Moscú confirma el cisma en la Iglesia ortodoxa: Rusia y Ucrania convierten su conflicto en una guerra religiosa

Vladimir Putin, el presidente de Rusia, encendiendo unas velas en un templo ortodoxo. Derechos de autor de la imagen Getty Images
Image caption El presidente de Rusia, Vladimir Putin, identifica a la Iglesia ortodoxa con el nacionalismo ruso.

Moscú cumplió su advertencia.

El sínodo de la Iglesia ortodoxa rusa anunció este lunes que rompe sus lazos con el Patriarcado de Constantinopla, confirmando así la ruptura más grande en el seno de la Iglesia ortodoxa desde el Gran Cisma de 1054.

La reacción viene unos días después de que el presidente de Rusia, Vladimir Putin, viera que podía perder una de las mayores fuentes de influencia que posee en Ucrania (y de lo que él mismo llama el "mundo ruso"): el de la Iglesia ortodoxa.

Para Putin, Ucrania se encuentra en el centro del nacimiento del pueblo ruso. Esta es, además de por su importante posición geoestratégica y el tamaño del país, una de las razones por las que Moscú quiere seguir manteniendo la soberanía espiritual sobre la antigua república soviética.

En la última década, los conflictos entre Rusia y Ucrania se han extendido al terreno económico, diplomático y hasta militar, como demostró la crisis de Crimea y la anexión rusa de la península.

La confrontación se movió al terreno religioso con la decisión del patriarca de Constantinopla, Bartolomé I, de despejar el camino para la independencia de la Iglesia ortodoxa ucraniana anunciada el pasado jueves.

Un nuevo patriarcado

Durante siglos, la mayor parte de los creyentes ortodoxos ucranianos han obedecido a un mismo patriarcado (las cabezas jerárquicas bajo las que se organiza la Iglesia ortodoxa): el de Moscú. .

Pero desde los años 90, con el colapso de la Unión Soviética, quien se erigió como líder de la Iglesia ortodoxa ucraniana de Kiev, el patriarca Filaret, buscó independizar a la Iglesia ucraniana de Moscú.

Sus deseos le costaron la excomunión y la acusación de querer crear un cisma dentro de la segunda religión cristiana con más adeptos (unos 300 millones), por detrás del catolicismo, con 1.200 millones.

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Image caption El patriarca Filaret fue exlpulsado de la Iglesia ortodoxa rusa acusado de intentar un "cisma" a finales de los 90.

Este jueves, el sínodo de Constantinopla anunció que revoca la excomunión de Filaret y que procede "a concederle la autocefalia (independencia) a la Iglesia de Ucrania".

Esta decisión culmina un proceso iniciado en abril de este año en el que un grupo de ortodoxos ucranianos, con el apoyo del presidente de su país, Petrós Poroshenko, le pidió a la Iglesia ecuménica de Constantinopla la mencionada autocefalia.

No fue algo completamente nuevo, como le recuerda a BBC Mundo el teólogo Aristotle Papanikolaou, profesor de Teología y director y cofundador del Centro de Estudios Cristianos Ortodoxos de la Universidad de Fordham, en Estados Unidos.

Hubo al menos otros dos intentos en el pasado: uno en el Medievo y otro a principios del siglo XX, antes de que estallara la Revolución rusa.

La diferencia es que esta es la primera vez que Constantinopla, la autoridad competente para otorgar la independencia, ha demostrado que acepta el pedido.

En septiembre, el patriarca Bartolomé I de Constantinopla, hoy en día Estambul, publicó un comunicado en el que dijo que "en preparación para la provisión de la autocefalía a la Iglesia ortodoxa de Ucrania se enviará a dos patriarcas ecuménicos a Kiev".

La semana pasada, el consejo eclesiástico de Constantinopla, que se reunió en Estambul durante tres días bajo la presidencia de Bartolomé I, tomó varias decisiones que apuntan hacia la independencia de la Iglesia ucraniana.

"El sínodo procederá a la concesión de la Autocefalia a la Iglesia de Ucrania", dijo en un comunicado.

Además, "el consejo decidió rehabilitar al patriarca Filaret, excomulgado por la Iglesia ortodoxa rusa por liderar un proceso de ruptura en los años 90".

También se rehabilitó a Makarly, patriarca de la Iglesia ortodoxa autocéfala ucraniana, no reconocida por el mundo ortodoxo.

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Image caption El patriarca Bartolomé I de Constantinopla presidió estos días en Estambul un consejo eclesiástico que puede marcar el destino de la Iglesia ortodoxa ucraniana.

