EE.UU. / elecciones: A veces se gana perdiendo

Barack Obama

Las elecciones de mitad de período rara vez han sido favorables para los nuevos presidentes.

El mandatario Ronald Reagan sufrió enormes pérdidas de escaños en el Congreso en su primera elección de mitad de período en 1982. En 1994, la derrota de Bill Clinton fue tan devastadora que un reportero le preguntó si la presidencia seguía siendo relevante.

Pero ambos hombres ganaron la reelección por un margen sustancial.

Lo que pasará en 2010 aún es incierto, pero para el actual presidente de Estados Unidos, Barack Obama, una repetición de lo que le ocurrió a esos dos predecesores podría ser lo mejor que le pase a su presidencia e incluso al país.

¿Por qué?

La victoria de Obama en 2008 no fue ideológica.

Los votantes afectados por el huracán Katrina en Estados Unidos querían un cambio. Querían soluciones a los problemas y querían consenso. En resumen, querían un gobierno que funcionara.

Con su juventud y su habilidad para comunicarse con la izquierda y la derecha, no hay duda de que los estadounidenses tenían expectativas muy altas con respecto a Obama.

Pero el nuevo presidente descubrió rápidamente que su ilusión de terminar con divisiones partidistas chocaban con la hiperpolarización de la política en Washington DC y con varias potenciales catástrofes simultáneas que acapararon su atención.

Ira y desilusión

Por su parte, los republicanos no sólo estaban resentidos por la derrota, sino por haber perdido buena parte de su propia base durante los años en que George W. Bush fue presidente, cuando contaban con una mayoría en el Congreso.

Por ello, los republicanos concluyeron que era de su interés apuntalar esa base conservadora proporcionando un frente sólido de oposición a las principales iniciativas de reforma de Obama.

Actualmente, los republicanos gozan de un firme apoyo de la base conservadora, reforzados por independientes de tendencia conservadora.

Al mismo tiempo, Obama trató de encontrar un camino intermedio y dividir su base entre los demócratas moderados que querían un cambio y le deseaban éxito, y los liberales de línea dura y progresistas, que querían una reforma más fuerte y lo consideraban demasiado indulgente.

En vísperas de las primeras elecciones de mitad de período bajo la presidencia de Obama, nos encontramos con la ira de la derecha -que en particular se expresa a través del Tea Party- y la desilusión de la izquierda.

En estas circunstancias, es difícil predecir un resultado exacto, porque todavía no sabemos quién va a votar.

Los republicanos y los conservadores son claramente los más entusiastas. Sin embargo,a principios de octubre surgieron algunas evidencias de que la base demócrata estaba energizándose, no tanto porque respaldan a Obama y a sus reformas "débiles", sino porque sienten un temor genuino de que ganen los ultraconservadores nominados por el Tea Party.

Pónganle el freno

Lo que está claro es que muchos votantes no afiliados desdeñan a los dos partidos tradicionales.

En una encuesta realizada por la empresa Zogby International para los Blue Dog Democrats -una coalición de demócratas conservadores en la Cámara de Representantes-, los consultados no partidaros sólo otorgaron una calificación de 13% favorable a los demócratas del Congreso y de 5% a los republicanos en el Capitolio.

Image caption Hay ira por parte de la derecha y desilusión de la izquierda.

En ese contexto, es muy difícil determinar en última instancia por quién votarán los electores, o incluso si acudirán a las urnas electorales.

Así que no estoy seguro del resultado exacto de las elecciones, pero lo que parece cierto es que los demócratas perderán escaños en ambas cámaras.

Y, como siempre es el caso, el mensaje que surgirá de la votación será más grande que la suma de sus partes. El mensaje será: no revoquen la agenda de Obama, pero pónganle freno.

Los votantes, muchos de los cuales ven que se gastan miles de millones de dólares y aún no ven el retorno de su inversión, dirán: "Desaceleren".

No van a votarán para rechazar al presidente o para recompensar a los republicanos. Lo que querrán es repetir su mensaje de 2008: "Más resolución de problemas y más consenso, por favor".

Este enfoque le permitiría a Obama lograr más y suavizaría la imagen de los republicanos.

Si ambas partes continúan bajo la trayectoria hiperpartidista actual, habrá que buscar un tercer partido que le hará un daño real a ambos en 2012.

En cambio, si demuestran que pueden resolver los problemas mediante el trabajo conjunto limitarán el daño.

Para Obama, el mejor escenario posible es que ambas partes salgan castigadas y que tanto republicanos como demócratas en el Congreso tengan que luchar por su supervivencia.

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