Víctor Parada, el boliviano que se salvó tras estar condenado a la horca en Malasia por llevar cocaína en el estómago

Víctor Parada Derechos de autor de la imagen Cortesía de Víctor Parada
Image caption Víctor Parada dice que espera que su testimonio sirva para que otras personas se arrepientan de intentar hacer un viaje como el que hizo él.

En octubre de 2013 Víctor Parada, un boliviano que hoy tiene 32 años, fue capturado en Malasia por llevar cocaína en su estómago.

Parada fue llevado preso y en enero de 2018 fue condenado a la horca por un tribunal de ese país.

Malasia tiene severas leyes antidrogas que incluyen la pena capital para delitos de narcotráfico. Aunque en 2018 el gobierno había anunciado que eliminaría la pena de muerte, en marzo de este año suspendió esa iniciativa y la pena capital sigue vigente.

Aún así, el pasado 24 de julio, por lo que él considera "un milagro", Parada quedó libre y regresó a Bolivia.

Según un comunicado del Ministerio de Relaciones Exteriores de Bolivia, el Estado "acompañó y apoyó" a Parada y realizaron los trámites para su repatriación.

Este fue el testimonio que Parada le dio a BBC Mundo a su regreso a casa tras cinco años en prisión en Malasia.

Cuando yo me fui no sabía que en Malasia la pena era la horca. La persona que me envió me dijo que todo iba a ser fácil.

Yo le debía como US$5.000 y esa era mi manera de pagarle.

Viajé de Bolivia a Sao Paulo, de ahí a Dubái y de ahí a Malasia.

Derechos de autor de la imagen Cortesía de Víctor Parada
Image caption Víctor Parada dice que aceptó viajar con droga para saldar una deuda de US$5.000

En mi estómago llevaba un kilo y medio de cocaína líquida dentro de condones, era como una gelatina.

Durante el viaje no tuve problemas, nadie me dijo nada, todo estuvo tranquilo hasta que llegué a Malasia, ahí me estaban esperando los policías.

Pasé por migración y desde ahí me siguieron hasta la cinta donde uno recoge la maleta. Ahí me agarraron cinco policías y me llevaron a la comisaría.

Me rompieron la maleta y comenzaron a decirme "droga, droga usted lleva droga". Yo les decía que no, que solo iba de turista.

Luego llegó otro policía y me llevó al hospital. Ahí duré dos días y medio hasta que no aguanté más las ganas de ir al baño. Expulsé la droga y me prestaron un teléfono, por Facebook contacté a la que era mi novia y le dije que me habían agarrado.

Yo llevaba un kilo y medio, pero el reporte decía que solo llevaba 450 gramos, ¿que pasó con los otros 1.050 gramos...?

Del hospital me llevaron a otra comisaría donde duré 12 días sin que me dijeran nada y de ahí a la cárcel a esperar mi proceso.

Ahí te dan una colcha, una cuchara y un plato. También te dan un uniforme que huele "lindo". Si lo comparas con un vagabundo, el vagabundo es como si estuviera perfumado.

Cuando me lo puse dio me alergia, me salió sarna en todo el cuello.

Luego de tres meses en la cárcel por fin alguien me prestó un teléfono y pude hablar con mi mamá.

"Todo me daba igual"

Yo soy moreno pero en cárcel me puse blanco como un sapo, no tenía color.

Derechos de autor de la imagen Cortesía de Silvia Vargas
Image caption Silvia Vargas, madre de Víctor, lo visitó en Malasia en diciembre de 2017.

Durante el primer año nos dejaban tomar el sol, pero luego castigaron a todo el patio porque ahí entra harta droga, en cantidades, los guardias dan la droga para que uno la meta. Marihuana, heroína, metanfetaminas, lsd...

Yo no metí droga a la cárcel pero sí me enganché con la heroína, ya todo me daba igual.

Si a uno le dicen que va a salir en 20 o 30 años uno se mentaliza, pero ahí no te dicen nada y esa es la peor condena.

Pasaba el tiempo jugando cartas o ajedrez.

Duré un mes sin comer, fue mi estómago el que me obligó a comer, la comida era muy mala, a veces olía a pescado muerto. Cuando por fin pude comer me dio alergia, me dio vómito y fiebre. Perdí 15 kilos.

