Análisis: Nobel de la Paz, el premio de la polémica

Poster pidiendo la liberación de Liu Xiaobo
Image caption La decisión de darle el Nobel de la Paz a Liu Xiaobo alegró a muchos y dejó descontentos a otros.

"Estamos acostumbrados". Palabras más, palabras menos, así respondió el presidente del Comité Nobel, Thorbjoern Jagland, a la pregunta de si el gobierno de China los había presionado para evitar la entrega del Premio Nobel de la Paz al disidente político chino Liu Xiaobo.

"Todos los años nos presionan (…). No es algo anormal", afirmó Jagland.

Y aunque seguramente los miembros de la Academia Sueca, el Instituto Karolinska y la Real Academia Sueca de Ciencias -que deciden a los ganadores de los premios de Literatura, Medicina, Física, Química y Economía- también son objeto de presiones y halagos, parece poco probable que estas alcancen el nivel de las que rodean al Nobel de la Paz.

Esto tiene mucho que ver con la clara dimensión política del premio, evidente en la naturaleza misma de la institución que designa al Comité encargado de asignar el galardón: el Parlamento noruego.

Image caption De todos los premios Nobel, el de la Paz es el que genera más polémica.

Y, sobre todo, con su capacidad para darle mayor visibilidad y legitimidad a temas y luchas que, en otras circunstancias, pasarían desapercibidas para el gran público.

El galardón reconoce además a personalidades y esfuerzos vinculados con temas más familiares que, por ejemplo, las reacciones químicas con catalizadores de paladio, que fueron reconocidas con el Nobel de Química 2010.

Y eso hace más probable que más gente tenga opiniones al respecto.

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De Kissinger a Obama

Las decisiones tomadas por el Comité a lo largo de los años tampoco han ayudado.

Muchos todavía no entienden la entrega del premio Nobel de la Paz a Barack Obama cuando éste aún no había cumplido ni un año de su mandato.

El reconocimiento entregado en 1993 a Frederik de Klerk, el último presidente de Sudáfrica durante el apartheid, se le atragantó incluso al propio Nelson Mandela, quien también obtuvo el galardón ese año.

Y son varios los gobiernos que, como China este año, han reaccionado furiosos a la decisión de premiar a personalidades vinculadas a causas o personajes que les resultan "incómodos".

Ese ya fue, por ejemplo, el caso de Polonia en 1983, cuando el ganador fue Lech Walesa. Y en 1989 China también expresó su disconformidad con la elección del líder espiritual del Tíbet, el Dalai Lama.

La decisión más polémica de todas, sin embargo, probablemente haya sido la entrega del Nobel de la Paz de 1973 a Henry Kissinger, quien se desempeñó como Consejero de Seguridad Nacional de EE.UU. de 1965 a 1973.

El también Secretario de Estado de EE.UU. de 1973 a 1977, fue reconocido por el Acuerdo de París de 1973, el que pretendía lograr "un cese al fuego en la guerra de Vietnam y la retirada de las fuerzas estadounidenses".

El acuerdo no logró su objetivo. Y la acusación de haber alentado numerosas violaciones de derechos humanos ha perseguido hasta el día de hoy al principal arquitecto de la política exterior estadounidense durante casi una década.

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Adaptándose a los tiempos

Esos nombres claramente no gozan del mismo nivel de consenso que en su momento rodeó al ganador de la primera edición del Nobel de la Paz: Jean Henri Dunant, el fundador del Comité Internacional de la Cruz Roja.

Pero tal vez eso no sea necesariamente un problema.

Image caption El legado de Alfred Nobel se ha ido adaptando a los tiempos.

Después de todo, en algunos casos el nivel de polémica es proporcional a la importancia del tema o a su dificultad.

Y las discusiones que genera son a menudo discusiones necesarias, que de otra forma tal vez se continuarían evitando, o postergando indefinidamente.

Por ejemplo, según el testamento de Alfred Nobel el galardón debe ir "a la persona que haya trabajado más o mejor en favor de la fraternidad entre las naciones, la abolición o reducción de los ejércitos existentes y la celebración y promoción de procesos de paz".

Y la reacción de China al nombramiento de Liu Xiaobo fue la de señalar que la decisión no se correspondía con esos objetivos.

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Al anunciar al ganador del Nobel de la Paz 2010, el presidente del comité a cargo, Thorbjoern Jagland, insistió en que existe una " estrecha conexión entre derechos humanos y paz".

Y la idea de hacer de los derechos humanos un criterio a partir del cual juzgar los méritos de la paz, la estabilidad o el desarrollo económico, no parece necesariamente una mala idea.

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