¿Se esfumó la izquierda en Estados Unidos?

Protesta de Code Pink

El aumento del activismo conservador en Estados Unidos ha sido una noticia que ha ocupado titulares en la prensa durante el último año; pero ¿qué ha pasado con la izquierda liberal?

La ciudad de Nueva York siempre ha sido un próspero centro de activismo político de izquierda. Durante el gobierno del republicano George W. Bush, la ciudad estaba llena de liberales descontentos, molestos por la "guerra contra el terror", la invasión a Irak y los recortes de impuestos para los estadounidenses ricos, sólo por citar tres de sus causas fundamentales.

Una plétora de organizaciones activistas surgieron a principios de la década de 2000, incluyendo United for Peace and Justice, New Yorkers Say No to War y Code Pink.

Estos activistas tenían claros adversarios -el presidente Bush y sus asesores, en particular el vicepresidente Dick Cheney, el subjefe de personal Karl Rove y el asesor legal John Yoo.

La prioridad de estos grupos era la de remover a estos "criminales de guerra" de sus cargos y poner fin a los conflictos en el extranjero. Querían "recuperar" a Estados Unidos.

Algunos dirían que lo hicieron. Barack Obama obtuvo una victoria aplastante en las elecciones y el Partido Demócrata obtuvo un control abrumador en el Congreso.

Ahora, los conservadores enojados reclaman nuevamente su país, y, si hay que creer en la sabiduría convencional de Washington DC, los liberales a ultranza están a punto de entregarlo en las elecciones de mitad de período que se llevarán a cabo en noviembre.

La comunidad liberal progresista de Nueva York ve las cosas un poco diferente.

A pesar de las acusaciones conservadoras de que Obama es un socialista, para los progresistas el actual presidente de Estados Unidos parece irremediablemente moderado.

En la opinión de los progresistas, su agenda no ha sido representada en Washington.

"Se supone que tenemos un presidente progresista. Nosotros no pensamos así. Se supone que tenemos la mayoría en el Congreso, pero no hemos visto casi ninguna acción progresista", dijo el izquierdista neoyorquino B C Ashmall-Liversidge, integrante del grupo Drinking Liberally, que se reúne semanalmente.

Lealtades divididas

Drinking Liberally fue fundado en Nueva York en 2003 por activistas que buscaban un espacio para expresar su ira contra el gobierno de George W. Bush y hablar con otras personas que tenían ideas afines.

En la actualidad hay más de 300 grupos de Drinking Liberally en todo el país, así como ramas relacionadas como Screening Liberally, un club de cine, el club de lectura Reading Liberally y Laughing Liberally, para aquellos que aspiran a ser comediantes progresistas.

Image caption La feroz oposición al gobierno no tiene contrapunto.

Según el co fundador Justin Krebs, la asistencia tiene sus altibajos. En privado, los miembros reconocen que el número de miembros ha caído desde su punto más alto durante las protestas contra la guerra y la posterior emoción alrededor de las elecciones de 2008.

Muchos activistas trabajaron apasionadamente para llevar a Barack Obama a la Casa Blanca pero luego se desilusionaron y sufrieron de lealtades divididas.

Krebs señala que tiene un dilema entre defender y criticar la gestión de Obama.

La mayoría de la gente en la comunidad progresista sostiene que realmente no creían que el país -y sus centros de poder institucional y corporativo- serían transformados por un hombre.

Aún así, muchos albergaron esperanzas de que sus sueños sobre un nuevo tipo de democracia e igualdad estaban a un paso de realizarse. Así que han sufrido una gran decepción, y en el proceso, su activismo se ha dividido.

Dana Balicki, gerente de campaña nacional de Code Pink, una organización de izquierda por la paz y la justicia social que no está alineada con el Partido Demócrata, admite que la presidencia de Obama ha hecho más difícil para los progresistas el poder movilizar apoyo para sus causas.

"Estaría mintiendo si dijera que todo está bien y que somos tan fuertes como siempre", le dijo a la BBC. "Creo que el movimiento progresista, especialmente el movimiento contra la guerra, ha sido golpeado desde que Obama asumió el cargo", afirmó.

Las dificultades para los progresistas son numerosas. La oposición a su agenda por parte de conservadores vociferantes y la distorsión que califica al gobierno de Obama como socialista se encuentran entre los obstáculos.

Por otra parte, los prioridades del público han cambiado.

De lo moral a lo práctico

Mientras la organización Code Pink sigue centrada en las guerras y en los ataques de aviones no tripulados y grupos socialistas en Nueva York se movilizan en torno a la fobia contra el Islam, el centro de Estados Unidos está preocupado por los empleos, las ejecuciones hipotecarias, las tasas de interés y el estancamiento de la economía.

Y esto -hasta cierto punto- ha dejado a los progresistas fuera del diálogo político nacional.

Balicki indica que a muchos progresistas les ha tomado hasta hace poco -más de un año y medio en la gestión de Obama- sentirse lo suficientemente cómodos como para criticar al presidente.

Durante la mayoría del primer año de Obama en el poder, sus seguidores mantuvieron la esperanza de un cambio, algo con lo que Code Pink espera colaborar, no criticar.

Ahora, algunos temas -en particular el compromiso prolongado de las fuerzas de Estados Unidos en Afganistán y el percibido abandono de las prioridades progresistas en el proyecto de ley de atención médica- podrían estar revitalizando a la izquierda.

Sin embargo, cualquier nuevo vigor no necesariamente beneficiará a los demócratas en las próximas elecciones, de acuerdo con Josh Botolsky que trabaja para la compañía de comunicaciones progresista AGIT-POP Communications.

"El impulso para trabajar en las elecciones de medio término sería más fuerte si la gente pensara que hay un gobierno verdaderamente progresista en Washington", afirma Botolsky.

"Lloriquear y criticar"

Krebs señaló que a algunos miembros de Drinking Liberally no les molestaría que los demócratas perdieran algunos escaños en el Congreso si eso significara que la camarilla política que quedara en el Capitolio fuera más genuinamente liberal, "una izquierda enfurecida y fortalecida".

Image caption Muchos trabajaron apasionadamente para que ganara Obama pero luego se desilusionaron.

La administración Obama tampoco está ayudando en ese sentido: el presidente, el vicepresidente y el secretario de prensa de la Casa Blanca han aparecido en los medios de comunicación recientemente calificando a los liberales de pasársela lloriqueando o de ser demasiado críticos.

Los liberales progresistas, sin embargo, trabajan duro para los candidatos que consideran respetables. Por ejemplo, el grupo progresista Democracy for America recaudó US$100.000 con sólo un correo electrónico enviado a sus partidarios de izquierda para el senador de Wisconsin Russ Feingold -quien está en dificultades para mantener su curul-.

La existencia misma de los grupos de presión conservadores denominados Tea Party también ha ayudado a dinamizar la izquierda.

"El Tea Party le recordó a la gente de la izquierda, cuán temerosa y extremista que puede ser la derecha", Krebs le dijo a la BBC.

En respuesta al Tea Party, la izquierda empezó a reinventarse poco a poco.

En todo el país, la asistencia a los eventos de Drinking Liberally se revitalizaron una vez más. Krebs afirma que no tiene duda de que van a trabajar duro para elegir a Obama de nuevo en 2012 pero tal vez no estarán tan obnubilados.

Vínculos

El contenido de las páginas externas no es responsabilidad de la BBC.