40 aniversario del triunfo de la Revolución Sandinista: cómo ven los jóvenes de Nicaragua la rebelión armada que llevó a Ortega al poder

Revolución sandinista. Derechos de autor de la imagen Getty Images
Image caption Hace 40 años triunfó la Revolución Sandinista que sacó del poder a Anastasio Somoza Debayle.

Cuarenta años después del triunfo de la Revolución que puso fin a la dinastía somocista, por las calles de Managua se ven pintas que dicen: "Ortega y Somoza son la misma cosa".

Y, en un país donde está prohibido protestar, alguien de pronto se atreve a gritarlo como una consigna.

Han pasado cuatro décadas, pero Daniel Ortega sigue siendo la figura predominante del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), la organización que en julio de 1979 derrocó por las armas a Anastasio Somoza Debayle, el último de una dinastía familiar que gobernó a Nicaragua por casi 42 años.

Y, desde hace 12 años, Ortega también es el presidente del país centroamericano cuyos destinos rigió por primera vez entre 1979 y 1990.

Pero, ¿qué piensan los jóvenes nicaragüenses de Daniel Ortega, el sandinismo y la Revolución cuyo 40 aniversario se conmemora este 19 de julio?

BBC Mundo se lo preguntó a Fernando Sánchez, Ana Siu y Jennifer Alonso, tres veinteañeros que crecieron en entornos muy distintos pero accedieron a compartir su mirada sobre aquel proceso y sobre la crisis sociopolítica que inició el 18 de abril de 2018 y ha atizado las comparaciones entre Ortega y Somoza.

"Para mí fue difícil dejar esa idea de la revolución"

Los recuerdos de la infancia de Ana Siu, de 25 años, tienen las melodías de las canciones del cantautor nicaragüense Carlos Mejía Godoy.

En su casa lo escuchaban siempre, especialmente las canciones que le dedicaba a la Revolución, a Carlos Fonseca -fundador del FSLN- y también a su tía Arlen Siú, una guerrillera sandinista que murió en combate en 1975.

Image caption "Escuchaba a mis abuelos hablar de su hija, obviamente de una forma hermosa, que entregó su vida por el país y toda la gesta heroica que eso representaba".

Desde muy niña se sabía la historia de la Revolución de principio a fin.

"Escuchaba a mis abuelos hablar de su hija, obviamente de una forma hermosa, que entregó su vida por el país y toda la gesta heroica que eso representaba", cuenta.

Todas, dice, eran historias de heroísmo.

Con los años, Siu se decepcionó. En 2011, cuando entró a la universidad a estudiar Comunicación Social todo lo que le habían contado en su familia ya no parecía tan bonito.

"Se transformó toda esta idea romántica que tenía en mi cabeza", le dice a BBC Mundo.

Daniel Ortega presidente de Nicaragua
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Para mí fue muy difícil dejar esa idea de la revolución, pero ya no pensaba que la revolución era de ellos"
Ana Siu

Una de las primeras cosas que la hizo reflexionar fue conocer la historia de Zoilamérica Narváez, la hijastra de Daniel Ortega que lo ha acusado de violación y abuso sexual.

"Me habían contado todas esas historias lindas, pero no sabía de las demás y ya no hacía concordancia el sandinismo y mis valores".

"Para mí fue muy difícil dejar esa idea de la Revolución, pero ya no pensaba que la Revolución era de ellos", afirma, refiriéndose a Ortega, quien había regresado al poder en 2006.

Del sandinismo de los años ochenta, dice Siu, había muchas ideas que le parecían admirables: la alfabetización, la reforma agraria, la participación de las mujeres.

"Las ideas individuales y colectivas de ciertos grupos eran válidas, pero sí creo que esta gente que está ahorita sí estaban pensando ya en controlar el país", dice.

"No creo que hayan sido inocentes y que el poder los corrompió. Creo que desde el principio se aprovecharon de una lucha donde entregaron sus vidas, gente que no tuvo ni una migaja del pastel", asegura Siu.

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Image caption Las protestas se han mantenido durante los últimos meses especialmente en Nicaragua.

