Cómo Rusia, Turquía y Siria se benefician de su alianza ante el conflicto con los kurdos (y en qué lugar deja a EE.UU.)

El presidente ruso, Vladimir Putin, se da la mano con el presidente turco, Tayyip Erdogan, durante una conferencia de prensa luego de sus conversaciones en Sochi, Rusia, el 22 de octubre de 2019. Derechos de autor de la imagen Reuters
Image caption Los gobiernos de Turquía, Rusia y Siria parecen estar de acuerdo, pero ¿hasta cuándo?

La coreografía diplomática y militar es capaz de contar la historia en pocas palabras.

El presidente ruso, Vladimir Putin, se encontró este martes con su homólogo turco, Recep Tayyip Erdogan para reforzar y destacar el papel de Moscú como el posible garante de la estabilidad en el norte de Siria.

Ambos países establecerán pronto patrullas conjuntas para ayudar a delinear los límites de la nueva llamada zona de seguridad.

Por otro lado, a los vehículos de las fuerzas especiales estadounidenses que se retiran les arrojan verduras y basura mientras dejan a sus antiguos aliados kurdos a su suerte.

La incursión turca en Siria y la retirada de Estados Unidos tienen un enorme impacto tanto para Siria como para la región en general. Parte del alcance es inmediato y otra, potencialmente, se verá a largo plazo.

¿Una alianza ganadora?

Esto es, en primera instancia, una victoria para los turcos, para Rusia y para el gobierno sirio.

A primera vista, Turquía tiene una gran parte de lo que quería: mantiene sus tropas y milicias aliadas en esas áreas de Siria que ya controla.

Rusia y Siria parecen haber acordado garantizar la salida de las fuerzas kurdas de una amplia franja de territorio que atraviesa casi toda la zona fronteriza.

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Turquía comenzó el miércoles una operación militar contra los kurdos en el norte de Siria.

Rusia brinda su apoyo militar de larga data al régimen sirio en su nuevo estatus como el jugador externo esencial en Siria: el único actor capaz de negociar este tipo de acuerdo.

En concreto, Rusia ha vuelto a Oriente Medio y, sea cual sea la moralidad de algunas de sus operaciones aéreas sobre Siria, ha demostrado (a diferencia de Estados Unidos) que es un aliado confiable que puede obtener resultados.

Para el gobierno sirio también hay buenas noticias.

El presidente Bashar al-Assad extiende su control hacia el norte, aunque tuvo que aceptar la presencia turca en territorio sirio.

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Image caption La incursión turca en el norte de Siria tiene enormes implicaciones para la región.

Se trata de una etapa más para asegurar una victoria para el régimen sirio que, al comienzo de la guerra civil, la mayoría de los analistas consideraban poco probable, o imposible.

Turquía, Rusia y Siria parecen estar de acuerdo por ahora. ¿Pero cuánto durará? ¿Se volverá permanente el control de Turquía sobre el territorio sirio?

¿Qué dirán los kurdos? Ellos están en una gran desventaja, pero ¿sucumbirán dócilmente ante el conjunto ruso-turco? ¿Qué alternativa tienen, si es que la hay?

Revés diplomático

Si los kurdos son los perdedores inmediatos más evidentes, Estados Unidos experimentó un importante revés diplomático.

El presidente Donald Trump puede tener razón en que poner fin a las guerras extranjeras, en resumen, es una idea popular en Estados Unidos.

Pero hay formas y medios de hacerlo.

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Image caption En el conflicto de Siria, los kurdos son evidentemente los mayores perdedores.

Una salida precipitada de las fuerzas estadounidenses, que deja a un aliado en peligro, envía todas las señales equivocadas en un momento en el que el prestigio y la confiabilidad de EE.UU. en la región ya están siendo cuestionados.

El manejo del gobierno estadounidense de los presuntos ataques iraníes contra las instalaciones petroleras sauditas resaltó el problema.

