Caravana de migrantes: "Me fui sin decirle nada a mi mamá"

Nahín sentada en un dormitorio con su saco de dormir. Derechos de autor de la imagen Encarni Pindado
Image caption Nahín dejó Honduras para ayudar económicamente a su mamá.

"No quería despedirme de ella", dice *Nahín para explicar por qué ocultó a su madre Marta su decisión de abandonar Honduras para irse a Estados Unidos.

Sentada en sobre la cama de la pequeña choza que le sirve de hogar, esta joven de 17 años recuerda aquel día de octubre del año pasado en el que dejó su ciudad natal, San Pedro de Sula.

Para Nahín, fue una decisión espontánea. "Estaba en la casa de un amigo que conozco de la iglesia cuando mi prima me envió un mensaje", cuenta.

"Mira, se va una caravana, ¿por qué no te unes a ella? Te pago lo que cuesta el boleto de autobús", le escribió su prima Sofía.

Fue así como la alentó a que se uniera al grupo de más de mil migrantes que estaba a punto de emprender su camino hacia Estados Unidos.

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¿De qué huyen los hondureños que quieren llegar a Estados Unidos?

Al principio, Nahín no estaba del todo segura sobre el plan de su prima, pero lo cierto es que llevaba dos años teniendo problemas para hacer frente a las cuotas del colegio donde estudiaba.

En Honduras, la educación primaria es gratuita, pero el curso de secundaria en informática en el que Nahín estaba inscrita era demasiado caro. Estaba fuera de sus posibilidades.

"Es tu oportunidad"

"Para poder permitirme ir al curso los sábados y domingos, tenía que trabajar toda la semana en el puesto de comida que tiene mi tía", dijo.

"Terminé dejándolo, era demasiado difícil hacer las dos cosas".

Y fue entonces cuando su prima vino con la idea de la caravana.

"Esta es tu oportunidad para ayudar a tu madre", insistió Sofía, que le contó que había escuchado que había gente que ayudaba a las personas de la caravana dándoles comida y llevándolas una parte del recorrido.

Sofía y Nahín se abrazan en la choza en la que viven. Derechos de autor de la imagen Encarni Pindado
Image caption Nahín y su prima Sofía son "como hermanas".

Nahín estaba dispuesta a ayudar a su madre, que apenas podía llegar a fin de mes con su trabajo cuidando a unos niños cuyos padres trabajan largas jornadas en una planta local de ensamblaje.

La oferta de Sofía de pagarle el boleto de autobús que la llevaría hasta la terminal donde 1.200 personas emprenderían una caminata de meses hacia territorio estadounidense hizo que Nahín se decidiera.

Ni siquiera pasó por su casa, se fue con la ropa que llevaba puesta en ese momento.

"Lloré todo el camino"

"No quería que mi madre me convenciera de no ir. Me habría dicho: 'No te vayas, es demasiado peligroso'. Así que decidí no decirle nada en absoluto".

"Lloré todo el camino hasta que llegué a la terminal de autobuses", recuerda la joven.

Pero no viajó sola, sino que se fue con dos de los hermanos de Sofía, de 14 y 23 años, y su medio hermano, de 23.

Durante los primeros tres días que Nahín no pasó por casa, su madre Marta, que no tiene teléfono, pensó que se habría quedado en casa de su tía.

Fue solo cuando la hermana le contó lo que habían hecho sus hijos y sobre la caravana que se dio cuenta del viaje en el que se había embarcado su hija.

Marta llorando en su casa. Derechos de autor de la imagen Encarni Pindado
Image caption Marta no sabía que su hija se había ido hasta que su hermana se lo contó.

"Veía las noticias todas las noches tratando de ver si podía encontrarla", dice la mujer de 46 años. "Y no era solo ella, mi hijo también se fue".

Asegura que rezó por su seguridad, consciente de los peligros que enfrentan los migrantes en su camino hacia el norte.

"Debería ser al revés, debería ser yo quien les sustente, pero no puedo", se compadece, intentando sin éxito contener las lágrimas.

Aunque Nahín contaba con la compañía de sus parientes, reconoce que no estaba preparada para lo que le esperaba en el camino.

"Dormir en la calle y comer cosas que nunca había comido antes, tenía miedo".

Nahín tiene la presión arterial baja y el calor y la falta de alimentos hicieron que se desmayase varias veces durante el viaje.

"Mis primos tuvieron que llevarme al hospital y nos quedamos rezagados. Tuvimos que hacer un esfuerzo para alcanzar la caravana", rememora.

No hay nada como el hogar

"Ahí fue cuando empecé a pensar que no había un lugar donde me sintiera mejor que en casa con mi madre", admite.

Las cosas empeoraron cuando ella y sus primos llegaron a la Ciudad de México. Su hermano, con quien, según ella, no había estado nunca muy unida, la había abandonado para seguir su camino hacia Estados Unidos sin ella.

Mapa del recorrido que hizo Nahín desde Honduras hasta México.
Image caption La ruta que recorrió la joven desde su ciudad natal, San Pedro Sula, hasta Guadalajara, en México.

