Por qué se dice que Colombia es el "Tíbet de Sudamérica" y un "país parroquial" (y qué ha cambiado en los últimos años)

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Image caption En la última década Colombia multiplicó por seis la cantidad de turistas que recibe.

A mediados de los 70, el entonces presidente Alfonso López Michelsen pronunció la frase "Colombia es el Tíbet de Sudamérica" como metáfora de un país cerrado a los avances tecnológicos, a la apertura económica y a la integración regional.

Pese a que, como señalan los expertos entrevistados para este artículo, esa nación de hace más de 40 años dista mucho de la actual, la sentencia de López Michelsen permanece como si fuera una especie de eco en diferentes aspectos de la vida del colombiano.

También en sus instituciones y, sobre todo, en su política exterior. De ahí que persista el provocador calificativo de "país parroquial".

Aunque, destacan los consultados, la era de las comunicaciones virtuales y otras situaciones particulares de Colombia han hecho que en la última década se produzcan avances significativos al respecto.

Este 20 de julio el país celebra 209 años de su declaración de independencia y está a puertas del bicentenario de la batalla que selló su libertad en Boyacá.

Tal vez ahora ya no se le pueda llamar el Tíbet de Sudamérica, pero mucho de ese periodo aún está presente, analiza la politóloga Sandra Borda, autora del recién publicado libro "¿Por qué somos tan parroquiales?" y quien conversó con BBC Mundo sobre el tema.

Lo parroquial...

Borda describe a lo parroquial en Colombia como un país que construye su identidad y se explica el mundo mirando solo hasta las montañas que rodean a Bogotá y no más allá.

"Nos costó mucho identificarnos en materia internacional. La actitud parroquial de las élites colombianas ha generado que se tenga una versión muy distorsionada de nuestra propia identidad y lo que significa el ser colombiano", afirma la investigadora.

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Image caption Expertos sostienen que las generaciones que son nativas digitales tendrán una concepción distinta de lo que es la identidad nacional colombiana.

La politóloga añade que esta suerte de condición también se tradujo en falta de iniciativas autónomas en política exterior y una actitud reactiva hacia el extranjero o lo extranjero.

"Históricamente no hemos sido un país que le de la bienvenida a las migraciones y por eso lo que vivimos ahora con Venezuela está costando tanto", indica.

Borda señala que durante los siglos XIX y XX otros países como Argentina, Brasil o Perú sí tuvieron la experiencia de recibir comunidades japonesas o italianas y eso repercutió de manera positiva en sus sociedades.

"Casi todos los países sudamericanos han tenido contacto con el exterior gracias a las migraciones y nosotros no. Yo creo que eso está directamente vinculado con el carácter parroquial que se forjó, no hemos tenido contacto social con lo internacional y por eso es que nos creemos tan absolutamente especiales para bien o para mal".

Por eso es posible, indica la analista, que en Colombia se diga que el país es "el ojo del huracán" y, al mismo tiempo, se lo califique como "un gran vividero y una gran nación".

Todo comenzó con Panamá

Diferentes historiadores sostienen que la separación de Panamá, en 1903, fue un punto de inflexión para la política exterior colombiana y para la forma del país de relacionarse con el mundo.

Con aquella pérdida se desvaneció la posibilidad de controlar el paso interoceánico que años después se materializaría como el canal de Panamá que Estados Unidos administraría hasta finales del siglo XX.

Con el trauma de la separación del istmo y las cicatrices de la Guerra de los Mil Días, la élite gobernante de entonces produjo la doctrina Respice Polum (mirar hacia el norte, aunque también se la llamó Mirar hacia la estrella polar), que básicamente consistía en alinear a Colombia con EE.UU.

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Image caption El Canal de Panamá comenzó a construirse a principios del siglo XX.

"Durante el siglo XX los gobiernos colombianos mostraron una posición uniforme respecto a Estados Unidos como un aliado necesario, pese a episodios como la pérdida de Panamá o las masacres de las bananeras en la costa Caribe", explicó el historiador Felipe Arias en una entrevista anterior con BBC Mundo.

El experto dijo aquella vez que, a partir de entonces, de una u otras manera, los gobiernos colombianos sostuvieron la idea de que existe una "necesidad histórica" de llevarse bien con Washington.

