Estado de emergencia en Chile: la jornada de protestas en Santiago que llevó al presidente Piñera a suspender el alza del precio del metro

carabineros se llevan a una manifestante Derechos de autor de la imagen Getty
Image caption En lugares emblemáticos como Plaza Italia han ocurrido enfrentamientos entre los manifestantes y la policía.

Sebastián Piñera rectificó.

Tras una nueva jornada de manifestaciones en Santiago de Chile por la subida del precio del pasaje de metro, el presidente de Chile decidió suspender la medida este sábado.

"Vamos a suspender el alza de los pasajes del metro, lo que requerirá la aprobación de una ley que debe ser muy urgente", dijo el mandatario en una declaración desde el palacio de La Moneda.

Piñera dijo que había escuchado "con humildad y atención" las peticiones de los manifestantes.

¿Qué llevó a Piñera a tomar esta decisión?

Disturbios y cacerolazos

Después de los violentos disturbios ocurridos en la noche del viernes, este sábado los militares patrullaron las calles de la capital, mientras los manifestantes, lejos de terminar, volvieron a la carga y se extendieron a otras regiones del país.

Cerca de las 13:30 hora local (16:30 GMT), miembros del ejército se desplegaron en Plaza Italia, el corazón de la capital chilena, mientras Carabineros intentaba sin éxito disolver a los manifestantes que desde el mediodía volvieron al centro y retomaron sus protestas a través de un "cacerolazo", haciendo sonar ollas, platillos, pitos y otros objetos.

Circularon camiones de militares armados, ejerciendo las funciones extraordinarias de seguridad que les confirió en medio de la noche el presidente Sebastián Piñera, al declarar el estado de emergencia en los populosos municipios de Maipú y Puente Alto y dos de las seis provincias de la región metropolitana.

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Image caption Este sábado se quemaron al menos cinco buses del transporte público en Santiago.

El despliegue no impidió que este sábado se registrara el incendio de al menos cinco buses del transporte público, barricadas y enfrentamientos.

El ambiente fue de marcada volatilidad en algunos puntos, especialmente en las zonas centro y poniente de Santiago, donde desde temprano amplios contingentes de policías resguardaban algunas de las 40 estaciones del metro que resultaron con destrozos la noche del viernes.

"Basta de alzas, basta de injusticias, la gente no va a parar hasta que el gobierno no se dé cuenta: la luz, el agua, todo está vendido en este país", declaraba en televisión una manifestante en Ñuñoa, una comuna de clase media santiaguina donde cientos de personas comenzaron a reunirse en forma pacífica desde el mediodía.

El sonido de las cacerolas volvió a escucharse este sábado en distintos puntos de la ciudad, acompañado de bocinazos de los autos que circulaban en una capital colapsada por los cortes y desvíos de tránsito y el aumento del número de buses que intentan suplir el traslado de los casi 3 millones de pasajeros a los que sirve diariamente el metro de Santiago, que permanece completamente paralizado.

La destrucción de semáforos y pórticos de pago en las autopistas dificultó aún más los desplazamientos.

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Image caption Varias estaciones del metro de Santiago han quedado destrozadas.

La situación era distinta en las comunas de mayores ingresos del país, en el sector oriente de la ciudad, donde grupos aislados y pequeños de Carabineros se mantuvieron en las cercanías de las estaciones cerradas, pero en general, intactas.

En estos sectores las personas circulaban entre las frutas y verduras de los tradicionales mercados de fin de semana y en los centros comerciales, que siguieron abiertos en una mañana de apariencia normal, más allá de algunos aislados focos de protesta.

En la incesante cobertura de los canales nacionales, las cámaras capturaron y emitieron en vivo las renovadas protestas, y el desolador panorama al interior de las instalaciones del metro: torniquetes retorcidos, boleterías calcinadas y escombros donde trabajaban desde temprano los equipos de aseo. En las afueras, restos de vidrio cuelgan de los marcos vacíos, y se esparcen sobre la vereda.

Transeúntes, vecinos y curiosos circulan, debatían o se manifestaban frente a los uniformados y en torno a las clausuradas puertas del subterráneo, donde por varios días grupos de estudiantes comenzaron a realizar "evasiones masivas", entrando en tropel y saltando los torniquetes de pago.

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Image caption El ejército patrulla calles de Santiago con tanques militares.