Durante un tiempo, el grupo de tres había logrado tener una buena convivencia.

Nahín dice que no le gustaba mendigar, pero un día lo hizo y con el poco dinero que consiguió logró comprar un paquete de cigarrillos.

Ella y sus primos revendieron los cigarrillos de forma individual a su compañeros de la caravana y, con las ganancias, compraron una caja entera de cigarros, con varios paquetes.

Nahín en el centro deportivo de Ciudad de México que sirvió de refugio a los migrantes. Derechos de autor de la imagen Encarni Pindado
Image caption Nahín y sus primos lograron mantenerse gracias a vender cigarrillos a otros migrantes de la caravana.

Para cuando llegaron a Ciudad de México tenían ya una "torre de cajas de todo tipo de marcas".

"Con el dinero que ganamos, podíamos comprar cosas básicas como ropa interior y toallas higiénicas", relata. "Y también podíamos comprar algo más de comida".

Pero mientras descansaba en el centro deportivo de Ciudad de México, que sirvió para albergar a la caravana de migrantes, algo ocurrió.

"Se desató una pelea entre algunos de los migrantes a nuestro lado. Hubo golpes y hasta sangre. Me desmayé", asegura Nahín.

Dejó caer el celular que su prima había logrado comprarle dos días antes.

La vuelta

Perder el teléfono, que le había permitido hablar con su prima y su tía por primera vez en más de tres semanas, fue un golpe duro.

Nahín en el centro deportivo de Ciudad de México que sirvió de refugio a los migrantes. Derechos de autor de la imagen Encarni Pindado
Image caption Fue durante su estancia en el centro deportivo de Ciudad de México que Nahín decidió que debía regresar a Honduras.

Desesperada por dejar el centro deportivo de Ciudad de México y con sus primos alentándola para que continuase, la joven viajó otros 550 km hasta la ciudad de Guadalajara.

Esa parte del viaje la hizo casi toda prendida a la parte superior de un camión de carga.

"Tenías que aguantarte las ganas de ir al baño y lo pasé realmente mal con el calor y el viento", cuenta sobre ese tramo del viaje que duró cuatro días.

Cuando llegó a Guadalajara, dice, ya había decidido que quería volver.

Se acercó a los funcionarios que trabajan para el Sistema Nacional de Desarrollo Integral de la Familia (DIF) de México, una institución que vela por el bienestar de los menores.

Son estos agentes los encargados de ofrecer a los jóvenes que viajaban en la caravana la posibilidad de regresarlos a casa.

Pero la vuelta no fue tan rápida como Nahínesperaba.

Nahín en la pequeña choza en la que vive en San Pedro Sula. Derechos de autor de la imagen Encarni Pindado
Image caption Nahín, con 17 años, ya sabe que la caravana no es algo que vaya a intentar de nuevo.

Los agentes del DIF tardaron un mes en enviarla de regreso a su ciudad natal, un mes que ella dice que sintió "como una sentencia de prisión" porque se encontraba en un centro donde no se le ofreció la oportunidad de llamar a casa.

"La mujer que lo dirigía dijo que posiblemente no podrían pagar las llamadas a Honduras y que el departamento de migración (mexicano) tendría que enviarles fondos para que yo pudiera llamar a casa", recuerda.

"Lloraba todos los días, me sentía tan sola".

Finalmente, después de un mes, los funcionarios del DIF vinieron a recogerla y la pusieron en un avión rumbo a casa.

Buscando trabajo

El momento en el que vio a su madre por primera vez después de dos meses fue realmente emotivo.

Nahín asegura que su aventura le ha quitado las ideas de volver a intentarlo de nuevo.

"Creo que Dios me dio la oportunidad de volver a casa a salvo para que no vuelva a meterme en la boca del lobo", reflexiona.

Nahín fuera de su casa en San Pedro Sula. Derechos de autor de la imagen Encarni Pindado
Image caption Nahín asegura que no se arriesgará a unirse a otra caravana.

Sus dos primos regresaron apenas dos días después que ella y también se encuentran a salvo en San Pedro Sula.

Su hermanastro está trabajando en México pero, según Marta, "no está bien".

Nahín sabe del caso de un solo niño de la caravana que ha llegado a Estados Unidos, pero no tiene idea de cómo cruzó la frontera o cómo le va.

Ella ahora lo que quiere es encontrar un trabajo que le pague lo suficiente para poder retomar sus estudios de informática.

Hasta ahora no ha tenido suerte.

"Me levanto a las 4:30 cada mañana para ir a las tiendas a ver si alguien me contrata", dice.

Mientras busca trabajo, a Nahín se le han acercado en multitud de ocasiones distintos hombres que le ofrecen dinero "a cambio de hacer cosas con ellos", dice, pero está decidida a buscar lo que ella llama un "trabajo decente".

"Sé que lo que proponen esos hombres me haría daño y arruinaría mi futuro", dice.

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*Los nombres de las personas en esta historia han sido cambiados por petición de la familia.

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