Desde el pasado septiembre Siu vive en Ciudad de México. Salió de Nicaragua, primero de vacaciones y luego decidió quedarse en busca de mejores oportunidades. Además sentía inseguridad de volver por haber participado en las protestas en contra del gobierno.

Hubo un tiempo, en sus años de universitaria que Siu se reconocía como sandinista, pero ya no.

"Pensé que mis valores venían de la revolución sandinista, pero con el tiempo, me di cuenta que no soy sandinista porque simplemente el sandinismo ya no existe. Lo que vos creías que era ya está muerto y no hay forma de revivirlo", concluye.

"Me enorgullezco de ser sandinista"

Jennifer Alonso, de 24 años, creció yendo cada 19 de julio a la Plaza de la Revolución en Managua.

Iba en familia, con su pañoleta roja y negra, a celebrar el triunfo del sandinismo y a escuchar los discursos de Daniel Ortega. Todavía lo sigue haciendo.

"Yo me enorgullezco de ser sandinista. Me gusta el ideal, la lucha por la causa, me gusta que seamos patriotas, esa es la base del sandinismo, el patriotismo", dice.

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Image caption Jennifer Alonso señala que apoya al gobierno sandinista que encabeza Daniel Ortega.

Quien le enseñó a querer la Revolución y el sandinismo fue su abuela materna y una tía, con quienes se crió.

"Mi familia me contaba cómo se sufría una represión, que de pronto escuchabas una balacera y eran ellos (somocistas), mataban a la gente. A mí me enseñaron que en ese tiempo no había opción porque la Guardia Nacional dirigida por Somoza siempre andaba buscando a los jóvenes. Mi familia fue víctima de ataques directos que nunca van a superar", cuenta.

Desde niña se involucró en el Frente Sandinista. Ha sido miembro de la Juventud Sandinista, también del Consejo de Liderazgo Sandinista de su barrio y del Movimiento Ambientalista Guardabarranco.

Gracias al triunfo del FSLN, asegura, es que ha tenido oportunidades.

"A mí me contaban que en aquellos tiempos (del somocismo) no había oportunidades de trabajo, yo comencé a trabajar desde los 17 años", dice Alonso, que estudia cuarto año de la carrera de Comercio Internacional y trabaja en el Hospital de la Policía como jefa de suministros no médicos.

Y no solo eso, insiste. "Ahora tenemos espacios para llevar a nuestros hijos a parques, que son lugares geniales. Yo nunca jugué en un lugar así. Tenemos acceso a educación, a salud. Cuando yo era niña mi tía tenía que pagar para que yo estudiara en un colegio público".

Daniel Ortega, presidente de Nicaragua
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La misma oposición fabricó sus muertos para poder tener aceptación popular"
Jennifer Alonso

El sandinismo, considera Alonso, no puede entenderse sin la figura de Daniel Ortega, líder histórico del FSLN. Lo asegura porque tras el estallido de la crisis sociopolítica hay quienes dicen que el sandinismo no es igual que el orteguismo.

"No podés decir que sos sandinista y no sos orteguista, no se puede porque Daniel Ortega ha sido durante 40 años el máximo líder, el que ha dado la cara, el que ha sido constante. No podés dejar de hablar de Daniel al hablar de sandinismo", explica.

En el último año, Ortega ha sido duramente criticado a nivel nacional e internacional. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) ha asegurado que desde el 18 de abril de 2018 cuando iniciaron las protestas en su contra han sido asesinados más de 300 nicaragüenses por la represión estatal.

Y el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) convocado por la CIDH concluyó el pasado diciembre que durante las protestas su gobierno cometió "crímenes de lesa humanidad".

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Image caption En los últimos meses se han presentado serias movilizaciones exigiendo la salida de Daniel Ortega del poder en Nicaragua.

A pesar de esto, Alonso sigue creyendo en Ortega como líder y también en el sandinismo.

-¿Creés que hubo algo que el Frente Sandinista hizo mal de abril de 2018 para acá?

-Lo malo fue dejar que las cosas trascendieran tanto. Se les dio la oportunidad de expresarse y se aprovecharon. No creo que sea culpa del sandinismo.

