Carlos Ghosn: qué es el "sistema de rehenes" de la justicia japonesa y por qué el expresidente de Nissan no es el único que lo critica

Carlos Ghosn. Derechos de autor de la imagen AFP
Image caption Carlos Ghosn ha dicho que no ha huido de la justicia sino "escapado de la injusticia y la persecución política".

Después de su misteriosa huída, el ahora fugitivo expresidente de Nissan, Carlos Ghosn, asegura que no escapó de la justicia sino de "la injusticia y la persecución política" japonesa.

Su repentina partida hacia el Líbano ha vuelto a poner el foco sobre el poder judicial japonés, muchas veces criticado y descrito como un "sistema de rehenes de la justicia".

Se trata de un término que pocos fuera de Japón habrán escuchado hasta ahora, pero ¿qué significa?

Viviendo en Japón, es fácil estar satisfecho con los niveles de criminalidad del país: son increíblemente bajos.

Frecuentemente esto es atribuido a una cultura homogénea, la pequeña brecha de ingresos existente en el archipiélago y una tasa de ocupación alta, pero también es cierto que a muchas personas les aterroriza el solo hecho de pensar que podrían ser arrestadas.

Obtuve el primer indicio del por qué en 2014, cuando una artista que conocía, Megumi Igarashi, fue detenida por distribuir "material obsceno".

Igarashi había escaneado digitalmente sus genitales y utilizó las imágenes para fabricar artículos; hizo desde llaveros hasta un gran kayak amarillo.

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Image caption El caso de Igarashi causó polémica en Japón, un país con leyes estrictas con respecto al sexo.

La mayoría de la gente lo encontró gracioso y la joven se ganó el pseudónimo de "artista de la vagina".

Pero a los fiscales de Tokio no les dio risa y la mantuvieron incomunicada durante tres semanas.

"¿Por qué demonios la retendrían durante tres semanas por algo tan tonto?", le pregunté a una amiga.

Ella simplemente respondió: "Porque pueden".

Presión para confesar

"El sistema de justicia penal japonés se centra en interrogatorios. El objetivo es obtener una confesión", explica Nobuo Gohara, quien trabajó 23 años en una fiscalía antes de renunciar.

Ahora se dedica a prácticas privadas y promueve campañas para reformar el sistema de justicia de Japón.

"Un sospechoso que admite un crimen es liberado de prisión", indica Gohara.

"Pero si una persona se niega a admitir un delito, la fiscalía se opondrá a la liberación del sospechoso hasta que este realice una confesión".

Esto fue lo que le pasó a Tomohiro Ishikawa.

En 2010, el entonces diputado fue arrestado y acusado de aceptar sobornos. Por tres semanas, estuvo recluido en una pequeña celda sin calefacción. Todos los días, era interrogado durante 12 horas sin un abogado presente, así que terminó por admitir un delito menor.

Hoy, casi 10 años después, al exfuncionario todavía le queda un sabor amargo.

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Image caption Tomohiro Ishikawa estuvo recluido durante tres semanas en una celda pequeña, era interrogado por horas todos los días y terminó por admitir un delito menor.

El 89% de las condenas son por confesiones

"Los fiscales japoneses son muy insistentes", me dijo. "Escriben la trama antes de llevar a cabo el arresto".

"Luego te obligan a confesar de acuerdo a la historia que han escrito. En mi interrogatorio, no escribieron lo que yo había dicho. (En cambio) me mostraron lo que habían preparado de antemano, y luego me exigieron que lo firmara. Les dije muchas veces que no lo firmaría, porque eso no era lo que yo había dicho".

"A veces me gritaban. Una vez, el fiscal jefe adjunto comenzó a llorar preguntándome por qué estaba mintiendo".

Esta presión para confesar es preocupante: el 89% de las condenas penales en Japón se basan parcial o totalmente en confesiones.

Existen numerosos ejemplos de personas que pasan años en prisión por delitos que no cometieron y de casos que han levantado dudas debido a confesiones aparentemente "inseguras".

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Image caption Iwao Hakamada todavía lucha para limpiar su nombre.

Iwao Hakamada, un exboxeador profesional fue sentenciado a muerte por un asesinato en 1968. Su condena se basó en una confesión que hizo durante un interrogatorio prolongado, que más tarde retiró.

En 2014, después de pasar 46 años en el corredor de la muerte, Hakamada fue puesto en libertad porque su sentencia fue consideraba imprudente y no había pruebas que apoyaran la confesión.

Con 82 años, el exboxeador todavía está luchando por limpiar su nombre mientras espera otro posible juicio.

El poder de los fiscales japoneses

Para Nobuo Gohara, la raíz del problema es el enorme poder que tienen los fiscales en Japón.

"Según la ley japonesa, la fiscalía tiene el derecho exclusivo de acusar. También cuentan con el derecho de retirar los cargos. Esto significa que pesa mucho en el sistema de justicia penal japonés. Además de eso, en la mayoría de los casos, los tribunales siguen las decisiones del fiscal".

