estaba sentido y adolorido. Él sabía que iba a morir, pero no quiso irse. Nunca lo había visto así", concluyó.

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