-Expresarse es un derecho. ¿No debería tener cada quien derecho a expresarse como desee?

-No. No como quieran porque no voy a venir a expresarme y a estar atacando a la gente. Una cosa es expresarse pacíficamente y otra es crear el desorden.

-¿No creés en nada de lo que se ha dicho en contra de Ortega desde abril?

-No.

-¿Y los muertos?

-Obvio hay muertos, pero no creo que haya sido ni la Policía, ni la Juventud Sandinista.

-¿Y quién fue?

-Ellos mismos, la misma oposición fabricó sus muertos para poder tener aceptación popular, es así como levantaron masas, todo eso está documentado, ellos mismos grababan sus atrocidades. Los jóvenes fueron los tontos útiles que utilizó la oposición.

"Para mí el sandinismo es un engaño"

En noviembre de 2006, cuando Daniel Ortega ganó las elecciones presidenciales en la casa de Fernando Sánchez su madre lloraba. Él tenía 8 años y no terminaba de entender bien qué era lo que pasaba.

Después de 16 años y de haber sido derrotado en tres elecciones consecutivas, Ortega regresaba al poder. Asumiría la presidencia en 2007.

Image caption Fernando Sánchez se ha opuesto al gobierno de Daniel Ortega.

Para su familia, cuenta Sánchez, su regreso era volver a los años 80, a los años de una guerra que dejó en Nicaragua más de 30.000 muertos.

Era revivir las escenas que desde niño le contaron: jóvenes que huían del servicio militar obligatorio, camiones llenos de muertos, largas filas para conseguir alimentos, familias divididas por el exilio…

A Sánchez le parecía ficción, pero ahora, con 21 años y exiliado en Estados Unidos por haber protestado en contra del gobierno y participar en la mesa de diálogo, dice que lo entiende perfectamente.

Un hombre con una vela en medio de una protesta en Nicaragua.
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El sandinismo para mí es un engaño. Fue una manipulación a las masas sociales que estaban cansadas de un mismo sistema. Fue aprovecharse del dolor de todas las personas"
Fernando Sánchez

"En mi familia se dijeron muchas cosas que iban a pasar de las que han pasado en la Nicaragua reprimida, asesinada y secuestrada", le dice a BBC Mundo.

Sánchez nunca ha creído en el sandinismo, ni antes ni ahora. "El sandinismo para mí es un engaño. Fue una manipulación a las masas sociales que estaban cansadas de un mismo sistema. Fue aprovecharse del dolor y de la necesidad de todas las personas", explica.

"Fue buscar la forma de entregar las vidas, de derramar sangre para vender algo que ellos sabían en el fondo que no iba a suceder porque ellos lo que querían era tomar el lugar de Somoza y todas sus estructuras represoras. Fue una campaña hipócrita manipuladora que dejó a Nicaragua sangrando y que hoy sigue causando estragos", afirma.

Derechos de autor de la imagen Wally McNamee
Image caption Daniel Ortega durante su primer mandato presidencial.

Ese sandinismo, que hace 40 años puso fin a la dictadura somocista, asegura, es el mismo que lo sacó de su propio país el año pasado.

"Destruyeron familias, asesinaron a jóvenes, me quitaron la oportunidad de estar en los últimos momentos de mi abuelito que era como mi papá, me han hecho vivir experiencias crudas y duras en un exilio que nunca pensé que podría darse en mi vida. Me han hecho tener crisis de estrés, de ansiedad, me han hecho migrar bajo condiciones inhumanas", describe.

Cómo se vive en el exilio ya se lo había contado su madre, quien en los años ochenta se refugió en Estados Unidos por la violencia que vivía Nicaragua y el desabastecimiento.

Regresó al país en 1990 cuando el triunfo de Violeta Barrios de Chamorro.

Justamente por eso es que hace 13 años lloraba cuando Ortega ganó las elecciones. Tenía miedo de volver a tener que separarse de su país y de los suyos. Y no se equivocó.

La madre de Sánchez vive su segundo exilio, solo que ahora lo hace con su hijo.

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