Los extranjeros "explotados" en Japón tras llegar al país con un programa migratorio del gobierno

Tres trabajadores extranjeros en Japón que dicen haber sido explotados.
Image caption Varios trabajadores extranjeros en Japón dicen haber sido explotados.

La BBC habló con trabajadores migrantes que llegaron a Japón a través de un programa del gobierno que afirman que eran explotados y mal pagados en fábricas de ropa que trabajan grandes marcas internacionales. El esquema gubernamental fue criticado en los últimos años tras los reportes de explotación en miles de empresas japonesas, como descubrió la BBC.


Las nubes grises de una mañana nublada amenazan con romperse mientras un grupo de hombres y mujeres hacen algunos estiramientos matutinos en un parque.

Viven en un refugio establecido en esta ciudad plana e industrial, a unas cuatro horas en auto de Tokio, para recibir a los trabajadores migrantes que dejaron sus trabajos y están denunciando a sus empleadores.

Zhang levanta sus brazos lentamente, sus hombros están rígidos y siente un dolor agudo en la clavícula. A sus 51 años, es mayor que la mayoría de los otros internos.

Es una costurera experimentada y esperaba trabajar en Japón durante muchos años para ganar dinero y poder pagarle la boda a su hijo y ayudarlo a comprar su primera casa. Estaba encantada cuando el gobierno japonés cambió las reglas para permitir que las personas mayores pudieran inscribirse en el programa de pasantías.

Image caption Los trabajadores que viven en el refugio se ejercitan por las mañanas en un parque.

Largas jornadas sin días libres

En 2015 consiguió un empleo en una pequeña compañía textil. Pero dice que el trabajo era agotador.

"Trabajaba tanto que me dolía la cabeza y se me hinchaban las piernas", cuenta. "Lloraba de noche porque me dolía la cabeza".

Zhang afirma que comenzaba su jornada la mayoría de los días a las 6:30 de la mañana y terminaba después de la medianoche, y que durante los primeros seis meses no tuvo un solo día libre.

"(Nuestro empleador) decía que cuantos más artículos fabricáramos, más dinero ganaríamos. Así que trabajábamos muy duro".

Alrededor de un año y medio después, se dio cuenta de que no le pagaban por sus horas extra. Dice que su empleador tomaba dinero de su salario cada mes, prometiendo devolvérselo.

Image caption La costurera Zhang, de China, en el refugio para inmigrantes que se estableció después de que los trabajadores denunciaran a sus empleadores.

Otras dos mujeres que trabajaron en la compañía al mismo tiempo también hicieron acusaciones similares: su empleador tomaba dinero de su salario cada mes, que según ellas no fue devuelto.

También contaron que vivían y trabajaban en el mismo edificio y que a menudo no salían durante semanas.

La compañía lo niega. Sostiene que a Zhang se le pagó correctamente por sus horas extra y que no se tomó dinero de su sueldo. También dijo que "no se puede dar un solo día libre por mes".

Agregó que las acusaciones de que los empleados no podían salir del edificio eran falsas y enviaron una foto de su personal, incluido Zhang, sentado alrededor de una mesa en el comedor de un centro comercial, sonriendo y comiendo helado.

Image caption Zhang mostró fotos a la BBC que, según ella, incluyen las etiquetas de las prendas en las que trabajó.

En un reporte de 2017, el gobierno japonés reconoció el alcance de los abusos en el programa de pasantías técnicas. Encontró que el 70% de las 6.000 empresas que emplean pasantes técnicos habían violado las regulaciones laborales sobre horas extra.

Es una estadística asombrosa. Los activistas que trabajan con los migrantes dicen que este problema es especialmente frecuente en la industria textil.

El empleador de Zhang sostiene que fueron investigados por el departamento de trabajo local y que fueron exonerados de cualquier delito.