Maltrato

Un día llegó un guardia y entró a la celda que yo compartía con un taiwanés y un bangladeshí. El guardia me pegó, le pregunté por qué me pegaba y me golpeó de nuevo, yo me defendí y nos peleamos.

Derechos de autor de la imagen Cortesía de Silvia Vargas
Image caption El hijo de Víctor Parada tiene ahora 9 años.

Tomó su bastón, me pegó en el brazo, en la pierna y me dio un golpe en la cabeza que me tumbó. Me abrió la cabeza, en el piso quedó una mancha de sangre.

El guardia se fue y me dejó ahí sangrando. Luego llegaron otros dos guardias y me sacaron.

Me llevaron al médico y me hicieron siete puntos.

La cabeza se me infectó y no me dieron medicina, duré tres días sin comer temblando de fiebre.

De los nervios que tenía me arranqué los puntos con la mano, me salía pus amarillo. Fui al médico y ahí me dijeron "tu te peleaste con un oficial, nosotros no atendemos a esas personas".

Lo único que me daban era paracetamol.

Denuncié eso en la corte y nadie hizo nada, ni siquiera mi abogado.

"Me quería suicidar"

En enero de 2018 fui a la corte y el juez dijo algo que en malayo significa "eres hombre muerto". Le pregunté a mi traductor qué significaba eso y me explicó que me habían condenado a muerte.

Derechos de autor de la imagen Cortesía de Silvia Vargas.
Image caption Malasia tiene severas leyes antidrogas que incluyen la pena capital para delitos de narcotráfico.

Le tuve que pedir que me lo repitiera como tres veces porque no le entendía.

Cuando por fin entendí se me heló la sangre, perdí la conciencia, un amigo me dice que llamé a mi madre pero yo ni me acuerdo qué le dije.

De ahí me encerraron en cuarentena durante 14 días en un calabozo que solo tenía una abertura para meter la comida y otra para ver si uno estaba bien.

En esos 14 días calculo que solo dormí unas 20 horas, me quería suicidar.

Luego me llevaron a otra cárcel. Ahí estaba en una celda de 5 metros cuadrados, con una ducha y un baño ahí dentro.

A las cinco de la mañana pasaba un guardia a preguntar cómo estaba y yo ni le contestaba.

Ahí una vez al día te dan una botella de agua caliente y a veces te dan un vaso de agua fría, porque ahí no se puede tomar agua del grifo, no es un agua para beber.

Si le pedía un jabón a un oficial, me decía que eso no era un hotel.

A veces cuando los escáneres no servían y sospechaban que llevabas algo, te pegaban con un tubo o un bambú en la planta de los pies, es un castigo que ellos le llaman "rotan" (por el árbol ratán).

Cuando me pegaban yo les decía que no tenía nada y me respondían: "Yo digo que lo tienes y me lo tienes que entregar".

Derechos de autor de la imagen Cortesía de Silvia Vargas
Image caption Según un comunicado del Ministerio de Relaciones Exteriores de Bolivia, el Estado "acompañó y apoyó" a Parada y realizaron los trámites para su repatriación.

Puede ser que te orines, grites o te cagues, pero igual te tienen que dar los cinco golpes. Yo les decía que iba a llamar a mi abogado y me decían que si quería llamara a mi presidente.

Un día después de golpearnos nos metieron a 15 reclusos en una celda de 5m x 5m. Al día siguiente me dieron más golpes. "Si yo digo que tienes es porque tienes", me decían, me golpeaban en la mañana y en la tarde, así duré cuatro días, yo andaba gateando.

"Volví a nacer"

Yo duré preso 5 años, 9 meses y 15 días.

Todavía no me explico cómo me salvé, pero volví a nacer.

Dios hizo cambiar los corazones de los jueces. El mismo día que quedé libre sentenciaron a muerte a un nigeriano, él se fue para la horca y yo para mi casa.

Pero yo no soy un ganador, fue mi familia la que ganó, fueron ellos los que lucharon.

Dios no tuvo misericordia de mí sino de mi familia, porque ellos eran los que sufrían y se gastaron casi US$100.000 dólares en esto.

En internet he visto comentarios que dicen que por qué no me dieron más años. Las personas que hablen, me da igual lo que digan, yo ya cumplí mi condena.

Yo espero que mi caso sirva para que quien esté pensando en viajar se arrepienta.

El amor de la familia es lo más grande, es mejor comer pan duro con agua que estar ahí dentro, no hagan ese viaje.

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