Crisis de Venezuela: el temor y la incertidumbre que se vive en la frontera del país con Colombia poco antes del "ultimátum" de Guaidó

Foto en la frontera entre Colombia y Venezuela. Derechos de autor de la imagen Reuters
Image caption La frontera entre Colombia y Venezuela es un punto clave este fin de semana en la crisis política venezolana. (Foto desde el lado colombiano).

La frontera entre Venezuela y Colombia es una de las más porosas y peligrosas del mundo.

Y este viernes no se habla de otra cosa en ella: la ayuda humanitaria.

Faltan menos de 24 horas para el intento de que la comida y las medicinas que Estados Unidos y otros países aliados del "presidente encargado" Juan Guaidó han ido almacenando en Cúcuta, en el lado colombiano, cruce el límite entre los dos países.

La tensión y la incertidumbre suben a medida que avanza el día.

"Pero, ¿qué pasará?". Es la pregunta que se repite en San Antonio de Táchira, Ureña y otras localidades fronterizas.

El presidente Nicolás Maduro ha anunciado que el ejército defenderá las fronteras de Venezuela frente a lo que considera "un pretexto para justificar una intervención extranjera" y muchos aquí temen que el sábado, día del "ultimátum" de Guaidó para la entrada de ayuda, se produzca un estallido de violencia.

En San Antonio de Táchira, uno de los cruces fronterizos más concurridos, el clima de excepción se percibe ya en su viejo aeropuerto.

Cerrado durante años, hoy recibe vuelos y en los alrededores se concentran centenares de efectivos de la Guardia Nacional y vehículos pesados de este cuerpo militar.

Punto de tensión

La crisis política en Venezuela fue en creciente escalada desde que Juan Guaidó, el presidente de la Asamblea Nacional, órgano legislativo controlado por la oposición, se declarara presidente interino del país el pasado 23 de enero.

Guaidó alega que las elecciones de 2018 no fueron limpias y que, como "Maduro es un usurpador", la Constitución establece que él debe asumir el cargo de manera interina.

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Image caption Juan Guaidó promete que la ayuda humanitaria sí entrará a Venezuela.

El presidente de la Asamblea cuenta con el apoyo de Estados Unidos, casi toda la Unión Europea y la mayoría de países de América Latina.

Maduro, por su parte, conserva el apoyo de China, Rusia, Cuba y Bolivia, entre otros.

El pulso entre ambos se libra a estas horas en este remoto confín del mundo, en el que una gran parte de la población vive del contrabando y de la venta ambulante.

Es el caso de William, un hombre flaco y de piel oscura que, a sus 66 años, se gana la vida vendiendo cigarrillos sueltos y alquilando teléfonos móviles en el acceso al puente internacional Simón Bolívar.

Mientras otea la cercana Colombia, hacia la que camina la mayoría, William nos da su opinión.

"Maduro es un criminal que ha administrado muy mal al país".

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Image caption William vende cigarrillos y alquila teléfonos móviles en el acceso al puente internacional Simón Bolívar, y teme que Maduro cierre la frontera.

Para él, el socialismo es la causa de los problemas de Venezuela.

Lo que más teme es que, como ha insinuado, Maduro cierre la frontera. Eso afectaría gravemente al negocio que improvisa a diario sobre un taburete de plástico que le acompaña a todas partes.

"Mentiras"

A pocos metros de allí hay una sucursal bancaria en la que, como en casi todas las del país, decenas de jubilados aguardan pacientemente a que se les abone su pensión.

Allí la opinión es distinta.

"Este gobierno le ha dado beneficios a toda esta gente", afirma Rosa Martínez, mientras señala con el dedo a los pensionistas de la fila.

A ellos no les gusta que les tomen fotos y se enojan con el periodista que lo hace.

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Image caption Nicolás Maduro dice que la ayuda humanitaria es un "show de la oposición".

"Vagabundos, vayan a contar mentiras a otra parte", increpan al reportero sin abandonar su puesto en la cola.

Rosa ve las cosas de modo diferente a William:

"Estados Unidos tiene que que respetarnos y levantarnos el bloqueo. ¿Usted se imagina que yo me metiera en su casa y empezara a mandar allí? Eso es lo que Estados Unidos quiere hacer con Venezuela".

