El Times Square de Basora, Irak: el futurista centro comercial de una ciudad destruida por la guerra

Basra Times Square Derechos de autor de la imagen Basra Times Square/Hayder Ismael
Image caption El centro comercial se ve como cualquier otro del mundo occidental.

Las noticias de Irak tienden a centrarse en el conflicto con Estado Islámico, pero hay otro lado del país que frecuentemente pasa desapercibido, según reporta Martin Fletcher después de una visita a Basora.

Solo el nombre de esta ciudad despierta recuerdos oscuros.

Es la ciudad del sur de Irak que las tropas británicas pasaron cuatro años tratando de estabilizar después de la invasión de Estados Unidos en 2003.

Es donde decenas de soldados británicos sufrieron los ataques letales de varias milicias islámicas y perdieron sus vidas.

Una década después, Basora todavía es gobernada por políticos islamistas respaldados por Irán y sigue siendo una ciudad desagradable a la vista.

Sus calles polvorientas son cortadas por canales atorados de basura.

Cascos oxidados de buques, hundidos en su mayoría en la guerra con Irán en la década de los 80, todavía sobresalen en el canal Shatt al-Arab.

Todavía hay edificios bombardeados por reconstruir y el puerto sigue cerrado.

Por lo tanto me sorprendo cuando un amigo iraquí me sugiere pasar una tarde en el nuevo centro comercial de la ciudad.

"¿Un centro comercial en Basora?", pregunto.

"Así es", responde. "Abrió a inicios de año, se llama Basra Times Square".

Derechos de autor de la imagen Basra Times Square/Hayder Ismael
Image caption Las tiendas rompen con la segregación de sexos al vender ropa para hombres y mujeres al mismo tiempo.

Las siguientes horas son una revelación.

El centro comercial es un monolito futurista gigantesco ubicado en medio de pequeñas tiendas destartaladas que se encuentran en cualquier ciudad de Medio Oriente.

Estacionamos el auto en un edificio lleno de vehículos nuevos y brillantes.

Una revisión rápida de seguridad y entramos en un mundo totalmente alejado de la imagen convencional de Irak, un mundo cuyos promotores te invitan a "ser feliz", en el que "comprar no debería verse como una tarea, sino como una experiencia para disfrutar".

El centro comercial es tan iluminado, brillante y espacioso como cualquier otro del mundo occidental.

Sus cuatro pisos están equipados con tiendas de marcas como Mango (modas), Sony y Samsung.

Hay una tienda de cosméticos que vende productos de Lancome y Max Factor, varios puestos de pizza y comida rápida al estilo estadounidense e incluso una heladería italiana.

Pero más sorprendente que las tiendas es la gente.

Hay cientos de personas, hombres y mujeres, jóvenes y viejas, padres con hijos y bebés en cochecitos.

Una mujer joven me dice que el centro comercial ha reemplazado el viejo parque de diversiones de Basora.

Derechos de autor de la imagen AFP
Image caption Basra Times Square ha reemplazado al viejo parque de diversiones de la ciudad.

El centro comercial es el lugar al que los habitantes de la ciudad van los jueves y viernes, que son el fin de semana del mundo islámico.

Las restricciones de vestimenta y comportamiento que están estrictamente vigentes en las calles no parecen aplicarse aquí.

Apenas hay abayas o niqabs a la vista.

Las mujeres visten ropa brillante y muchas se echan hacia atrás los velos para exponer sus rostros bastante maquillados y grandes cantidades de cabello.

Algunas no se cubren la cabeza en lo absoluto, tal vez por seguir el ejemplo de los maniquíes que se exhiben afuera de las tiendas de ropa.

Al mismo tiempo, hombres jóvenes con cortes de pelo a la moda pasean con trajes llamativos o camisetas y pantalones jean apretados.

La segregación usual de sexos también parece romperse.

Algunas tiendas venden rompa femenina y masculina y las parejas caminan de la mano aunque no parezcan estar casadas.

Derechos de autor de la imagen AP
Image caption El centro comercial contrasta con el paisaje cotidiando de la ciudad, afectada aún por la guerra. En esta imagen, fuerzas de seguridad inspeccionan la escena de un ataque suicida en abril de este año.

En un momento, un grupo de estudiantes vestidos de blanco inicia un show en el primer piso.

Mientras cantan y bailan, una multitud se reúne alrededor de ellos y otros compradores corren para verlos desde los balcones.

Mi amigo me dice que la presentación es una protesta contra todas las matanzas que ocurren en Irak.

Los espectadores gritan y aplauden con entusiasmo.

Las únicas armas que se ven dentro del mall están en el tercer piso, donde hay un juego de tiro para niños en un mini parque de diversiones.

Los padres los observan mientras los pequeños gritan de alegría en los juegos mecánicos y carruseles.

Me doy cuenta de que en tantos años que llevo visitando Irak, casi no había visto algo así: familias disfrutando.

La diversión ha sido un bien con poca oferta en este lugar.

Derechos de autor de la imagen Sitio web de Basra Times Square
Image caption El centro comercial tiene cuatro pisos.

También me doy cuenta de que soy testigo de algo bastante profundo. Esto es más que un centro comercial.

Es un templo de tolerancia, un espacio público en el que los iraquíes, especialmente los jóvenes, pueden relajarse y sentirse libres, como respuesta a los fanáticos sin alegría que buscan controlan cada aspecto de sus vidas.

"Nos hace sentir parte del resto del mundo", me dice una mujer.

Le digo a mi amigo iraquí que este símbolo occidental de consumismo podría ser una amenaza más grande para los reaccionarios religiosos de Basora que lo que alguna vez fue el ejército británico.

Él piensa por algún momento y asiente. "Es la ola del futuro", dice.

"Uno no se le puede resistir".

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