El único país de África que no quiere los millones de China (y por qué preocupan las crecientes inversiones de Pekín en el continente)

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Image caption Las relaciones de China con África se han profundizado en las últimas décadas.

Cuando esta semana China extendió la alfombra roja para más de 50 líderes de África, hubo un gran ausente: Suazilandia.

El pequeño país del sudeste de África -renombrado recientemente como Eswatini- no estaba entre los invitados a la cumbre del Foro de Cooperación China-África (FOCAC) en Pekín.

Es la única nación del continente que mantiene relaciones diplomáticas con Taiwán, reconociendo así que éste es un país de pleno derecho y enfrentándose de pleno a la visión de China, que considera a Taiwán una "isla rebelde".

Su alianza con Taipéi imposibilita cualquier tipo de asociación con Pekín y, por tanto, cualquier ayuda económica china, pues el régimen comunista no tiene relaciones diplomáticas con ningún país que reconozca a Taiwán como una nación independiente.

La creciente influencia económica de China en el mundo ha provocado que ya tan solo 17 países reconozcan oficialmente a Taiwán.

Este pasado mes de agosto, una nueva nación le dijo adiós a la isla: El Salvador, siguiendo la estela de otros estados centroamericanos.

Un actor central en África

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Image caption Suazilandia, el país de África que no atiende a las demandas chinas.

Desde su llegada al poder, el presidente chino, Xi Jinping, ha ofrecido multimillonarios créditos a países africanos y esta semana subió su apuesta.

En su discurso inaugural del FOCAC, prometió US$60.000 millones más en financiación para el continente.

Esa ayuda se suma a los otros US$60.000 millones que también ofreció en la anterior cumbre, celebrada en Johannesburgo hace tres años, y que se han ido materializando.

En concreto, China ofrecerá US$15.000 millones en préstamos sin intereses, US$20.000 millones en líneas de crédito, US$10.000 millones en fondos para el desarrollo y US$5.000 millones para financiar las importaciones africanas, informa la agencia EFE.

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Image caption Xi Jinping anunció en su discurso una nueva ronda de financiación.

En las últimas dos décadas, la inversión china en África no ha dejado de aumentar y Pekín se ha convertido en el mayor socio económico del continente.

El comercio bilateral entre ambos socios crece a un 20% anual y desde el año 2000 Pekín ha concedido créditos por valor de US$136.000 millones de dólares, según datos de la consultora estadounidense McKinsey y la Iniciativa de Investigación China-África, asociada a la Universidad Johns Hopkins de Washington.

Ese acercamiento, no obstante, no ha estado exento de polémica: otros países, como Estados Unidos, consideran que Pekín utiliza su inversión para ganar influencia en la región y advierten del riesgo de que algunos países africanos no puedan devolver la deuda y vean su soberanía reducida.

El régimen comunista, por su parte, defiende que su objetivo es ayudar al desarrollo de África y que sus préstamos no tienen "ataduras políticas".

Sin embargo, el propio presidente, Xi Jinping, admitió en el reciente foro que había que estudiar bien la viabilidad de algunos proyectos y prometió condonar la deuda de las naciones más pobres en forma de préstamos sin intereses, aunque no ofreció nombres.

El "rebelde" de África

Pese a los números que maneja el gigante asiático, Suazilandia, la última monarquía absoluta de África con 1,3 millones de habitantes, sigue manteniéndose firme en su apoyo a Taiwán.

Su gobierno, liderado por el rey Mswati III, que lleva 32 años en el poder, ha insistido en que no abandonará a la isla, pese a las presiones de Pekín.

"Nodeben utilizar juegos mentales porque nuestra relación con Taiwán dura ya más de 50 años y no los dejaremos tirados", señaló el canciller de Suazilandia, Mgwagwa Gamedze, a la agencia Reuters a finales de agosto, después de que un funcionario chino dijera que esperaba que el país africano cambiara de bando "pronto".

"No tenemos ninguna intención de cambiar de bando, porque Taiwán se ha portado muy bien con nosotros", remarcó.

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Image caption El rey de Suazilandia, Mswati III, y la presidenta de Taiwán, Tsai Ing-wen, durante la última visita de ésta al país africano, el pasado mes de abril.

El gobierno taiwanés denuncia que Pekín logra socios a golpe de chequera, un extremo que el régimen comunista niega.

Para mantenerse a flote, no obstante, Taipéi también trata de estrechar la relación de manera parecida (aunque a mucha menor escala).

En el caso de Suazilandia, la isla ha invertido en proyectos de infraestructura, creado becas escolares, enviado a médicos y compartido experiencia agrícola, según publicó el medio económico Bloomberg.

No tenemos ninguna intención de cambiar de bando"

Mgwagwa Gamedze, canciller de Suazilandia

Esos compromisos, de momento, parecen servirle con la pequeña Suazilandia, aunque en el pasado no fueron suficientes para mantener al otro aliado que le quedaba en África: Burkina Faso.

En enero de 2017, el canciller de ese país insistía en que Taiwán era "un amigo y un socio", y denunciaba en una entrevista con Bloomberg que el régimen comunista le estaba haciendo "escandalosas propuestas (...) de US$50.000 millones o más".

"Estamos contentos y no vemos ninguna razón para reconsiderar nuestra relación", señaló entonces.

Un año y cuatro meses después, ese mismo canciller estaba en Pekín haciéndose una foto: inaugurando una nueva relación con China tras romper su alianza con su "amigo" taiwanés.

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