Todo a pesar del fuerte rechazo de Moscú, que sostiene que la primacía de Constantinopla es solo una formalidad y que las decisiones referentes a las autocefalias deben ser tomadas en conjunto por todas las iglesias ortodoxas.

Así, la reacción de la Iglesia rusa ante lo anunciado el jueves fue de profundo malestar.

Su portavoz dijo que Estambul "cruzó una línea roja" al revocar la excomunión de Filaret, quien aspira a liderar una futura Iglesia ucraniana independiente.

"Esto legaliza el cisma. Con sus acciones, Constantinopla cruza una línea roja y, de forma catastrófica, socava la unidad de la Ortodoxia global", dijo.

En este sentido, la jerarquía de la Iglesia ortodoxa rusa comparó la situación actual con el Gran Cisma de 1054 que separó el cristianismo oriental y occidental, y advirtió que esto puede llevar a una ruptura irreversible en la comunidad global ortodoxa.

La advertencia se convirtió en realidad este lunes.

El Santo Sínodo de la Iglesia ortodoxa rusa resolvió que "las relaciones clericales con Constantinopla son imposibles".

El líder del departamento de relaciones exteriores de la Iglesia ortodoxa rusa anunció a los periodistas la ruptura de relaciones entre las dos iglesias.

El Kremlin también había expresado su descontento y oposición a cualquier movimiento que conduzca a una división en el seno de la fe ortodoxa.

Pero, ¿es esto una cuestión meramente religiosa?

¿Por qué es importante?

Primero, por su carga simbólica.

La capital ucraniana, Kiev, fue el punto de partida y origen de la Iglesia ortodoxa rusa, algo que acostumbra a recordar el propio presidente Putin. Fue allí donde el príncipe Vladimir, figura eslava medieval reverenciada tanto por Rusia como por Ucrania, se convirtió al cristianismo en el año 988.

"Si la Iglesia ucraniana gana su autocefalia, Rusia perderá el control de esa parte de la historia que reclama como origen de la suya propia", asegura BBC Mundo el doctor Taras Kuzio, profesor en la Universidad Nacional Academia de Mohyla de Kiev y miembro no residente de la Universidad Johns Hopkins en Estados Unidos.

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Image caption La catedral de Sofía, en Kiev, es un símbolo para la religión ortodoxa del este de Europa.

"Perderá también gran parte de los símbolos históricos que forman parte del nacionalismo ruso que defiende Putin, tales como el monasterio de las Cuevas de Kiev o la catedral de Santa Sofía, que pasarán a ser enteramente ucranianos. Es un golpe para los emblemas nacionalistas de los que presume Putin".

Pero es además, en su opinión, una cuestión geopolítica.

"Para Putin es como el colapso de la Unión Soviética en 1991 porque representa la ruptura de su proyecto, el del 'mundo ruso', donde Ucrania juega un papel central. Y viene a probar que su estrategia de chico duro para acercar a la antigua república soviética no ha hecho sino alejarla incluso más".

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Image caption Rusia y Ucrania han tenido conflictos diplomáticos, económicos, militares y ahora también religiosos.

No opina lo mismo el doctor Nikolay Mitrokhin, de la Universidad Este de Finlandia, quien cree que la independencia de la Iglesia ortodoxa ucraniana no tendría implicaciones geoestratégicas. Se trata de un "cambio simbólico", estima.

"No está probada la influencia que la Iglesia ortodoxa de Moscú puede tener sobre los ucranianos ortodoxos. Y la propaganda imperialista de Putin depende de otros muchos factores, no solo del clero, cuya misión no es particularmente apoyar el modelo imperial ruso, a pesar de que algunos (de sus miembros) sí lo hagan".

Los seguidores

También está el tema pastoral. La escisión puede suponer para Rusia una disminución de hasta el 40% de sus fieles ya que más de un tercio de los ortodoxos de la Iglesia de Moscú son ucranianos.

Y puede perder más de 12.000 parroquias, con sus líderes, sus edificios emblemáticos y sus contribuciones monetarias. Fuentes del servicio ruso de la BBC en Kiev predicen que si Ucrania obtiene la independencia eclesiástica una gran parte significativa de sus fieles adherirían a la nueva iglesia.

La reducción en el número de adeptos de la Iglesia ortodoxa rusa, que cuenta con unos 120 millones de los 300 millones de fieles que hay en todo el mundo, haría poco sostenible la afirmación de que Moscú es el protector de todos los ortodoxos cristianos y una" Tercera Roma", como la denomina el patriarcado moscovita.

