Los Miliband: drama familiar en política británica

Ed y David Miliband
Image caption Ed Miliband (izquierda) derrotó a su hermano David en la lucha por el liderazgo del Partido laborista británico.

Este año, la conferencia anual del opositor Partido Laborista británico -que concluirá el próximo 30 de septiembre- se ha visto marcada por un pequeño drama familiar que se ha vivido en directo, bajo la atenta mirada de los periódicos y las cámaras de televisión.

Para hacerse con el liderazgo del laborismo, Ed Miliband tuvo que vencer a otros cuatro candidatos, entre los que se destacaba su hermano mayor, David.

Este último fue, durante mucho tiempo, el favorito para quedarse con el puesto que hasta hace poco ocupaba el ex primer ministro Gordon Brown. David fue el primero de los dos hermanos en anunciar su candidatura.

Durante el paso de ambos por el anterior gobierno laborista, en el poder hasta su derrota electoral en mayo pasado, también fue David el que ocupó los puestos de más jerarquía, convirtiéndose en uno de los ministros de Relaciones Exteriores más jóvenes de la historia del Reino Unido.

Pero el pequeño Ed acabó con el sueño de su hermano mayor el sábado pasado, al derrotarlo con una diferencia menor al 1% de los sufragios en la carrera por encabezar el principal partido de oposición británico.

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Conviviendo con la derrota

El mayor de los Miliband encajó el golpe con dignidad.

Image caption David Miliband fue el primero en felicitar a su hermano, Ed, por la victoria.

Felicitó a su hermano. Hizo un llamado a la unidad del partido. Y no ha dejado de participar en las actividades de la convención, a pesar de su obvia decepción y el escrutinio al que desde entonces han estado sometidos todos sus gestos y movimientos.

Este miércoles también anunció que no se postularía para un puesto en el "gabinete en la sombra", el equipo dirigente del partido de oposición, para evitar convertirse así en una distracción para su hermano Ed.

"No quiero alimentar los esfuerzos destructivos por encontrar divisiones donde no las hay, grietas donde no existen, todo en detrimento de la causa del partido", explicó.

Los medios, sin embargo, han hecho todo lo posible por mantener vivo el drama, informando por ejemplo sobre las lágrimas de su esposa durante el discurso de aceptación del nuevo líder.

Y han corrido ríos de tinta analizando el impacto psicológico de ser derrotado por un hermano menor y los instintos atávicos detrás de las rivalidades fraternales, en medio de incontables referencias a Caín y Abel y a los hermanos Kennedy.

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"Momento difícil"

En una entrevista con la BBC, el nuevo líder laborista se vio obligado a reconocer que la relación con su hermano estaba atravesando "un momento difícil", aunque se declaró confiando en que su cariño mutuo iba a soportar la prueba.

Ed Miliband también dijo que no sentía que le había robado el puesto a David, pues la decisión no la había tomado él sino el Partido Laborista.

"Por supuesto que me preocupo por él y por mi familia pero pienso que hice lo correcto al presentarme (como candidato).

"El principal obstáculo para mi candidatura fue mi relación con David, pero pensé sobre el tema larga y cuidadosamente. Al final llegué a la conclusión que si tenía algo diferente que decir, si creía que yo sería el mejor líder para el partido, no presentarme sería renunciar a mis responsabilidades", dijo Miliband durante una comparecencia en el programa Today, de la BBC.

Por lo pronto el tema ha llegado a relegar a segundo plano las propuestas programáticas que han empezado a esbozarse en la reunión, con las que los laboristas intentarán volver a entusiasmar a un electorado que, en mayo pasado, le dio la espalda por primera vez en 13 años.

Y todavía está por verse si las últimas declaraciones del mayor de los Miliband, y su decisión de pasar a un segundo plano dentro del partido, lograrán poner punto final a las especulaciones.

Algunos verán la decisión de David como un legítimo esfuerzo por ponerle fin a la telenovela.

Para otros, será una prueba de la falta de voluntad del hermano mayor para ponerse a las órdenes del más pequeño.

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