Así es la vida en la frontera entre las dos Coreas

La frontera entre las dos Coreas desde el Sur.
Image caption La frontera entre las dos Coreas desde el Sur.

Es la una de la madrugada y, bajo las luces de neón de los resplandecientes rascacielos de Seúl, la gente ríe y charla en medio de una barbacoa o mientras toma pequeños vasos de soju, la bebida alcohólica nacional.

No parece que nadie tenga en mente que están a sólo a 56 kilómetros de una de las fronteras más peligrosas del mundo.

Precisamente este lunes, en esa frontera, bombarderos y cazas de Estados Unidos y Corea del Sur realizaron un simulacro sobre la península de Corea.

Fue una muestra de fuerza y la respuesta a los últimos lanzamientos de misiles por parte de Pyongyang.

Pero la espiral de miedo que envuelve otras partes del globo no es tan evidente aquí.

Derechos de autor de la imagen AFP
Image caption El pueblo más cercano a la Zona Desmilitarizada está a unos cinco kilómetros del alambre de púas que divide a ambos países.

Es una de las cosas más llamativas sobre el estado de ánimo en Corea del Sur en estos tiempos.

Entonces, ¿por qué aumentó la atención mundial -y el miedo- tan rápido en los últimos meses?

Convivir con la amenaza

La población sabe de esta amenaza, la reconoce, pero vive con ella desde hace mucho tiempo.

El conflicto entre Corea del Norte y Corea del Sur no es nuevo. Técnicamente los dos países siguen en guerra y simplemente viven en un estado de armisticio.

Image caption Las estaciones del metro en Seúl se usan como refugios.

En Seúl, la respuesta de la población a la amenaza norcoreana tiende a caer a través de las generaciones.

Para aquellos que son demasiado jóvenes para recordar la guerra, se siente más bien como una amenaza abstracta. Como no la pueden ver, no tiene efecto en su vida diaria, y no dedican demasiado tiempo a preguntarse por ello.

Dos mundos en colisión

La península de Corea es un lugar de contraste. En apenas unas décadas, el Sur se recuperó de la más completa destrucción para convertirse en la cuarta economía más grande de Asia.

Las coloridas figuras que adornan el distrito de Gangnam sirven para celebrar el boom del K-pop en la escena musical.

Image caption Una de las coloridas estatuas que adornan el distrito de Gangnam, en Seúl.

Incluso después de la medianoche, la mitad de las plantas en la torre de Samsung -la sede de la compañía surcoreana- están iluminadas y hay gente en sus escritorios.

Toda esta prosperidad nace del trabajo duro.

No hay signos visibles de riqueza en el Norte. Una vista rápida a la aplicación de mapas del teléfono muestra una extensión uniforme. No hay carreteras, ni ciudades. Lo que hay detrás de esa frontera es sombrío y secreto.

Conduciendo cerca de la frontera, se puede oír el estruendo de las prácticas de tiro del Ejército surcoreano, y del fuego desde el Norte. Son dos mundos en colisión.

El pueblo más cercano a la Zona Desmilitarizada está a unos cinco kilómetros del alambre de púas que divide a ambos países. Sus residentes tienen un permiso especial para cultivar dentro del lugar.

Uno de ellos, Ong, de 77 años, muestra el lugar en el que perdió todos los dedos de su pie derecho por una mina terrestre.

Describió el día que oyó un chasquido y miró hacia abajo para ver su pierna mutilada. Pero él tuvo suerte. Nueve hombres en su pueblo fueron alcanzados por minas y él fue el único sobreviviente.

Refugios de emergencia

A diferencia de Seúl, donde las estaciones del metro y los sótanos de los bloques de viviendas se usan como refugios de emergencia, este lugar tiene un búnker construido con ese propósito, dos plantas bajo tierra y debajo de una puerta de 20 centímetros de grosor.

Image caption Ong, residente del pueblo más cercano a la Zona Desmilitarizada, perdió todos los dedos de su pie derecho por una mina.

En una esquina hay una fila de estanterías sobre las que se apilan cajas de plástico transparente. Dentro de ellas hay suministros de primeros auxilios, martillos, antorchas y silbatos. Todo listo para ser utilizado en caso de emergencia.

Pero todo está intacto. "Aún no tuvimos una emergencia real", dice Lee, el hombre de más edad del pueblo, y quien está a cargo del refugio.

"Si los necesitamos (los kits de emergencia), hay indicaciones en la pared", agregó, respondiendo a si habían realizado algún tipo de práctica.

¿Sugiere esta falta de urgencia que la amenaza de una guerra es exagerada?

"Yo estoy preocupado", responde Lee. "Apenas la semana pasada alguien de la ciudad vino a hacer un chequeo".

Muchos analistas, sin embargo, creen que Pyongyang tiene la mirada puesta en algo más grande y lejano que su frontera sur.

El ministro de Defensa británico, Michael Fallon, señaló en la BBC el hecho de que Londres estaba más cerca de Pyongyang que Los Ángeles.

Image caption La entrada del refugio público en el pueblo más cercano a la frontera con Corea del Norte.

Cuestionada sobre ese comentario, la periodista surcoreana Jungeun Kim, quedó atónita. "No puedo recordar un momento en el que Kim Jong-un amenazara al Reino Unido. Su problema es con Estados Unidos", dijo.

De eso no hay duda.

Tras la más reciente prueba de misil balístico de Corea del Norte, realizada en la mañana del viernes pasado, el líder norcoreano reveló que su objetivo es establecer un "equilibrio" de fuerzas militares con Estados Unidos, de acuerdo con un informe de la agencia oficial norcoreana KCNA.

"Debemos mostrarle claramente a las grandes potencias chovinistas cómo nuestro Estado alcanza el objetivo de completar su fuerza nuclear pese a sus ilimitadas sanciones y a su bloqueo", dijo Kim, según fue citado por KCNA.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, indicó (tras el lanzamiento del viernes) que Corea del Norte había "mostrado una vez más su desprecio total hacia sus vecinos y la comunidad internacional entera", pero que se sentía más seguro que nunca de que Estados Unidos estaba listo para una opción militar de ser necesaria.

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