Vivir ocho días en silencio

Niñas discuten

Apague su teléfono móvil, apague la televisión, olvídese de su computadora (después de leer esto, claro), apague su equipo de sonido, cierre las ventanas y pare la máquina lavadora.

¿Qué oye? ¿Nada? ¿Cuán incómodo se siente?

Desde el ruido de un mensaje de texto que entra en el celular a la campanilla de aviso en un programa como Skype o Messenger, las herramientas de comunicación moderna han hecho que desconectarse sea casi imposible.

Y es que cada minuto de cada día lo pasamos tratando de saber qué hacen los otros. Así, el mundo parece un lugar cada vez más ruidoso.

Investigadores de la Universidad Hallam de Sheffield, en el Reino Unido, demostraron que en 2001 el centro de su ciudad era el doble de ruidoso que diez años antes.

Las carreteras cada vez soportan más tráfico, mientras por todas partes se oye música cada vez más alta.

El silencio, o la incomunicación por un largo periodo de tiempo, se ha convertido en un bien sagrado.

Sin escapatoria

Tal vez, no le sorprenda a nadie que haya quienes quieran huir, como los cinco británicos que se presentaron voluntarios para retirarse ocho días a un monasterio jesuita: en completo silencio, salvo una hora cada noche.

"Dos siglos atrás, en la sociedad rural, para la gente el silencio era normal. Ahora todo el mundo parece tenerle aversión", le dijo a la BBC el padre Christopher Jamison, organizador de los retiros.

"Hay un elemento de miedo a perderse algo si uno no está conectado", agrega Jamison.

Los voluntarios para los ocho días de silencio, primero llegan a la abadía de Worth para un fin de semana de reflexión antes de pasar al centro espiritual jesuita de San Beuno, en Gales.

Quién quiere huir

"Trabajé en medios de comunicación durante 15 años y era un adicto a la televisión", asegura Jon Treanor, uno de los participantes en la experiencia.

Image caption El ruido del tránsito provoca el 3% de los infartos.

Con dos divorcios a sus espaldas, a sus 55 años, Treanor dirige su propia consultoría. Raramente pasa tiempo solo y, en sus palabras, antes del proyecto era "antirreligión".

"Todo esto da miedo al principio, muy desalentador y a veces aburrido, es como dejar una droga", comenta.

No es nuevo que se asocie el silencio a la espiritualidad, al espacio que permite pensar en profundidad y reflexionar.

Ciertas órdenes religiosas hacen votos de silencio y en otras, como en la Orden Cisterciense de la Estrecha Observancia, o trapenses, los monjes sólo hablan cuando es estrictamente necesario.

En este retiro jesuita está rigurosamente prohibido hablar salvo durante unas sesión para obtener asesoramiento y también para grabar un diario de voz.

También cuesta dinero

Image caption El silencio aparece vinculado para muchos a la espiritualidad y también la religión.

Quizás comprensiblemente, con el aumento de ruido más y más personas se consideran víctimas de la polución acústica.

Según un estudio de Electrolux, cada año, diez millones de europeos cambian de casa por culpa del ruido.

Y es que no sólo perjudica a la salud, también tiene efectos en la economía. Por ejemplo, al Reino Unido, según cálculos oficiales, la contaminación acústica le cuesta más de US$11.000 millones.

Una reciente investigación de Nielsen apunta que los jóvenes en EE.UU. envían o reciben una media de 3.339 mensajes corto de texto al mes, más de seis a la hora si se resta el tiempo que permanecen dormidos.

Así que parece que permanecer ocho minutos en silencio es algo más que un reto. Mucho más, ocho días.

"Pensé que iba a sufrir una combustión espontánea"

"Realmente pensé que iba a sufrir una combustión espontánea durante los dos primeros días", comenta Carrie Lloyd, otra de las que participó.

"Creía que estar en silencio tanto tiempo me iba a provocar heridas físicas", continúa.

A sus 29 años, Lloyd disfruta de un año sabático en el trabajo como jefa de Relaciones Públicas para una importante compañía mientras escribe el guión de una película.

"Encontré asustador el silencio porque no sabía que me iba a pasar", dice.

"Todos sabíamos que íbamos a enfrentarnos a cosas con las que no nos queríamos topar. Tuve momentos de crisis de llanto, pero fueron verdaderamente catárticas. Al final no resultó ni la mitad de difícil de lo que pensaba".

El padre Jamison cree que no darse tiempo a uno mismo implica que muchos están ocultando una parte de su vida, vital y tal vez incómoda.

"El silencio puede asustar porque nos hace enfrentar a nuestro lado más oscuro", comenta.

El ruido provoca infartos

Sin embargo, estudios recientes sugieren que el ruido puede ser también peligroso ya que incrementa los niveles de estrés y aumenta el riesgo de enfermedades.

Una investigación de la Agencia Medioambiental de Alemania calcula que el ruido producido por el tráfico es responsable del 3% de los infartos de cada año.

Brian Kristensen, de la Agencia de Protección Medioambiental de Dinamarca, estima en entre 200 y 500 las muertes prematuras provocadas cada año por el ruido.

Esto ha llevado a que la normativa, así como las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud, sean muy estrictas con el ruido nocturno.

Incluso en las listas de éxitos musicales, el silencio está cobrando impulso. Este año, gracias a una campaña en Facebook, el número uno en la lista de éxitos de Navidad británica bien podría tener entre los aspirantes cuatro minutos y medio de silencio de John Cage.

Transformado por el silencio

Pero más allá de la política musical, de los beneficios para la salud o los perjuicios para la economía, los voluntarios que pasaron ocho días en silencio terminaron transformados.

"Desde mi punto de vista, evitar el ruido es simplemente la experiencia más increíble que jamás he tenido", comenta Treanor.

"No me importa lo que le cuesta a la economía sino lo que cuesta al desarrollo del individuo. Lo que vives como persona es enorme".

"Creces interiormente, te encuentras a ti mismo, a quién realmente eres y eso puede llegar a ser impactante", afirma.

El padre Jamison reconoce que es complicado mantener una rutina diaria con tales niveles de tranquilidad y que vivir en un monasterio es "en algún sentido engañarse".

Lloyd también vivió una transformación: "Me quedé con esta irresistible sensación de fuerza, sin miedio y al final ninguno quería irse. Quería quedarme para que el ruido no volviera a destruir las cosas".

Ahora ya puede volver a encender su teléfono.

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