El ataque, que demostró la vulnerabilidad de un elemento clave de la economía saudita, pasó sin una respuesta clara de Estados Unidos.

Washington parecía feliz de que los sauditas tomaran las riendas de la crisis y el refuerzo de defensas aéreas con aviones y misiles estadounidenses probablemente llegó demasiado tarde para restablecer la destrozada confianza de los sauditas.

Para muchos en el Golfo y en Israel, el presidente Trump habla con valentía pero no tiene continuidad.

En términos más generales, y esto es algo que muchos comentaristas y diplomáticos estadounidenses han comentado, el enfoque transaccional del presidente en los asuntos exteriores parece carecer de una dimensión estratégica.

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Image caption El vacío dejado por Donald Trump cuando decidió retirar sus tropas del norte de Siria ha sido visto por Rusia como una oportunidad para imponerse como mediador en la crisis.

Y esto contrasta con el enfoque de Putin.

El presidente de Rusia aprovechó una contribución militar relativamente modesta apoyando al gobierno de Assad y, por lo tanto, transformando a Rusia en un jugador clave en la diplomacia de la región, y atrayendo hacia su órbita a un miembro clave de la OTAN como Turquía, que desde hace mucho tiempo no está contento con la simpatía de Washington hacia los kurdos en Siria.

El hecho de que las ganancias de Rusia provengan en gran medida de los fracasos de Estados Unidos no contribuye a cambiar el equilibrio de la ventaja estratégica.

De hecho, la capacidad de Rusia de jugar con el descontento turco hacia sus aliados existentes agrega otro elemento a la mezcla.

El comportamiento de Turquía le está dando a la alianza de la OTAN un incómodo cumpleaños número 70.

Los representantes de la OTAN, algo perturbados, se han esforzado para expresar su comprensión de las preocupaciones de seguridad de Turquía.

Pero está claro que Turquía se encuentra actualmente en un camino que lo está alejando de la OTAN (y algunos dirían que, en general, de Occidente).

Después de todo, esta es la Turquía que a principios de este año compró un avanzado sistema ruso de misiles, un paso casi impensable para un miembro de la OTAN.

Si la deriva estratégica del gobierno de Trump continúa, entonces el impacto de estos eventos a largo plazo podría ser considerable y funcionar en direcciones contradictorias.

En el Golfo, la respuesta de los sauditas y sus aliados parece ser cautelosa en explorar algún tipo de acercamiento con Irán.

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Image caption La salida de tras tropas estadounidenses de Siria fue duramente criticada por dejar a los kurdos a su suerte.

En contraste, en Israel, podría hacer que un conflicto inminente con Teherán sea más probable.

Irán puede juzgar que Estados Unidos ya no tiene el respaldo de Israel de la misma manera.

Y hay pocas dudas de que la retirada de Estados Unidos de Siria haya provocado un replanteamiento estratégico significativo en Israel.

¿Qué pasará con Estado Islámico?

Otra gran incógnita es qué impacto tendrán estos movimientos en el noreste de Siria con el autodenominado Estado Islámico (EI).

Claramente, el mayor temor occidental es que haya un resurgimiento de la violencia de EI a medida que los combatientes escapen de los campamentos o centros de detención.

¿Continuarán estos lugares siendo seguros? ¿Y hasta qué punto podrán hacer frente los turcos, los sirios y los rusos si hay tal resurgimiento?

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Image caption La operación militar turca en el norte de Siria ha causado decenas de muertos y miles de desplazados.

Esta es una respuesta rápida a un conjunto complejo de eventos.

Por ahora, Rusia está indudablemente mejor posicionado y Estados Unidos está peor.

Pero incluso entre aquellos países que parecen estar de acuerdo, hay fisuras.

Turquía no tiene todo lo que quería. Rusia tiene una historia llena de contratiempos con Turquía, al igual que con Siria. Irán, el otro aliado clave de Siria, no está contento con la incursión turca.

Queda mucho espacio aún para la fricción.

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