Nagorno Karabaj: el conflicto en el Cáucaso por el que Henrikh Mkhitaryan, estrella del Arsenal, no podrá jugar la final de la Europa League

Aniversario de la masacre de Jóyali n Karabaj en 1992 Derechos de autor de la imagen Getty Images
Image caption Una mujer llora frente al monumento "El llanto de la madre" en Bakú. El monumento conmemora la masacre de Jóyali en 1992 en Karabaj, uno de los incidentes más sangrientos y controvertidos de la guerra entre Armenia y Azerbaiyán por el control de la región de Nagorno Karabaj.

Este miércoles, dos equipos británicos —el Chelsea y el Arsenal— se enfrentan en la esperada final de la Europa League (Liga Europa).

Sin embargo, no todas las grandes estrellas del Arsenal participarán del encuentro que se lleva a cabo en Bakú, capital de Azerbaiyán.

Henrikh Mkhitaryan, mediocampista armenio de 30 años, decidió no viajar por motivos de seguridad.

"Es el tipo de partido que no se da con mucha frecuencia y admito que me duele mucho perdérmelo", afirmó el jugador, que no es la primera vez que se pierde un juego en Azerbaiyán como resultado de las tensiones políticas entre esta nación y Armenia, su país de origen.

El conflicto entre ambos países, que tiene como eje a la región montañosa de Nagorno Karabaj —un enclave de mayoría armenia situado en Azerbaiyán— es una de las tantas disputas no resueltas que dejó como legado la disolución de la Unión Soviética.

Aunque la guerra por el control de la región acabó formalmente hace 25 años con un acuerdo de alto el fuego, "siguieron registrándose escaramuzas, tuvieron lugar algunas batallas encarnizadas e incluso se produjo una guerra breve hace relativamente poco tiempo, en abril de 2016", le explica a BBC Mundo Konul Khalilova, editora del Servicio Azerí de la BBC.

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Image caption Henrikh Mkhitaryan confesó que le duele no jugar el partido.

Lejos del frente militar, la relación no es menos tensa.

"Los armenios no pueden viajar libremente a Azerbaiyán. Puede ser riesgoso para ellos si revelan su identidad, por las matanzas que se produjeron en ambos lados y por la propaganda de odio que existe aún hoy día", señala Khalilova.

No basta con ser armenio para no poder poner pie en Azerbaiyán. Sería muy complicado también para una persona de otra nacionalidad (y con otro pasaporte) pero de apellido armenio —algo que delata la terminación iano yan-: "las autoridades lo cuestionarían a fondo sobre los motivos de su visita, que solo podría hacer con un permiso especial", añade la editora.

Lo mismo ocurre con el viaje en sentido inverso.

"Si tú eres de Azerbaiyán, será igualmente peligroso viajar a Armenia, porque no hay garantías para tu seguridad si eres un ciudadano de a pie", argumenta Khalilova.

¿Pero de dónde surge este odio tan enraizado entre estas dos naciones que, pese a tener dos religiones diferentes —Armenia es mayoritariamente cristiana, mientras que Azerbaiyán es mayoritariamente un país musulmán— comparten tradiciones culturales, culinarias y musicales similares?

Las consecuencias del colapso de la Unión Soviética

Las raíces del conflicto se remontan a más de un siglo. Habitada por armenios cristianos y turcos azeríes durante siglos, la región pasó a formar parte del imperio ruso en el siglo XIX.

Ambos grupos vivieron relativamente en paz, aunque muchos recuerdan actos de brutalidad de ambas partes perpetrados a comienzos del siglo XX.

Al final de la I Guerra Mundial y la Revolución Bolchevique en Rusia, los nuevos gobernantes soviéticos establecieron a comienzos de los años 20 —como parte de su política de "divide y reinarás"— la Región Autónoma Nagorno Karabaj.

Esta autonomía de mayoría étnica armenia fue establecida dentro de la República Socialista Soviética de Azerbaiyán.

Pero a medida que el control soviético se fue tornando más laxo hacia finales de la década de 1980, las fricciones latentes entre armenios y azeríes empezaron a resurgir hasta que explotaron violentamente cuando el parlamento de la región votó en favor de unirse a Armenia.

Durante los enfrentamientos, en los que perdieron la vida entre 20.000 y 30.000 personas, la etnia armenia ganó el control de la región.

También ocuparon territorio de Azerbaiyán fuera de Karabaj, creando una zona neutra que conectaba a Karabaj con Armenia.

