Nicaragua, Costa Rica y el río de la discordia

Soldados de Nicaragua en la zona fronteriza con Costa Rica del río San Juan.
Image caption Costa Rica y Nicaragua se enfrentan por un territorio de 151 kilómetros cuadrados en el delta del San Juan.

Subimos el río Colorado, desde su desembocadura en el Caribe, hasta la confluencia con el río San Juan. Vamos hacia el poblado de San Juan de Nicaragua.

Son casi dos horas de navegación en la panga en que viajamos, desde el pueblo de Barra del Colorado, en Costa Rica, hasta volver a encontrar el San Juan que, aquí, se desvía hacia el norte, buscando su desembocadura y haciendo el límite, en su orilla derecha, entre Nicaragua y Costa Rica.

En la confluencia, hay que arrimarse a las orillas: presentar los documentos del lado de Costa Rica y, luego, cruzar al otro lado y hacer lo mismo en Nicaragua. Ahora hay que bajar el San Juan, en busca de nuestro destino. Estamos ya en territorio nicaragüense.

Éste es el escenario del conflicto que acaparado la atención de la Organización de Estados Americanos (OEA) desde hace varias semanas. Costa Rica denunció la presencia de tropas nicaragüenses en su territorio. Por su parte, Nicaragua afirma que la zona en disputa le pertenece.

Para este viernes se ha convocado a una reunión extraordinaria de la OEA, que está intentando mediar en el diferendo.

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Frontera desdibujada

De un lado y otro de las márgenes, de Nicaragua y Costa Rica, las pequeñas fincas se comunican y abastecen por el río. Son casi todos parientes: primos, tíos, esposos, hermanos.

Navegar el San Juan no es sencillo. En época seca afloran los bancos de arena y no es difícil encallar. Aun en época lluviosa, el río tiene poco calado. ¡Hay que tener cuidado!

La otra alternativa es viajar por mar, saliendo por la desembocadura del Colorado y tomar hacia el norte, a San Juan de Nicaragua. Viajamos viendo la costa, pero la mar se está encrespando. Empieza a llover. En el escenario gris se recorta la línea de palmeras de la costa. Con un motor de 200 caballos, el viaje tarda unos 45 minutos.

Image caption En el lado nicaragüense se usan las monedas de uno y otro país.

Se pasa el hito fronterizo en Punta Castilla y luego hay que volver a entrar por los canales que bordean la costa. El botero busca la entrada, hasta salir al río Indio, donde está el pequeño muelle del poblado.

Ni a San Juan, ni a Barra del Colorado, se puede llegar por carretera. Hay que navegar. Barra tiene una pista de aterrizaje, con vuelos diarios de aviones medianos. En San Juan, la pista es más precaria y los vuelos, más irregulares.

Era un 15 de septiembre y aquí, como en Barra del Colorado, los estudiantes celebraban el día de la independencia.

Hace un calor húmedo. Los discursos se suceden mientras los estudiantes, formados en la cancha del lugar, se impacientan.

En San Juan, destruido y reconstruido después de muchas guerras, circula el córdoba, pero se puede comprar con el colón, la moneda costarricense. De aquí se van a abastecer al otro lado. Queda más cerca y es más fácil.

Ahora, bien administrada, San Juan de Nicaragua se levanta otra vez. Visitamos su vertedero de basura, un proyecto que muestran con orgullo. Hablan de replicar la experiencia en Barra del Colorado, donde no se le da un adecuado tratamiento a la basura. Todos están interesados.

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Todas las guerras

En este escenario de muchas guerras, el viejo cementerio de los ingleses languidece. ¿Quién habrá sido Wilson Danford? Sólo sabemos lo que dice su lápida, en inglés: "En amoroso recuerdo de Wilson, hijo mayor de Samuel y Fanny Danford, muerto el 12 de noviembre de 1872, a la edad de 39 años", ubicada en las orillas de un caserío que los ingleses entonces llamaban Greytown.