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Image caption A pesar de que el 80% de los rusos se declaran ortodoxos, solo un 5% acude a la iglesia, asegura Papanikolau.

La relevarían en importancia, por número de fieles, la Iglesia ortodoxa rumana y la misma ucraniana, por lo que quedaría relegada a un tercer puesto, indicó el doctor Kuzio. Una clasificación con la que también coincidió Papanikolaou.

Pero el patriarcado de Moscú asegura que esas estimaciones carecen de base y que una nueva iglesia conducirá a la toma violenta de templos en Ucrania y al derramamiento de sangre.

Y además Rusia no es la única que puede sufrir las consecuencias de este conflicto.

Al cumplir Moscú su amenaza de romper con Constantinopla, la Iglesia ortodoxa oriental puede acabarsiendo más débil y pobre, pues perderá al único país de la región que contribuye con importantes sumas de dinero y que tiene una verdadera influencia a nivel mundial.

Por qué ahora

El anuncio de la escisión entre ambas iglesias es, para algunos, algo lógico en términos históricos.

"Tras la caída del Imperio Bizantino, las iglesias ortodoxas independientes fueron configurándose en el siglo XIX de acuerdo a las fronteras nacionales de los países y este es el patrón que, con retraso, está siguiendo ahora Ucrania", explica el teólogo Papanikolaou.

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Image caption Ucrania es estratégicamente importante para Rusia por su acceso al mar Negro, su población (62 millones de personas) y porque su situación geográfica en territorio europeo.

Pero reconoce también que la autocefalia es un evento importante "dada la historia entre los dos países y porque el nacimiento de la religión ortodoxa rusa se sitúa en Kiev".

Y hay también otras razones que hacen que una iglesia ucraniana independiente reconocida sea hoy más factible que nunca. Papanikolaou cree que se trata de una "tormenta perfecta" en la que confluyen varios factores.

Por un lado la identificación de Iglesia-Estado que han seguido otras naciones. Por otro, la posibilidad del Patriarcado de Constantinopla, continuamente atacado desde Moscú, de reducir significativamente el poder de la Iglesia ortodoxa rusa.

Esta es una tesis que también comparte el profesor Kuzio, quien cree que es una forma de contrarrestar las fuerzas pro-rusas dentro de las 14 iglesias ortodoxas reconocidas.

Y por último, y más importante para Papanikolaou, es una razón puramente espiritual, alejada de cualquier motivación de influir en la geopolítica.

"¿Cómo pueden los ucranianos aceptar como guías espirituales a miembros de una iglesia que se cree implicada en las agresiones imperialistas rusas?", dice reconociendo el impacto que la guerra de Crimea y su posterior anexión pudo haber tenido en la actitud de los eclesiásticos de Constantinopla.

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Image caption Rusia mantiene presencia militar en la península ucraniana de Crimea.
Image caption Rusia se anexó Crimea en 2014.

Pero Nikolay Mitrokhin considera que "el clero de la Iglesia ortodoxa rusa no es el grupo social que más apoyó las protestas prorrusas en 2014".

"Decir que la Iglesia ortodoxa de Moscú es un 'vehículo de la política de Putin' es repetir las tesis infundadas de los políticos de derecha de Ucrania", afirma.

La Iglesia ortodoxa y el Kremlin

Pero lo cierto es que la Iglesia ortodoxa rusa ha sido identificada con el Estado durante siglos.

Desde la época imperial de los zares hasta el comunismo (aunque en menor medida), cuando los altos cargos eclesiásticos mantenían estrechos lazos con el secretario general del Partido Comunista.

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Image caption El presidente ruso Vladimir Putin mantiene estrechos vínculos con el líder de la Iglesia ortodoxa rusa, Cirilo I.

Fue tras el fin de la Unión Soviética, con el renacimiento del nacionalismo ruso en las (cortas) presidencias de Boris Yeltsin y después con Putin, que la Iglesia de Moscú vio legitimado su papel unificador y de institución soberana sobre las iglesias ucranianas.

Hoy en día, la Iglesia ortodoxa rusa, y en particular su patriarca Cirilo I, comparte muchos de los mensajes nacionalistas y patrióticos del presidente Putin. En particular esa idea del "mundo ruso" bajo el que Bielorrusia, Ucrania y Rusia son un solo y mismo pueblo con una única iglesia y cultura.

Ahora, la independencia eclesiástica de Kiev amenaza con romper el último vínculo relevante que Rusia tiene con su antiguo imperio.

*Esta nota fue originalmente publicada el 12 de octubre y la actualizamos con la confirmación de la ruptura entre los Patriarcados de Moscú y Constantinopla.

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