Puerto Rico: el país sin bicentenario

Banderas de EE.UU. y de Puerto Rico (foto Pablo Esparza)
Image caption Los puertorriqueños también tienen la ciudadanía estadounidense.

Desfiles militares y grandes fiestas populares fue la combinación elegida por los países latinoamericanos para conmemorar los 200 años de sus respectivas independencias. Este ciclo comenzó en 2009 en Bolivia y se extenderá a lo largo del Siglo XXI en distintas partes del continente, pero hay una nación que no tienen fecha en ese calendario: Puerto Rico.

De ser una de las tantas colonias españolas en suelo americano, la isla pasó a manos de Estados Unidos en 1898 como corolario de la guerra hispano-estadounidense librada en aquel año. Desde 1952 ostenta el rango de Estado Libre Asociado (ELA) y desde entonces arrastra una historia de controversias –a veces violentas– en torno al estatus jurídico del país.

Hoy Puerto Rico elige a su gobernador, pero no al presidente y tiene un representante en el Capitolio con voz pero sin voto.

Ante ese modo de organización política son al menos tres las tendencias que conviven con distintos niveles de adhesión. Están los independentistas que reivindican una autonomía completa, los que defienden el estatus actual y los que promueven la "estadidad", palabra con que se designa la idea de convertir al país en un estado más de EE.UU.

Por la ruptura

Dos nacionalistas puertorriqueños irrumpieron a los tiros en Blair House, una residencia aledaña a la Casa Blanca donde vivía el entonces presidente Harry Truman. Fue el 1 de noviembre de 1950.

Las crónicas de aquel hecho ocurrido en Washington hace 60 años agregan que uno de los atacantes y uno de los custodios oficiales murieron en esa acción armada que se produjo dos días después del "Grito de Jayuya". Con ese nombre se recuerda a una insurrección contra EE.UU. ocurrida en la isla caribeña, que proclamó la República de Puerto Rico.

Aunque el proyecto no cristalizó, la fecha es recordada como un hito por aquellos que promueven la causa independentista. El "Grito de Lares" de 1868 contra España es otro de los acontecimientos que evocan quienes hoy sostienen que el país "pasó de manos de un imperio a otro".

En esa línea se inscribe el Partido Independentista que considera que Puerto Rico "continúa siendo una colonia", como explica su secretario para las Relaciones con Norteamérica, Manuel Rodríguez Orellana.

Rodríguez Orellana define al país como "una colonia que viene luchando por su existencia, por su afirmación nacional". Según su análisis, "de la única forma que lo ha conseguido hasta el momento es mediante su afirmación cultural".

"El problema fundamental es la dependencia que ha creado EE.UU. en los puertorriqueños y la mentalidad de que somos demasiado pequeños y que sin los norteamericanos nosotros no podemos hacer nada", dice.

Por la continuidad

Image caption Puerto Rico elige al gobernador y tiene un representante en el Congreso de EE.UU. con voz pero sin voto.

Distinta es la visión del portavoz en el Senado del Partido Popular Democrático, José Luis Dalmau, quien considera que la concesión del estatus de Estado Libre Asociado, en 1952, fue "un paso de avance".

En ese sentido enumera una serie de logros como el hecho de que la isla tenga su propia Constitución. "Puerto Rico tiene su gobierno propio, que lo elige democráticamente, y tiene autonomía fiscal", explica.

Para Dalmau, la relación con EE.UU. "ha sido una donde compartimos la moneda, la ciudadanía, el ámbito militar y el área económica".

"Muchos le han llamado al ELA lo mejor de dos mundos. Tenemos los beneficios, no pagamos contribuciones, tenemos ciudadanía (estadounidense) y ciertamente eso ha permitido que Puerto Rico se desarrolle".

Aunque está de acuerdo con mantener el estatus actual, el Partido Popular Democrático admite que la relación con EE.UU. "debe revisarse".

Uno de los aspectos tiene que ver con las "leyes de cabotaje" que obligan a utilizar la marina mercante estadounidense "que es una de las más caras".

Un estado más de la unión

Desde el Partido Nuevo Progresista, constituido orgánicamente en los años 60 y actualmente en el gobierno local, impulsan la idea de transformar a Puerto Rico en uno estado más de EE.UU.

Bajo esa lógica, los ciudadanos de la isla tendrían los mismos derechos políticos que el resto de los estadounidenses, votarían para elegir al presidente y tendrían representantes con voto en el Congreso.

Quienes impulsan esta idea sostienen que también se accedería a la totalidad de las ayudas federales que el gobierno estadounidense le otorga a los 50 estados que integran la unión.

Quienes rechazan la propuesta argumentan, entre otras cosas, que la isla ya recibe dinero de EE.UU. y que al incorporarse tendría que pagar más contribuciones.

La complejidad del Caribe

El profesor Arcadio Díaz Quiñones, crítico cultural y docente de la Universidad de Princeton, enmarca la situación de Puerto Rico en "la complejidad del Caribe", que la hace distinta del resto de los países de América Latina.

Image caption Las diferentes posturas sobre el estatus de Puerto Rico subsisten en la actualidad.

"Ahí estuvieron todos los imperios: España, Francia, EE.UU., Inglaterra. Y el resultado es que todavía hoy la cuestión de los Estados nacionales sigue siendo muy conflictiva", explica.

Aunque en Puerto Rico existieron y existen diversos grupos nacionalistas que intentaron cambiar el estatus mediante acciones armadas o a través de la vía electoral, la idea no prosperó e incluso fue rechazada en diversos plebiscitos que se realizaron en las décadas del 60 y del 90.

Según el análisis del profesor Díaz Quiñones, esto se debe a que "la relación colonial con EE.UU. beneficia a mucha gente, primero porque la gente tiene posibilidades de emigrar y de circular en EE.UU. Mucha gente no quiere renunciar a eso".

Díaz Quiñones anota también otro factor: "hay sectores puertorriqueños que se beneficiaron económicamente de la relación con EE.UU. Primero, en el mundo del azúcar. Las élites portorriqueñas se han beneficiado mucho de esa relación y se siguen beneficiando económicamente".

En ese contexto, cree en una solución "creativa" y negociada que permita la ampliación de los derechos de los puertorriqueños.

Enclave militar

Díaz Quiñones habla de la "importancia" de Puerto Rico como enclave militar de EE.UU. "Es un país militarizado desde 1898; antes por los españoles y después por los norteamericanos", critica.

Para Díaz Quiñones, "sigue siendo un bastión" porque, a su juicio, "la Guerra Fría no se ha terminado en el Caribe, sino que asume otras formas".

Sin embargo, José Luis Dalmau, del Partido Popular Democrático, cree que "la presencia militar en Puerto Rico ha disminuido". Como ejemplos cita el cierre de la base Roosevelt Roads y la salida de la marina estadounidense de la isla puertorriqueña de Vieques.

El debate sigue vigente 60 años después del último grito de Independencia. Las diferencias que subsiten en el terreno político, sin embargo, parecen reducirse en el aspecto cultural.

Los representantes de los diferentes sectores coinciden en señalar que los puertorriqueños defienden al español como lengua y se reivindican como parte de una nación latina que conserva además las particularidades del Caribe y tiene a su población viviendo dentro de la isla y en EE.UU., donde -según los expertos-, la impronta de esta diáspora también se hace sentir.