En el centro de la lápida, que probablemente salvó una vida, se ve el impacto preciso de una bala de otra guerra, la que, en abril de 1984 libraron aquí, en el viejo pueblo de San Juan del Norte, en el delta del río San Juan, las fuerzas del gobierno sandinista de Nicaragua y las de la "contra", encabezadas por Edén Pastora.

Image caption Los residentes a uno y otro lado de la frontera utilizan las embarcaciones como medio de transporte.

"Se entró al combate por los cuatros puntos cardinales y se combatió durante tres días. El pueblo quedó totalmente quemado por bombas de fósforo", nos cuentan.

Eran los años en que la administración de Ronald Reagan apoyaba a los "contras" en su esfuerzo por poner fin al gobierno sandinista de Managua.

Pastora, entonces uno de los comandantes de los grupos armados de la oposición, hoy es Ministro de Desarrollo de la cuenca del río San Juan, encargado del dragado de ese río fronterizo y uno de los personajes principales del conflicto que ha tensado las relaciones entre Costa Rica y Nicaragua.

Por aquí había entrado, al mando de su corbeta, en 1780, quien sería, más tarde, el almirante Horacio Nelson, cuando Greytown parecía ubicarse en el extremo de un estratégico canal que, recorriendo el río San Juan y desembocando en el lago de Nicaragua, permitiría cruzar hacia el Pacífico, atravesando por la mitad de América.

Todo eso es memoria, y el pueblo, escenario de todas esas guerras, incendiado y reconstruido, ya no está al lado de los viejos cementerios. Destruido una y otra vez, se ha reconstruido en otro lugar, cercano.

Aquí queda, como un símbolo de otros días, la vieja draga, recuerdo de cuando se trató de abrir una vía que permitiera navegar por el centro de América.

El paisaje, de lagunas y canales, es sobrecogedor.

Nueva vida

Hoy, enfrentados por una disputa de un territorio de 151 kilómetros cuadrados en el delta del San Juan, entre Barra del Colorado y San Juan del Nicaragua, los poblados a los dos lados de la frontera han visto sus vidas alteradas.

"Los de aquí no van allá, porque no tienen nada que ir a hacer. Los que pierden, en esa situación, son ellos. Ahora tampoco pueden venir, seguramente porque no los dejan pasar", le dice a la BBC, desde la costarricense Barra del Colorado, un viejo botero, con mucha experiencia.

Image caption Muchos de los residentes viven de la pesca.

En Barra se vive de la pesca: el camarón está todo el año. El mar se amansa y el camarón viene a la playa. Ahora empieza la temporada de langosta, de noviembre a febrero. En una buena temporada pueden salir mil kilos de langosta, asegura un pescador.

"La vida está tranquila. No mucha gente quiere pasar a Nicaragua, las que se ven afectadas son las familias", agrega, mientras señala que "la situación está en stand by, esperando decisión de la OEA".

Se habla de la presencia del narcotráfico en la zona.

"Esa historia de narcotraficantes es muy triste, el pueblo mismo es el que trafica eso. Con la excusa de ir a pescar, lo que van es a buscar drogas. Se van hasta 100 millas mar adentro, con pangas de hasta 400 caballos de fuerza, cuando sólo está permitido salir hasta tres millas".

"Salen al mar, a como esté", continúa.

"Van con GPS, a un lugar donde se encuentran dos corrientes, que se llama Dos Aguas. Ahí se mantiene mucha basura y cuando ven algo distinto, meten la lancha, a investigar. Ahí llega gente de muchos lados, de Jamaica, de Colombia, de Limón. Encuentran bultos de drogas que venden hasta por 100 millones de colones (más de US$200.000), dependiendo", afirma.

Ése es el escenario del conflicto, lleno de historia, de riqueza natural y un maravilloso paisaje donde conviven dos pueblos ahora divididos por un conflicto que, más temprano o más tarde, habrá de resolverse.

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