Japón o el regreso del keynesianismo

Primer Ministro Kan y presidente Barak Obama
Image caption El primer ministro Kan y el presidente Barak Obama: amigos keynesianos.

La política económica de los países desarrollados navega con un rumbo incierto.

Los paquetes de estímulo fiscal que siguieron al estallido de la crisis financiera en 2008 fueron sustituidos por paquetes de ajuste este año y un aparente entierro del keynesianismo (intervencionismo) en todos menos Estados Unidos.

Este viernes, Japón -abanderado hasta hace poco de la ortodoxia fiscal- anunció un plan de estímulos económicos de más de US$60.000 millones, centrado en apoyar a las pequeñas y medianas empresas.

La medida parece obedecer a un cambio integral de estrategia del gobierno del primer ministro Naoto Kan.

Intervención fiscal, cambiaria y monetaria

El paquete todavía tiene que ser aprobado por el Parlamento, pero profundiza el cambio de dirección del gobierno que se ha inclinado en las últimas semanas por una política de activa intervención económica.

A mediados de septiembre, el Banco Central actuó sobre el mercado cambiario para evitar una mayor valorización de su moneda -el yen- que encarezca sus exportaciones, el pilar económico japonés.

Image caption G20 en Toronto: más ajuste que estímulo.

Esta semana bajó las tasas de interés prácticamente a cero y anunció una inyección monetaria en la economía para estimular el crédito y el consumo.

Ahora, en perfecta tradición keynesiana, anuncia esta inversión fiscal como parte de un presupuesto extraordinario.

Todo esto sorprende en un gobierno que en junio prometía una ajuste fiscal para evitar una crisis como la de Grecia.

Es cierto que, al menos en los papeles, Kan va a financiar el nuevo estímulo fiscal con el superávit presupuestario de la gestión anterior, sin emitir bonos de deuda.

Pero su viraje lo enfrenta a la mayoría de los países de la Unión Europea, abocados a fuertes planes de ajuste, y lo pone en sintonía con el gobierno del presidente Barack Obama.

EE.UU., Japón y el G20

Obama está impulsando un nuevo paquete de inversión fiscal de US$50.000 millones en carreteras, ferrocarriles y aeropuertos.

No hay garantías de que la minoría republicana en el Congreso apruebe este estímulo fiscal, ni que sea la solución mágica del problema, pero marca una clara línea divisoria en la estrategia que se plantean distintos países desarrollados.

En la cumbre de Toronto del G20, en abril, EE.UU. apareció aislado entre las naciones desarrolladas con su llamado a un nuevo estímulo fiscal para reactivar la economía.

Ahora tiene a Japón de su lado.

El veredicto final lo dará la realidad en los próximos 12 meses, que determinará cuál de las estrategias ha servido para rescatar a las economías desarrolladas de su actual empantanamiento.

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