Las manifestaciones se tornaron la noche del viernes en violentos incidentes que dejaron más de 160 detenidos, 12 trabajadores del metro y al menos otras 11 personas heridas y más de un centenar de carabineros lesionados, según la institución.

Orgullo de la ciudad

Una mayoría rechaza y lamenta la violencia y la destrucción del metro, que representa uno de los orgullos de la ciudad.

Algunos miran con incredulidad los destrozos: en estas mismas comunas, la llegada del metro se vivió como una fiesta.

"El gobierno transformó el caos vial en caos social", acusó la mañana del sábado Eric Campos, presidente de la Federación de Sindicatos de Trabajadores del metro, quienes en medio de las "evasiones masivas" expresaron su comprensión con las demandas de los manifestantes, al tiempo que llamaban a evitar la agresiones contra los funcionarios.

La prensa recoge impresiones en distintos puntos: las opiniones se dividen entre quienes creen que se trata de grupos aislados y acciones de vandalismo; y quienes enfatizan el derecho y la necesidad de la manifestación. La gran mayoría plantea un rechazo transversal a la violencia expresada en saqueos, incendios y destrozos.

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Image caption Las manifestaciones se tornaron violentas desde la tarde del viernes en la capital chilena.

Al mismo tiempo, parece haber cierto consenso en que la protesta responde a una percepción generalizada de abuso en torno a temas que han estado en intenso debate durante el último tiempo en el país: la precariedad del sistema de pensiones, el alto valor de los medicamentos, las anunciadas alzas eléctricas, las reiteradas intoxicaciones en las llamadas "zonas de sacrificio" ambiental, el aumento en las cifras de delincuencia y las preocupaciones en torno a la prolongada sequía, las restricciones al consumo de agua en zonas de amplias plantaciones agrícolas y la persistente desigualdad.

En todo Santiago, los bomberos continúan acuartelados tras sofocar los incendios de la noche del viernes, el más grande de ellos ocurrido en el exterior del edificio de la empresa eléctrica Enel, ubicado en el centro de Santiago.

"El gobierno caricaturizó el malestar social", denunció la oposición política reaccionando el día después de las manifestaciones.

Acusaron a la administración de Piñera de disminuir las subvenciones al transporte público y exigieron mayor transparencia respecto a las actas del panel de expertos que analiza el incremento en las tarifas del metro.

El excanciller y exembajador de Chile ante Naciones Unidas, Heraldo Muñoz, líder de uno de los partidos de oposición, dijo que algunos de los secretarios de estado deberían asumir sus responsabilidades políticas ante la crisis.

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Image caption Las manifestaciones han dejado más de 160 detenidos.

"Para alguien que gana más de seis millones de pesos mensuales (unos US$8.400), el alza en el pasaje representa apenas un 1% de su ingreso. Para una familia con ingreso en torno a los 300 mil pesos (unos US$420), representa un 30%", aseveró Muñoz.

Solo dos días antes de que la intensidad de las protestas lo llevara a invocar el estado de emergencia, el presidente Piñera había declarado en entrevista con Radio Cooperativa que Chile es "un verdadero oasis en medio de una América Latina convulsionada".

Su ministro de Economía, Juan Andrés Fontaine, sostuvo ante el alza del pasaje que "quien madrugue puede ser ayudado a través de una tarifa más baja", aludiendo al menor valor del boleto antes de las 7 de la mañana.

El presidente Piñera fue cuestionado también por haber sido fotografiado en una pizzería junto a su familia la misma tarde del viernes, mientras las protestas recrudecían sin que las fuerzas policiales fueran capaces de controlarlas. "El presidente es también padre, esposo y abuelo", lo defendió la vocera del gobierno, en medio de las críticas.

En la nerviosa espera de la noche, y ante un despliegue militar que se fue haciendo cada vez más notorio en la ciudad, Santiago -descrita hace solo unos días como un "oasis"- enfrentaba una nueva jornada de incertidumbre.

A muy corto plazo, lo que se sabe es que habrá toque de queda en Santiago la noche de este sábado. Nadie podrá circular por las calles de la ciudad hasta las 7 de la mañana del domingo.

La última vez que se decretó esta medida extraordinaria en Chile fue tras el terremoto y tsunami del 2010 en la ciudad sureña de Concepción.

A medio y largo plazo, queda por ver si la rectificación del presidente Piñera es suficiente para calmar las aguas.

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