Ataque en Sri Lanka: "Las paredes y el suelo estaban cubiertos de sangre", los perturbadores testimonios de testigos del atentado con bombas que dejó al menos 359 muertos

Una mujer llora la muerte de un familiar en Sri Lanka Derechos de autor de la imagen Reuters
Image caption Sri Lanka es un país conmocionado por los ataques del domingo de Pascua.

Lo que se esperaba que fuera un pacífico domingo de Pascua se tornó en un sangriento caos cuando ocho bombas explotaron en distintas iglesias y hoteles de Sri Lanka.

El saldo del ataque es de al menos 359 muertos y 500 heridos, según las estimaciones de este martes.

Las autoridades del país asiático dijeron que, aunque 24 personas están bajo custodia, no tienen aún una respuesta concluyente sobre los autores de los ataques. Poco después los atribuyeron a un grupo yihadista local llamado Organización Nacional de Monoteísmo, que actuó, según las informaciones oficiales, con apoyo de una red internacional.

Image caption Hubo explosiones en varias iglesias y hoteles de la capital, Colombo, y otras dos en Batticaloa y en Negombo.
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Image caption Una estatua rota de la Virgen María, en las afueras del santuario de San Antonio, en la capital de Sri Lanka, Colombo.

Las iglesias atacadas profesan la fe cristiana, cuyos seguidores representan una minoría religiosa en el país: apenas el 7%.

Aunque desde 2009 -cuando terminó una larga guerra civil- la isla no ha vivido grandes incidentes de violencia, Sri Lanka no es ajena a los ataques entre personas de distintas religiones.

En su historia reciente se han registrado acciones violentas por parte de miembros de la mayoría budista cingalesa (algo más del 70% de la población) contra mezquitas y otros edificios de propiedad de musulmanes.

Los incidentes de este domingo dejaron sangrientas escenas, así como graves daños materiales.

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Al menos 359 personas han muerto y otras 500 resultaron heridas

Varios testigos que vivieron de cerca los ataques le contaron a la BBC lo que presenciaron.

"La violencia ha vuelto"

Julian Emmanuel es un médico de 48 años que creció en Sri Lanka y ahora vive en Surrey, Reino Unido, con su esposa e hijos.

Él y su familia se encontraban esta semana en Colombo, la capital del país, para visitar a algunos de sus familiares que aún viven en la ciudad.

Estaban dormidos en su habitación en el Cinnamon Grand Hotel de Colombo cuando explotó una de las bombas.

"Estábamos en nuestra habitación y escuchamos una gran explosión que sacudió el cuarto. Creo que fue alrededor de las 8:30 de la mañana", dice.

"Luego nos condujeron al lobby del hotel, donde nos pidieron que evacuáramos por la parte de atrás. Fue entonces cuando vimos que se llevaban a las víctimas al hospital, y vimos algunos daños en el hotel".

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Image caption La iglesia de San Sebastián, en la ciudad de Negombo, fue una de las atacadas.

Un miembro del personal comentó que había visto un cuerpo desmembrado en el lugar de la explosión, mientras sus amigos le enviaban fotos de las iglesias que habían sido bombardeadas. Mientras tanto, el hotel en sí tenía "daños significativos". Uno de sus restaurantes fue destruido.

"Íbamos a ir a la iglesia hoy, con mi madre y mi sobrino, pero todos los servicios han sido cancelados. No habrá más servicios en las iglesias del país debido a lo que sucedió esta mañana", dijo.

Derechos de autor de la imagen JEWEL SAMAD/Getty Images
Image caption La cifra de muertos es de al menos 359.

"Pasé mis primeros 18 años en Sri Lanka, así que he visto muchos conflictos étnicos".

El país fue devastado durante décadas de conflicto entre los grupos étnicos cingaleses y tamiles, pero la situación se ha mantenido relativamente pacífica desde 2009.

"Mis hijos (de 11 y 7 años) nunca han visto nada como la guerra. Tampoco mi esposa. Para ellos es bastante difícil".