Escasez de gasolina

Recorrer el estado fronterizo de Táchira es hoy todo un desafío.

Pese a que Venezuela es uno de los países con más petróleo del mundo, aquí es casi imposible conseguir gasolina.

El contrabando masivo de combustible venezolano, uno de los más lucrativos negocios transfronterizos, ha dejado el suministro legal bajo mínimos y explica las colas kilométricas de vehículos junto a las estaciones de servicio.

Hay conductores que esperan desde el día anterior para llenar el tanque.

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Image caption La tensión y la incertidumbre aumenta a medida que avanza el día.

Jesús Velasco es taxista y a diario tiene que hacer milagros para hacer circular su carro.

Según él, esta es una de las pruebas de que "el gobierno de Maduro no sirve para nada".

Pide un cambio, aunque tampoco está satisfecho con la gestión de los políticos opositores.

Vive en San Cristóbal, ciudad a una hora de la frontera con Colombia en la que se acumulan montañas de basura.

"El alcalde y la gobernadora del Estado Táchira se echan la culpa el uno al otro y esto está vuelto nada", cuenta mientras sortea baches al volante de su taxi.

El alcalde y la gobernadora son ambos de la oposición.

El puente de Tienditas

Pero aquí no es la gasolina el único inconveniente.

Para viajar de San Cristóbal a San Antonio hay dos caminos posibles, pero Jesús prefiere viajar por la carretera que pasa por el municipio de Capacho-Independencia.

"Hay otra que pasa por Rubio, pero está muy mal asfaltada y cuando uno reduce la velocidad los malandros aprovechan para caerle encima", explica.

Pese a todo, Jesús es capaz de llegar en muy poco tiempo, a Ureña.

Allí está el puente de Tienditas, donde el chavismo organiza el concierto con el que pretende contestar al celebrado en Cúcuta, Colombia, en el que actúan numerosas estrellas internacionales que piden la entrada de la ayuda humanitaria y un cambio político en Venezuela.

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Image caption El puente de Tienditas es el punto del "duelo de conciertos" entre los seguidores de Maduro y Guaidó.

En Ureña está Yaneth, que regenta un negocio de fotocopias en el que su familia pasa el rato y se defiende del calor.

Yaneth tiene una de las pocas conexiones a internet decentes en la zona y no duda en echarle una mano al periodista en apuros que busca la manera de hacer llegar sus fotos a una redacción que queda muy, muy lejos de aquí.

No solo cede su ordenador y su red, sino que le prepara una arepa con queso al desconocido.

Image caption Yaneth recoge del suelo los billetes inservibles con los que ha estado jugando su nieto.

Lo único que pide a cambio son noticias.

"¿Y qué ocurrirá mañana?", pregunta.

No hay respuestas para ella, no aún.

Tampoco las tiene Juan Mateo, el pequeño de 1 año que se divierte desperdigando un montón de viejos billetes de bolívares por el suelo.

A causa de la hiperinflación, ya no valen nada más que como juguete de Juan Mateo.

Voluntarios

Desde el lugar de Yaneth se puede llegar en pocos minutos a pie a Colombia.

El tránsito de vehículos está prohibido pero la frontera está abierta para la multitud de caminantes que arrastra sus bultos y enseres bajo el sol tachirense.

Es una de las rutas habituales de buhoneros, contrabandistas y empleados que viven en Venezuela pero trabajan en Colombia.

También para muchos de los que emigran ante el deterioro de las condiciones de vida.

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Image caption Muchos venezolanos que trabajan en Colombia cruzan todos los días la frontera.

Pero hoy hay también voluntarios seguidores de la oposición que están decididos a que mañana la ayuda pase, "sí o sí".

Es el caso de Ana María Díaz, abogada de Caracas que durmió en el aeropuerto de Maiquetía para hacerse con una plaza en uno de los pocos vuelos que estos días conectan la capital venezolana con Táchira.

"Estoy aquí por respeto a mí país y a todo el esfuerzo que se está haciendo", dice.

A la pregunta de si la ayuda pasará o no, responde su acompañante, un joven colombiano al que conoció durante su viaje.

"¿Ve esos guardias nacionales que hay ahí? Entonces se habrá fijado también en la trocha que hay al lado", indica.

Los guardias venezolanos miran para otro lado.

Quizá no le hayan oído. O quizá no hayan querido oírle.

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