La isla caribeña cuyo principal atractivo turístico se convirtió en su peor pesadilla

Un mono vervet. Derechos de autor de la imagen Dr Meghan Davis
Image caption Los monos son muy populares entre los turistas pero pueden suponer un problema para otras especies.

Explore por un momento las imágenes tomadas por turistas en San Cristóbal y verá que algunas de los rostros más fotografiados tienen mechas de color marrón oliva y una mirada penetrante, de ojos color avellana que miran curiosos desde árboles, jardines privados o bares de playa.

Los monos Vervet (o cercopiteco verde) de esta isla del Caribe son tan icónicos como sus históricos fuertes y sus playas de arena negra.

Pero las carismáticas criaturas que tanto cautivan a los visitantes están sumiendo en la miseria a los agricultores locales, abriéndose paso a bocados por todos los cultivos, desde mangos hasta sandías, a calabazas o pepinos.

Sus papilas gustativas son tan indiscriminadas que las investigaciones realizadas estiman que tres de cada cuatro granjas del país se han visto afectadas.

Mantener un equilibrio entre el turismo, que representa casi dos tercios del PIB del país, y la necesidad de alimentar a la población humana, es una dicotomía peculiar.

Los monos que habitan San Cristóbal no son nativos de esta isla, o de la vecina Nieves donde también se propagan.

Probablemente fueron traídos hasta este territorio por los primeros colonos del siglo XVII como mascotas exóticas.

El número de estos animales ha crecido significativamente en los últimos años desde el colapso de la industria azucarera, que los mantuvo confinados a las montañas, alimentándose de caña de azúcar y sacrificados por los guardas forestales.

Con la pérdida de árboles frutales debido a los huracanes, los monos se abrieron paso gradualmente hacia las áreas residenciales.

Derechos de autor de la imagen Gemma Handy
Image caption Se cree que los monos fueron traídos hace siglos como mascotas exóticas.

Actualmente, no solo se cree que superan en número a sus compañeros humanos, con estimaciones que llegan hasta los 60.000; también les sobrepasan en inteligencia.

Los intentos de los agricultores por asustar a los hábiles simios y alejarlos de sus frutas y verduras con espantapájaros, serpientes de goma o aves falsas de rapiña que imitan a sus depredadores originarios de África occidental se ven frustrados contantemente.

"Enseguida se dan cuenta de que no son reales", reconoce la directora de medioambiente June Hughes. "Podría escribir un libro sobre lo ingeniosos que son los monos. Ponen a prueba cualquier sistema y aprenden tan rápido que no hay ningún método que funcione".

"Algunos agricultores han intentado traer a perros que les ladran y les ahuyentan. Funciona durante un tiempo, pero entonces un día el agricultor vuelve a casa y se encuentra al mono acariciando al perro".

Hughes explica que los monos también devastan la vegetación y la vida silvestre autóctona, comiéndose los huevos de las aves y las bromelias.

"Cuando era niña, era raro ver un mono. Ahora están por todas partes. Los turistas les ven y piensan que son adorables. Y lo son pero también son un incordio".

Derechos de autor de la imagen Kerry Dore
Image caption Los monos gradualmente se abrieron paso en los núcleos residenciales.

"Aun así, ya forman parte de nuestra cultura. Incluso la mayoría de agricultores dicen que no quieren que se vayan del todo, solo que se queden fuera de sus tierras y que estén bajo control".

Uno de los miembros de este colectivo, Albert Gordon, dice que sus calabazas son habitualmente robadas por monos.

"Si los veo, les lanzo una piedra y los ahuyento pero al final vuelven", dice a la BBC.

Algunos isleños han encontrado vías para ganarse la vida gracias a estos animales.

Los "hombres de los monos" locales cobran a los turistas US$5 por una fotografía con los primates.

Guiso de mono

En ocasiones, las crías de mono son vistas atadas a bares para atraer a turistas extranjeros.

Lamentablemente, muchos han sido atrapados en su hábitat silvestre y, cuando no están entreteniendo a los visitantes, permanecen enjaulados.

Otros acaban en la mesa de la comida.

Coloquialmente llamados "carne de cordero de los árboles", el guiso de mono es un manjar local, pese a que no todo el mundo tiene estómago para probarlo.

Derechos de autor de la imagen Gemma Handy
Image caption Los monos bebés son habitualmente utilizados por bares de la isla para atraer a turistas.
Derechos de autor de la imagen Gemma Handy
Image caption Cuando no están entreteniendo a la gente, están enjaulados.

El guardabosques Jourdan Cassius cree que instaurar una temporada de caza anual ayudaría a controlar el número de monos y proporcionaría una fuente barata de proteínas.

La gestión del problema es tema principal de un nuevo proyecto del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente destinado a combatir las especies invasoras en el Caribe Oriental.

Una de las iniciativas consiste en ganarse la confianza de dos grupos de monos, uno en St Kitts y otro en Nevis.

Aquellos que rastreen a los monos durante todo un año usarán la misma ropa brillante cada día para que los animales puedan reconocerlos fácilmente.

La idea detrás del proyecto es la de permitir a los investigadores comprender mejor los hábitos de los monos y su impacto en la biodiversidad local, explica su coordinador nacional, el antropólogo biológico Kerry Dore.

"Comenzaremos hablando con los aldeanos que conocen los horarios de los monos y preguntando dónde los ven habitualmente", dice ella.

Derechos de autor de la imagen Gemma Handy
Image caption Algunos creen que una temporada de caza al año ayudaría a controlar la población de monos.

Los investigadores también se reunirán con hoteleros, granjeros y familias para evaluar a fondo el impacto ambiental y económico de los animales.

También colocarán cámaras en los nidos de pájaros para verificar si los monos realmente están robando los huevos.

En última instancia, el objetivo es reunir información para ayudar a desarrollar nuevas políticas.

La opción de una esterilización masiva de monos, aunque es más "amigable para el turista" que una matanza masiva, como algunos sugieren, plantea desafíos prácticos y financieros.

"Esto no es como lidiar con una sobrepoblación de ratas", agrega Dore.

"Los monos son los seres más sensibles e inteligentes del reino animal".

Derechos de autor de la imagen Gemma Handy
Image caption Los monos han causado daños a muchas granjas.

Christa Gallagher, profesora de la Facultad de Medicina Veterinaria de la Universidad Ross en Basseterre, ha estado estudiando los monos de San Cristóbal durante años.

Su trabajo ha consistido en colocarles collares GPS para medir su alcance y su interacción con los humanos.

"Son absolutamente fascinantes. Ellos nos estudian tanto a nosotros como nosotros a ello", afirma. "Ver sus interacciones sociales y los vínculos entre las madres y sus bebés es increíble".

Gallagher cree que replantar los árboles frutales perdidos podría animarlos a regresar a las montañas.

"Los monos representan una biodiversidad asombrosa, son un recurso natural y necesitan ser protegidos", dice.

"Los conflictos entre humanos y animales existen en todo el mundo. Necesitamos encontrar una manera de coexistir armoniosamente", concluye.

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