"Han arruinado mi salud por completo"

A la mitad de su programa de tres años, Zhang se reunió con un abogado que defiende a los trabajadores migrantes, quien le aconsejó que comenzara a documentar las horas que trabajaba.

Sus notas forman un manojo de cuadernos, llenos de principio a fin con caracteres chinos escritos a mano.

Ella afirma que las horas extra que le deben ascienden a casi US$50.000.

"Tiemblo solo de pensarlo", cuenta. "Los últimos tres años han arruinado mi salud por completo".

Una vez más, sus empleadores niegan esta acusación, argumentando que cumplen con todas las leyes laborales japonesas, incluidos el salario mínimo y las horas extra.

Image caption El refugio tiene un pequeño espacio de tierra donde los residentes pueden plantar vegetales mientras esperan que se escuchen sus casos.

Marcas internacionales

Zhang nos muestra fotos que tomó en su teléfono y que, según ella, incluyen las etiquetas de las prendas en las que trabajó. Algunas resaltan: las marcas internacionales Barneys New York y Comme des Garcons.

La ropa era difícil de hacer, dice Zhang, y ella era una de las pocas personas en las que confiaban para ello.

Presentamos nuestros hallazgos a Barneys New York y Comme des Garcons. Barneys dijo que no contrataron a esta compañía directamente, pero que estaban investigando estas acusaciones con sus proveedores.

Comme des Garcons también se distanció de esta fábrica. Después de su propia investigación, le dijo a la BBC que la compañía no estaba en su lista de proveedores aprobados y que fue contratada por un proveedor sin su conocimiento o consentimiento.

"Tenemos reglas estrictas... con respecto a las condiciones de trabajo, salud y seguridad del personal", sostuvo la compañía.

Agregó que su proveedor les aseguró que esto nunca volvería a suceder.

Más migrantes

Desde finales del año pasado, el programa de pasantías técnicas recibió mucha atención en los medios japoneses, presionando al gobierno para que haga algo al respecto. Se creó un organismo de supervisión para el esquema, pero los activistas dicen que estos esfuerzos son solo cosméticos.

Image caption El gobierno japonés creó un organismo de supervisión para el esquema de pasantías técnicas.

Ippei Torii es un representante sindical que trabajó con migrantes durante más de 20 años y se reunió con más de 1.000 aprendices que sufrieron abusos bajo el programa. Los problemas, dice, están profundamente arraigados en su estructura y en la sociedad japonesa.

"Japón no alerta a los trabajadores extranjeros sobre sus derechos", dice. "Y en Japón hay una distinción entre japoneses y extranjeros".

"Los pasantes no pueden hablar de sus problemas o luchar por sus derechos".

El problema no es solo del lado de Japón: muchos pasantes también tienen grandes deudas con las agencias de visas en sus países de origen.

"Si contratas a una persona local, no puedes salirte con la tuya pagándole un salario inferior al mínimo", dice Zhen Kai, un abogado de China que lleva trabajando con inmigrantes en Japón desde los años 90.

"Pero cuando contratas a alguien que no conoce el sistema legal, te puedes aprovechar porque está dispuesto a trabajar para ganar más dinero".

La BBC habló con pasantes técnicos que trabajaban para otras compañías y que denunciaron una intensa intimidación en su trabajo. El acoso a una joven fue tal que dice que trató de suicidarse.

Otro joven con el que hablamos perdió tres dedos después de que lo pusieron a trabajar con una máquina industrial para la que, según cuenta, no tenía el entrenamiento adecuado.

A finales del año pasado, el primer ministro de Japón, Shinzo Abe, anunció que el país tendría que recibir a más trabajadores extranjeros: aceptará 345.000 migrantes poco calificados en los próximos cinco años. Japón claramente necesita trabajadores extranjeros, pero lo que no está muy claro es si los quiere.

A medida que el país se prepara para aceptar a más inmigrantes que nunca en su historia, todavía tiene que considerar cómo trata a los que ya están aquí.

Reporteo adicional de Natalia Zuo.


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