"Es realmente triste, pensé que Sri Lanka había dejado atrás toda esta violencia, pero ahora es triste ver que ha vuelto".

Reuters
Estaba en shock, estaba buscando a mi hija, pero cuando la encontré ella no podía reconocerme. Ella no sabía quién era su mamá. Me dijo: 'Dios me salvó'"
AB Nirmala
Sobreviviente del ataque

"Que Dios nos proteja"

Usman Ali, quien vive en Colombo, se percató de que algo andaba mal cuando comenzaron a desalojar "apresuradamente" a los fieles de una iglesia católica romana cerca de su casa.

La calle de su casa, que conduce al principal hospital de la ciudad, también se llenó de ambulancias. Revisó el hashtag #LKA -Lanka- en Twitter y rápidamente se enteró de lo que estaba pasando.

Entre las horribles imágenes y videos que vio había un llamamiento de los bancos de sangre del país para que la gente donara con el fin de socorrer a las víctimas.

Derechos de autor de la imagen Usman Ali
Image caption El Centro Nacional de Sangre de Colombo se llenó de personas dispuestas a donar con el fin de socorrer a las víctimas que necesitan transfusiones.

Ali fue al Centro Nacional de Sangre y lo encontró lleno de gente.

"Había grandes multitudes y carreteras congestionadas cuando la gente trataba de estacionarse en cualquier lugar y entrar al centro", cuenta.

"Actualmente están anotando el nombre, el grupo sanguíneo y el número de contacto de las personas que están dispuestas a donar sangre y pidiéndoles que regresen solo si un representante del centro se comunica con ellos".

La gente salía del edificio, dice, formando "filas masivas que conducían hasta la entrada".

Derechos de autor de la imagen Reuters
Image caption Fuerzas de seguridad en la afueras del santuario de San Antonio (en el área de Kochchikade, Colombo), donde tuvo lugar una de las 8 explosiones.

Cuando Alí entró, fue testigo de un fuerte espíritu de comunidad.

"Todos tenían solo una intención y era ayudar a las víctimas sin importar de qué religión o raza fueran. Las personas se ayudaban entre sí a completar los formularios con los detalles solicitados.

"Había sangre por todas partes"

Kieran Arasaratnam, profesor de la Escuela de Negocios del Imperial College de Londres, se alojaba en el hotel Shangri-La, cuyo restaurante del segundo piso fue destruido por una de las bombas.

Arasaratnam, un ciudadano de Sri Lanka que se mudó a Reino Unido como refugiado hace 30 años, visitaba el país para ayudar a lanzar una empresa. Estaba en su habitación cuando escuchó un sonido que describe como un "trueno".

El srilankés le dijo a la BBC que comenzó a correr por su vida desde el piso 18 hasta la planta baja, en medio de escenas de desesperación.

"Todos empezaron a entrar en pánico, fue un caos total", dijo. "Miré a la habitación de la derecha y había sangre por todas partes".

"Todos corrían y mucha gente simplemente no sabía lo que estaba pasando. La gente tenía sangre en la ropa y alguien corría con una niña hacia una ambulancia. Las paredes y el piso estaban cubiertos de sangre".

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Image caption El restaurante localizado en el segundo piso del hotel Shangri-La quedó destrozado por una de las bombas.

El hombre de 41 años dice que, de no haberse demorado en ir a desayunar, se habría quedado atrapado en la explosión.

Arasaratnam asegura haber salido de su habitación alrededor de las 8:45am (03:15 GMT), cuando se enteró de que ocurrieron varias explosiones en hoteles e iglesias en diferentes ciudades del país.

"Algo me distrajo, así que volví a la habitación para tomar mi tarjeta de débito, abrí la cortina y apagué la señal de 'No molestar'... y se produjo un gran estallido", cuenta.

Según su testimonio, actualmente se encuentra en un refugio para emergencias. Allí, dice, "el olor a sangre está por todas partes", hay personas heridas que necesitan tratamiento y otros buscan a sus familiares desaparecidos.

