Por qué merece más crédito Corea del Sur que Donald Trump por la cumbre con Kim Jong-un

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Image caption "Con todos los fracasados 'expertos' opinando, ¿alguien de verdad cree que sería posible el diálogo entre Corea del Norte y del Sur si yo no me hubiera puesto firme, fuerte y estuviera dispuesto a comprometer nuestro total 'poderío' contra el Norte. ¡Tontos, hablar es algo bueno!".

Afirmación: Donald Trump y el presidente de Corea del Sur, Moon Jae-in, coinciden en que el mandatario estadounidense merece que se le reconozca el mérito por el inicio de las conversaciones de paz con Corea del Norte y la histórica cumbre con el líder norcoreano, Kim Jong-un.

Conclusión: solo la historia revelará qué influyó para que pudieran celebrarse estas conversaciones, pero todo indica que fue Corea del Sur la que impulsó el diálogo con el Norte, junto con la presión de China, que empezó a hacer que se cumplieran las sanciones.

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Los líderes de Corea del Norte y el Sur se encontraron este 27 de abril en la tercera cumbre bilateral desde que se firmó en 1953 el armisticio que puso fin a las hostilidades en la guerra entre ambos.

Se espera que antes de julio, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se reúna con Kim Jong-un, en el que sería el primer encuentro entre un mandatario en el cargo en la Casa Blanca y un líder norcoreano.

Después de una escalada de tensión, que incluyó amenazas militares entre Estados Unidos y Corea del Norte, las históricas conversaciones iniciadas podrían mitigar la disputa y propiciar un acuerdo de paz definitivo para una guerra que empezó hace 68 años y que, oficialmente, se mantiene entre las dos Coreas.

El 4 de enero de 2018, Donald Trump publicó en su cuenta de Twitter: "Con todos los fracasados 'expertos' opinando, ¿alguien de verdad cree que sería posible el diálogo entre Corea del Norte y del Sur si yo no me hubiera puesto firme, fuerte y estuviera dispuesto a comprometer nuestro total 'poderío' contra el Norte. ¡Tontos, hablar es algo bueno!".

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Image caption Kim y Moon celebraron este viernes una histórica cumbre.

El presidente surcoreano, Moon Jae-in, dijo públicamente que el presidente Trump merece un gran reconocimiento por haber dado pie a las conversaciones para una paz definitiva con Corea del Norte: "Pudo ser el resultado de las sanciones impulsadas por Estados Unidos y la presión".

Las sanciones impulsadas por Estados Unidos en la ONU

Desde que Corea del Norte llevara a cabo su primer ensayo nuclear en 2006, Estados Unidos y algunos de sus aliados impusieron sanciones contra Pyongyang. Además, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas aprobó hasta 9 rondas de sanciones adicionales, muchas a propuesta de EE.UU.

Con los años, estas sanciones se hicieron más estrictas. Las medidas iniciales de la ONU de 2006 prohibieron el suministro de armamento pesado, tecnología balística y bienes de lujo.

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Image caption Donald Trump y Kim Jong-un se intercambiaban insultos públicamente hace solo unos meses.

Para diciembre de 2017, las sanciones de la ONU restringieron las importaciones de crudo, metales y productos agrícolas, y reclamaron la deportación de los trabajadores norcoreanos en el extranjero.

Mientras que las sanciones más recientes fueron impuestas bajo el liderazgo estadounidense, podría haber sido el nuevo celo de China en la aplicación de las mismas lo que ha golpeado más duramente a Corea del Norte.

Según el centro de análisis Council on Foreign Relations, China aporta el 90% de los intercambios comerciales de Corea del Norte y, aunque ha votado en el Consejo de Seguridad a favor de las medidas punitivas contra su viejo aliado, rara vez había puesto empeño en llevarlas a la práctica. Ahora China parece estar aplicándolas.

Tras haber demostrado sus capacidades militares, Kim Jong-un está ahora orientando su atención hacia el crecimiento económico, asegura John Nilsson-Wright, investigador en la Chatham House de Londres.