Por su parte, Sandra Borda sostiene que la separación hizo que la élite colombiana concluya que "es mejor tener un bajo perfil y así evitar tener pérdidas territoriales grandes y nuevos traumas".

"El costo más grande ha sido no desafiar nunca a la potencia. Eso nos llevó por un camino durante todo el siglo XX y lo que va del XXI en el que hemos tenido una relación con Estados Unidos que no se ha basado en la relación de costo beneficio, sino que ha marchado sobre la premisa del alineamiento casi irreflexivo", sostiene.

Por ello la experta indica que la decisión de aquel entonces consolidó el carácter parroquial del país dado que "impidió que pensemos en otras formas de comportarnos en lo internacional, de diversificar nuestras alianzas con el mundo y de tener un papel un poco más activo y más autónomo en el escenario internacional".

El Tíbet sudamericano

El politólogo Fernando Posada sostiene que, pese a la conquista de la independencia, se mantuvo mucho de la mentalidad de la colonia en las primera élites gobernantes del país.

"La preeminencia católica se mantuvo y la Iglesia era la institución que guiaba y orientaba la vida social, civil y política. También se mantienen las castas y un sistema de clases con muy poca posibilidad de movilidad social", explica el columnista a BBC Mundo.

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Image caption El 7 de agosto se cumplirán 200 años de la batalla que garantizó la independencia de Colombia.

Posada afirma que el carácter católico, clasista y patriarcal de esos primeros gobernantes fue el germen del país que siglo y medio después sería calificado, paradójicamente por otro mandatario, como el Tíbet de Sudamérica.

"Esa es la base de la construcción de Colombia, una dirigencia nacional sin una identidad clara ni un horizonte sobre qué es lo que se buscaba como país", indica el investigador.

El politólogo sostiene que esa incapacidad inicial de definir qué rumbo tomar fue la que propició que el país no llegue a tomar iniciativas propias y termine detrás de "terceros más poderosos" y casi renegado del contexto regional y global, como lo señaló López Michelsen con su metáfora.

Qué está cambiando

En la última década Colombia multiplicó por seis la cantidad de turistas que recibe.

Fue elegida por la gigante Amazon como sede de su primer gran desembarco en Sudamérica y existen colombianos destacados en Silicon Valley y en prestigiosos institutos científicos de Estados Unidos y Europa.

A simple vista, mucho más para el recién llegado, este país no parece ser tan "parroquial" como se dice.

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Image caption Colombia tiene representantes destacados a nivel mundial en campos como la ciencia, la tecnología y los deportes.

Sin embargo, tanto Sandra Borda como Fernando Posada señalan que esos son cambios muy recientes para un país que existe hace más de dos siglos.

"La televisión y fundamentalmente internet permitieron entendernos de otra manera con el mundo exterior, comprender que el mundo es mucho más complejo y diverso en comparación al pequeño vistazo desde una ventana que teníamos antes", indica Posada.

El politólogo sostiene que esta apertura también permite de a poco al país entender que no son deseables y mucho menos normales el clasismo, racismo y machismo que las primeras élites gobernantes colombianas dejaron como legado.

Sin embargo, añade el experto, las tecnologías de la comunicación no son el único factor que permitió estos primeros cambios y destacó avances en programas educativos, la paulatina pérdida de influencia de la Iglesia católica y los avances en libertades individuales consagrados en la Constitución Política de 1991.

"Esta generación colombiana a la que pertenezco permite cada vez menos que los valores religiosos determinen su vida, sino que buscamos cada vez más la autonomía y la autodeterminación", concluye.

Sandra Borda, por su parte, resalta cómo las clases medias colombianas tienen cada vez más contacto con el exterior, sea presencial o virtualmente.

"La gente tiene cada vez más acceso a información, se estudia más y de fuentes más diversas y eso se traduce en una nueva forma en la que nos concebimos a nosotros mismos y cómo nos comparamos con el resto", explica la escritora y politóloga.

Borda indica que esta situación repercutirá rápidamente en las generaciones que son nativas digitales, aunque no le atribuye ese logro a la clase política actual.

"Si por las élites políticas de este país fuera, seríamos cada vez más parroquiales", concluye.

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