"Es horrible ver a los niños cubiertos de sangre. Salí de Sri Lanka hace 30 años como refugiado y nunca pensé que tendría que ver esto de nuevo".

"Suerte de estar viva"

La turista Marisa Keller, de Londres, se hospedaba en el Shangri-La pero estaba fuera del hotel cuando ocurrió el ataque. Dijo que se sentía "con suerte de estar viva".

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Image caption El Hotel Kingsbury fue otro de los atacados en la capital.

"Un familiar llamó para decir que una bomba había estallado en el hotel", contó. "Vimos a las ambulancias en el hotel Cinnamon Grand [otro de los atacados] y le dijimos 'Tienes razón'".

"Luego volvimos al Shangri-La y vimos a todo el mundo afuera. El personal intentaba asegurarse de quién estaba a salvo y quién no".

"Había muchos cuerpos, sangre, ambulancias, policía", contó Keller.

"Un lado del hotel estaba bloqueado. Estaban permitiendo a la gente entrar otra vez debido al intenso sol".

"Escuché como una gran explosión"

Simon Whitmarsh, un médico galés retirado de 55 años, está de vacaciones en Sri Lanka.

Paseaba en bicicleta cerca de la ciudad de Batticaloa cuando escuchó lo que describe como un "gran explosión". Al instante vio "humo que se elevaba en el cielo a menos de un kilómetro de distancia".

Una explosión arrasó una iglesia en esa ciudad, mientras los fieles se reunían para los servicios religiosos de Pascua.

"Luego vimos las ambulancias, la gente llorando, y nos dijeron que abandonáramos el área", le cuenta Whitmarsh a la BBC.

Como expediatra, el hombre dice que se sintió obligado a ayudar a los afectados, así que se ofreció como voluntario en el hospital local.

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Image caption Las fuerzas de seguridad de la isla acordonaron el área alrededor del santuario de San Antonio en la capital, Colombo.

"En ese momento ya habían activado los protocolos de emergencia", dice. "El hospital estaba fuertemente custodiado por el ejército, que impedía la entrada de la gente".

"Todas las calles alrededor estaban cerradas. Había bastante organización".

Whitmarsh comenta que el toque de queda en todo el país -impuesto por las autoridades a raíz de las explosiones- ha vaciado por completo las calles en las que hasta hace solo unas horas había bullicio.

"Con el toque de queda no hay vehículos, ni hay gente caminando. Nada", dice. "Quedarse dentro de las casas es la instrucción".

Los turistas que están pensando en regresar a sus respectivos países, dice, no podrán hacerlo hasta que termine el toque de queda.

Análisis de Samanthi Dissanayake, editora de la BBC en Asia

El esfuerzo para frenar la especulación

Los políticos en Sri Lanka se esfuerzan por frenar la especulación sobre quién podría estar detrás de los eventos, y están instando a la gente a limitar la distribución de cualquier información a las pruebas reveladas por las fuentes oficiales. Cada declaración es un mensaje para que el país se enfoque en lamentar la tragedia, y no en buscar culpables.

Para muchos habitantes de Sri Lanka, estos ataques son una impactante escena retrospectiva de las décadas de violencia durante la guerra civil, cuando los separatistas de la etnia tamil se enfrentaron a las fuerzas gubernamentales. Ambos lados fueron acusados de brutalidad y violaciones a los derechos humanos.

Pero muchos nunca habían experimentado la escala de coordinación en apenas unas horas y por todo el país que tuvo lugar este domingo.

Sri Lanka cumplirá una década desde el final de la guerra el próximo mes. En esos diez años, parte de la violencia más fuerte se produjo contra la minoría musulmana. En marzo, hubo disturbios antimusulmanes en varias ciudades que solo finalizaron cuando fue declarado el estado de emergencia.

El gobierno dijo que restringió las redes sociales inmediatamente después de los ataques del domingo, e hizo repetidos llamamientos a garantizar la paz y la estabilidad. Sin duda, trató de contener cualquier discordia que pueda aflorar con la exaltación de sentimientos.

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