En un editorial reciente en el Japan Times, el profesor de derecho de la Universidad de Doshisha, Colin Jones, escribió sobre la extraordinaria posición que tienen los fiscales superiores en la nación asiática.

"Si bien el principal funcionario del Ministerio de Justicia es aparentemente el viceministro administrativo, en realidad, es inferior tanto en términos de antigüedad como de salario al fiscal general y a varios otros fiscales superiores y, a diferencia de la mayoría de los otros burócratas de alto rango, los rangos se designan a través de un proceso que requiere la certificación del Emperador ", dijo.

Este es el sistema contra el cual se enfrentan los acusados, como Carlos Ghosn, donde si no confiesas, serás retenido más tiempo y probablemente te impondrán cargos más serios.

Si los fiscales presentan cargos, tus posibilidades de ser declarado culpable son del 99%.

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Image caption El exmagnate dice que está siendo tratado como culpable antes de que pueda probar su inocencia.

"Oficialmente, existe la presunción de inocencia", dice Gohara. "Pero incluso si el sospechoso no es culpable, tienen una ventaja al admitir el crimen. Este es el efecto más perverso del sistema de rehenes de la justicia en Japón".

Después de los primeros 23 días de detención, el calvario no termina necesariamente.

Los fiscales pueden volver a arrestar a un sospechoso con una acusación ligeramente diferente, con la aprobación de los tribunales. El reloj se reinicia y comienzan otros 20 días de interrogatorio.

Esto es lo que le pasó a Carlos Ghosn, dos veces. En total, estuvo recluido y siendo interrogado por 53 días antes de ser acusado formalmente.

Sin derecho a fianza

En muchos países, la acusación formal sería el detonante de la liberación bajo fianza de un sospechoso.

Pero no en Japón, como recientemente lo pudo comprobar Carlos Ghosn.

En una entrevista reciente con la agencia de noticias francesa AFP, Ghosn dijo que la negativa del tribunal de Tokio de concederle una libertad bajo fianza "no sería normal en ninguna otra democracia". El exmagnate acusó al tribunal de "castigarlo antes de declararlo culpable".

Finalmente a Ghosn se le permitió hablar con miembros de su familia, pero solamente durante 15 minutos al día y a través de una ventana de vidrio.

Comparamos su caso con otro arresto reciente de otra personalidad de alto perfil, esta vez en Canadá.

El 1 de diciembre del año pasado, la empresaria china Meng Wanzhou fue arrestada en el aeropuerto de Vancouver.

Wanzhou es la directora financiera del gigante chino de telecomunicaciones Huawei. En Estados Unidos, es acusada de conspirar para violar las sanciones a Irán.

Diez días después de su arresto, el 11 de diciembre, Wanzhou fue liberada bajo fianza por 10 millones de dólares canadienses (US$7.6 millones). Ahora vive en una de sus dos casas en Vancouver y está obligada a usar una etiqueta electrónica en el tobillo.

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Image caption Meng Wanzhou, directora financiera de Huawei, simplemente tiene que usar una etiqueta electrónica en el tobillo en Canadá.

Los defensores del sistema japonés niegan que las confesiones estén detrás de la tasa de condenas del 99,9%.

Aseguran que la cifra se debe a que los fiscales japoneses acusan a una tasa mucho más baja que los estadounidenses. En otras palabras, solo acusan cuando están seguros de que pueden ganar.

En 2015, la tasa de enjuiciamiento fue del 33,4%, según cifras oficiales.

Los guardianes de la justicia

Pero el caso de Carlos Ghosn plantea varias preguntas.

Algunos abogados me han dicho que el caso en su contra parece débil. En un editorial en el periódico Nikkei, el abogado corporativo Stephen Givens describe el caso como una "sopa aguada".

"Según cualquier medida objetiva, la mala conducta alegada fue menos grave que la mala conducta corporativa que habitualmente se pasa por alto en Japón", escribe.

Entonces, ¿por qué la unidad especial de investigación de la fiscalía de Tokio persigue este caso con tanta insistencia?

Ishikawa cree que el verdadero crimen de Ghosn, ante los ojos de la élite procesal de Japón, es la avaricia. Fue el primer director ejecutivo en Japón en ganar millones de dólares al año, y eso cambió la cultura corporativa japonesa.

"La fiscalía de Tokio está impulsada por la creencia de que son los guardianes de la justicia. En una época de desigualdad económica, (los fiscales) quieren hacerse celebres por ser los que pillaron a los ricos".

La huida de Ghosn puede haber sido influenciada por otro aspecto del sistema de justicia japonés: no es posible ser juzgado dos veces por la misma causa.

Incluso si hubiera sido declarado inocente, la fiscalía podría haber simplemente apelado ante el tribunal superior para que se anule ese veredicto.

Según los críticos, es otra razón por la que tantos sospechosos criminales japoneses terminan confesando.

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