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Image caption La guerra entre Azerbaiyán y Armenia terminó formalmente hace 25 años con el cese el fuego. Sin embargo, todavía se registran escaramuzas, algunas batallas e incluso una guerra breve que tuvo lugar en abril de 2016.

Cuando se disolvió la Unión Soviética, a finales de 1991, Karabaj se declaró república independiente, acrecentando el conflicto a una guerra a gran escala.

Ningún país reconoce el estatus de facto que asumió Karabaj. Ni siquiera Armenia, que es su principal fuente de financiamiento y quien le da respaldo militar, lo reconoce oficialmente como Estado.

Alto el fuego

En 1994 se firmó un alto el fuego mediado por los rusos, que dejó a Karabaj, así como a franjas de territorio azerí alrededor del enclave, en manos de los armenios.

Durante los combates previos, en los que más de un millón de personas se vieron obligadas a huir de sus hogares, la población étnicamente azerí (cerca del 25% del total antes de la guerra) huyó de Karabaj y Armenia, mientras que las personas de etnia armenia abandonaron el resto de Azerbaiyán.

Ningún grupo ha podido regresar desde el final de la guerra.

Ambos lados han sufrido víctimas militares en instancias en las que se ha interrumpido el cese el fuego.

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Image caption La animosidad entre ambos pueblos aún persiste.

El incidente más serio tuvo lugar en abril de 2016, cuando decenas de soldados de ambas partes perecieron en un nuevo recrudecimiento de las hostilidades.

Desde la tregua, ha prevalecido el estancamiento en las negociaciones que en cada ocasión han culminado en fracaso.

A los azeríes les molesta la pérdida de tierra que consideran legítimamente suya, mientras que los armenios no muestran signos de estar dispuestos a devolverla.

No obstante, el cambio reciente de gobierno en Armenia (que llevó al poder al líder de oposición Nikol Pashinyan en mayo de 2018) "trae cierta esperanza", explica Tural Ahmedzade del Servicio Azerí de la BBC.

"El cambio ha traído cierto positivismo que no se había visto en décadas", aseguró Ahmedzale.

"El lado de Azerbaiyán ha hablado de reconstruir relaciones entre la gente de ambos países. Aunque eso no cambia el hecho de que el odio entre los dos lados se ha estado gestando por mucho tiempo y resulta muy difícil cambiar esa animosidad".

¿Miedo justificado?

¿Está Mkhitarya haciendo lo correcto al negarse a viajar a Azerbaiyán? Su decisión es evidentemente personal y es difícil especular con qué podría pasarle en caso de asistir, explica Ahmedzade.

Él recuerda que "en 2015 hubo dos ocasiones en las que atletas armenios viajaron a Azerbaiyán —una fue para los Juegos Europeos, una suerte de miniolímpicos en los que compitieron cerca de 20 atletas armenios en Bakú, y luego el campeonato mundial de ajedrez donde también participó un equipo armenio—. Los jugadores fueron protegidos por un equipo de seguridad y nadie resultó herido".

Sin embargo, añade, "es posible que Mkhitaryan, al ser el único armenio que esté en la cancha, pueda atraer particular atención".

Aunque las autoridades le garantizaron su protección —el ministro de Juventud y Deportes de Azerbaiyán, Azad Rahimov, aseguró que su seguridad esta garantizada al 100%— sus temores no son infundados.

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Image caption Tras 25 años de tregua, todavía quedan minas en las colinas de Nagorno Karabaj.

"Como resultado del conflicto Nagorno Karabaj, hubo 600.000 desplazados internos en Azerbaiyán y más de 300.000 refugiados que huyeron de Azerbaiyán hacia Armenia. Ambos lados sufrieron inmensamente y este trauma de guerra continúa vigente y genera una gran retórica nacionalista en los dos países que demoniza a la otra parte", añade Ahmedzade.

En eso coincide Khalilova. "Aunque las autoridades digan lo contrario, no hay garantías de seguridad en ningún lado de la frontera porque el nacionalismo está en niveles tóxicos en ambos lados".

Esto se aplica sobre todo a los ciudadanos de a pie, que no cuentan con la protección que se les ofrece a los deportistas o atletas.

En opinión de Khalilova, hubo hasta ahora razones políticas para mantener fresco el odio: "Ha sido una herramienta para los líderes de ambos lados para mantenerse en el poder y controlar a la gente".

La esperanza radica ahora en que, con un nuevo gobierno en Armenia, puedan salir de su estancamiento las negociaciones de paz.

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