Así que, pese a que las sanciones no han detenido el desarrollo armamentístico de Kim Jong-un, los últimos acontecimientos entorpecen sus planes económicos a largo plazo.

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Image caption En Alemania se han producido manifestaciones contra la proliferación nuclear en las que se criticó tanto a Trump como a Kim Jong-un.

Duros mensajes y amenazas de intervención militar

El 2 de enero de 2018, Trump publicó otro de sus tuits. "El líder norcoreano, Kim Jong-un, acaba de asegurar que el botón nuclear está en su escritorio todo el tiempo. Que alguien de su agotado y hambriento régimen le informe de que yo también tengo un botón nuclear, pero que el mío es mucho más grande y poderoso que el suyo, y de que el mío funciona".

El 23 de septiembre de 2017, se había referido a Kim Jong-un como el "pequeño hombre cohete".

Su retórica contrasta con la de su predecesor en la presidencia, Barack Obama, que advirtió en 2014 a Corea del Norte: "No usamos nuestro ejército para imponer cosas a otros, pero no dudaremos en usar nuestro poder militar para defender a nuestros aliados y nuestro modo de vida".

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Image caption La presencia de Kim Yo-Jong, hermana de Kim Jong-un, en los Juegos Olímpicos de invierno en PyeongChang representó un paso más en el incipiente acercamiento entre las dos Coreas.

En 2016, Obama le dijo a la cadena CBS que Corea del Norte era "lo bastante errática" y lo "bastante irresponsable" como para no querer que se acerquen al error de una acción nuclear.

"Obviamente, podríamos destruir Corea del Norte con nuestros arsenales. Pero, aparte de los costes humanitarios de eso, resulta que están justo en la puerta de al lado de nuestro aliado vital Corea del Sur", añadió entonces Obama.

George W. Bush, por su parte, etiquetó a Corea del Norte como parte del "eje del mal" que dibujó cuando fue presidente de Estados Unidos.

Estados Unidos ha esgrimido durante años la amenaza de una intervención militar.

La influencia del compromiso surcoreano

Antes de Moon Jae-in, dos presidentes intentaron diferentes políticas ante Corea del Norte en Seúl.

Myung-bak (2008-2013) apostó por la línea dura. Su sucesora, Park Geun-hye, prometió implicarse en las relaciones con Pyongyang, una estrategia que llegó a su fin a comienzos de 2016 tras otra tanda de lanzamiento de misiles y las pruebas nucleares del norte.

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Image caption Myung-bak apostó por una línea dura en su mandato, entre 2008 y 2013.

Pero en su discurso inaugural como presidente, Moon Jae-in afirmó que haría todo lo que estuviera a su alcance para construir la paz en la península de Corea

Esto suponía un retorno a la conocida como "política de la luz del sol" que intentaron los presidentes Kim Dae-jung (1999-2003) y Roh Moo-hyun (2003-2008), los dos únicos líderes surcoreanos que habían mantenido encuentros directos con el líder del Norte.

Fue en las cumbres intercoreanas de 2000 y 2007, cuando era Kim Jong-il, el padre de Kim Jong-un, quien detentaba el poder en Pyongyang. Kim Dae-jung fue reconocido con el premio Nobel de la Paz por sus esfuerzos.

Entonces, ¿hay que darle el crédito a Trump?

"El mérito principal hay que dárselo a los surcoreanos, porque se aseguraron de que los norcoreanos viajarían a los Juegos Olímpicos de invierno y aquello se organizó muy rápidamente", afirma Virginie Grzelczyk, de la Universidad Aston, en Reino Unido.

"La invitación para recibir la delegación del Norte y a la hermana de Kim Jong-un ha sido realmente crítica para organizar la cumbre del final de esta semana", agrega.

Grzelczyk cree que Corea del Sur está actuando estratégicamente para acercar a Estados Unidos a un foro de diálogo.

"Ambas Coreas se han visto hasta cierto punto desconcertadas y preocupadas por la política estadounidense".

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