El Gandhi palestino

Ayed Morrar con un altavoz
Image caption Ayed Morrar unió a palestinos e israelíes para manifestar de forma pacífica contra el muro.

En la secuencia inicial del documental Budrus, la cámara sigue una calle serpenteante que conduce a la casa del activista palestino Ayed Morrar.

"No tenemos tiempo para la guerra. Queremos criar a nuestros niños en paz y en un ambiente de esperanza", señala Morrar en hebreo con la intención de que su mensaje también le llegue a cualquier israelí que esté en la sala de cine.

Morrar procede de uno de los seis pequeños poblados que están cerca de los territorios ocupados de Cisjordania, en la frontera con Israel.

Estaba previsto que en esa área se erigiera una parte del muro de separación que Israel empezó a construir en 2002.

Eso iba a implicar que los residentes de Budrus no tendrían acceso a unas 120 hectáreas de tierra y que verían la destrucción de sus árboles de olivo.

El film retrata las contantes protestas pacíficas de los habitantes contra la barrera.

Sin violencia

Image caption Las mujeres fueron la clave para que Budrus pudiese salvar su tierra.

La película, que está en salas en Israel, Cisjordania, Gaza, Nueva York y Londres, se exhibe como un caso ejemplar para mostrar que la aplicación de técnicas no violentas a situaciones conflictivas puede arrojar resultados positivos.

La directora brasileña Julia Bacha, quien trabaja en la organización sin fines de lucro Just Vision, indicó que el documental se enfoca en la pregunta que su organización se hace con frecuencia.

"¿Dónde está el Gandhi palestino? ¿Por qué los palestinos no están usando la resistencia no violenta? Si usaran ese método, tendrían paz".

"Nosotros sabíamos que la situación en el terreno era un poco más complicada que eso. Pero queríamos escoger una historia exitosa", añadió la cineasta.

Los productores de la cinta son Bacha, la periodista palestina Rula Salameh y la activista israelí por la defensa de los derechos humanos Ronit Avni.

Unidad

Image caption Los soldados israelíes intentaron dispersar las manifestaciones de palestinos que se oponían al muro.

En Budrus, los pobladores asistieron a 55 manifestaciones en 10 meses.

En algunas ocasiones, miembros de las organizaciones palestinas Fatah y Hamas presentaron un frente unido, en el que mujeres y niñas se unían en la primera fila de las marchas.

En una parte del film, la hija de Morrar, de 15 años, llamada Iltezam, es vista saliéndole al paso a una máquina excavadora. La acción obligó al conductor a replegar el vehículo.

"Es bueno sentir que incluso cuando eres muy pequeño y no tienes nada, puedes hacer eso", señaló Bacha.

Israelíes en acción

El rol desempeñado por cientos de pacifistas israelíes también es destacado en la cinta.

En algunas tomas de la película se puede observar material original realmente irresistible en el que se muestra cómo algunas marchas son desintegradas por medio de gases lacrimógenos y balas de goma.

También se pueden ver confrontaciones verbales entre los manifestantes y los soldados que intentan arrancar árboles.

En algunas escenas, la situación provoca desesperanza. En una de ellas, se pueden ver balas disparadas por las fuerzas israelíes en su intento por establecer el control en Budros, donde, en ese momento, imperaba un toque de queda.

Cuando un hombre es arrestado, los vecinos furiosos tratan de derribar con sus manos una barrera hecha con alambres de púas.

Eventualmente, el gobierno israelí decidió, alegando que por razones "políticas" cambiar la ruta por la cual se extendería la barrera. Eso les permitió a los habitantes de la zona tener acceso al 95% de sus tierras.

Inspirador

Los miembros de la audiencia de una pequeña exhibición de la película que se llevó a cabo en el este de Jerusalén elogiaron el documental.

Hani, un árabe-israelí, dijo que se sintió inspirado por la cinta. "Pienso que debemos desarrollar nuestros métodos de resistencia, y creo que ésta es la mejor opción".

"Necesitamos mostrarle al mundo que no somos violentos, que no somos terroristas, que no queremos matar israelíes, sólo queremos nuestra libertad".

"Es una película brillante", comentó el joven israelí Sefi. "Realmente muestra de una manera extraordinaria las consecuencias de la ocupación desde un punto de vista personal".

Seguridad

Entre las voces incluidas en el documental está la de un vocero del ejército israelí quien sostiene que el objetivo de proveer seguridad "pesa más que todo".

Sin embargo, la comandante de la policía fronteriza israelí, Yasmine Levy -quien fue enviada para garantizar que el muro se construyera en la ruta establecida- desarrolló una relación más compleja con las mujeres locales, que la llamaban por su nombre durante las manifestaciones.

Al tiempo de que trataba de cumplir la orden de bloquear las protestas, Levy quedó impresionada por su determinación.

"Incluso si las golpeaban o les disparaban, no tenían problema. Hicieron todo lo posible para asegurar que la tierra seguiera siendo suya", recuerda Levy.

El documental finaliza con imágenes de habitantes de Budrus formando parte de campañas similares para apoyar a otras localidades.

El ejemplo

Como residente de Cisjordania, el protagonista principal, Morrar necesitaba un permiso de Israel para ingresar al este de Jerusalén para el estreno de la película. El documento le fue negado.

Sin embargo, Morrar le dijo a la BBC que ya había visto la obra cinematográfica y que le había gustado. Expresó su esperanza de que el mensaje trascienda.

"A través de nuestra lucha no violenta, probamos que si quieres construir seguridad, puedes lograrlo sin castigar a la gente y sin provocarles sentimientos vengativos en tu contra", dijo.

"Yo creo que si cualquier pueblo en los territorios palestinos hace lo mismo que hicimos en Budrus, tendrán tanto éxito como nosotros".

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