En busca del soldado desconocido

Una amapola en el ojal
Image caption Este domingo el Reino Unido celebra su "Domingo del Recuerdo", en honor a los caídos en la 1ª Guerra Mundial.

En el Reino Unido las amapolas de plástico empiezan a florecer a finales de octubre y se convierten en parte inevitable del paisaje hasta el segundo domingo de noviembre.

Florecen en las solapas de los abrigos, en los ojales de las camisas y en los monumentos que a lo largo y ancho del país conmemoran a los caídos durante la Primera Guerra Mundial.

La tradición no es exclusivamente británica y desde hace algún tiempo honra el sacrificio de militares y civiles en todos los conflictos bélicos, y no sólo en la Primera Guerra.

Image caption El símbolo fue inspirado por el poema "En los campos de Flandes", de John McRae.

Quienes ostentan la amapola, sin embargo, lo hacen hasta el domingo que sigue al "Día del Armisticio", con el que se celebra la firma del tratado que puso fin a ese conflicto a las 11 horas, del día 11, del mes 11, de 1918.

El aniversario -también conocido en el Reino Unido como "el día del recuerdo"- es honrado en todos los países que intervinieron en la conflagración.

Y el domingo siguiente -este domingo- el Reino Unido celebra su Remebrance Sunday. Es decir, su domingo del recuerdo.

Porque es importante no olvidar.

Una tumba en la memoria

Ese es también el objetivo de la tumba del "soldado desconocido" que se levantó en la Abadía de Westminster al final de la Primera Guerra, y que será uno de los escenarios principales de la conmemoración oficial.

Monumentos similares ahora existen en muchos otros países, pero según Mario Cacciottolo, de la BBC, la idea original se le ocurrió en 1916 a un predicador inglés que combatía en el frente oriental.

La inspiración vino de una sencilla tumba cavada en un jardín de Armentieres, en el norte de Francia. En la humilde cruz que marcaba el sitio de descanso final de uno de tantos guerreros anónimos, alguien había escrito las palabras: "Un soldado británico desconocido".

Image caption La primera tumba del Soldado Desconocido de la era moderna se inauguró en Londres en 1920.

Y en agosto de 1920, el reverendo David Railton le escribió al capellán de Westminster, Herbert Ryle, para proponerle edificar, al lado de las tumbas de reyes y estadistas que descansan en la Abadía, una que rindiera homenaje a todos los soldados desconocidos.

Para ese entonces, el recuerdo de la guerra -en la que murieron un millón de británicos- todavía estaba fresco. Y los miles de cuerpos que no habían podido ser identificados pesaban sobre la conciencia del país.

"Muchos padres y esposas habían perdido a sus seres queridos en la guerra pero carecían de un lugar propio y tangible sobre el que poder llorar, y el Soldado Desconocido vino así a representar su pérdida", le dijo a la BBC Terry Charman, un historiador del Museo Imperial de la Guerra, basado en Londres.

"Claramente se ve que ni John, ni Tim, ni Tommy ni Guy pueden ser el héroe de la guerra. El héroe de la guerra -puesto que un héroe debía resultar, porque para eso se peleó, porque toda guerra y aún todo esfuerzo de los hombres no es sino para hacer florecer a un hombre superior- el héroe de la guerra es el Soldado Desconocido", escribió por su parte el poeta nicaragüense Salomón de la Selva, quien combatió como voluntario en el ejército inglés durante el conflicto.

"Es barato y a todos satisface. No hay que darle pensión. No tiene nombre. Ni familia. Sólo patria", se lee en la introducción de su libro de poemas "El Soldado Desconocido", publicado por primera vez en México en 1922 con ilustraciones de Diego de Rivera.

Un héroe anónimo

Según Cacciottolo, para elegir el cuerpo que debía representar a los caídos anónimos en la Abadía de Westminster, se siguió un complejo procedimiento.

El cuerpo del soldado desconocido se seleccionó de entre varios soldados del ejército británico exhumados de cuatro campos de batalla: Aisne, Somme, Arras e Ypres.

Los restos fueron trasladados a la capilla de Saint Paul en la noche del 7 de noviembre de 1920, y hasta allá se dirigió el oficial a cargo de las tropas en Francia y Flandes, el brigadier general L.J. Wyatt, acompañado de un Coronel General.

Ninguno tenía idea de dónde venían los cuerpos, cubiertos todos con la bandera británica.

"Podía haber sido, literalmente, cualquiera", explicó Terry Charman. "Podía haber sido el hijo de un conde o un campesino de Sudáfrica".

"El concepto logró capturar el sentimiento público, pues era muy democrático que pudiera tratarse de alguien de cualquier rango", relató.

El general Wyatt eligió un cuerpo -hay versiones que afirman que lo hizo con los ojos vendados- y los dos oficiales lo colocaron en un ataúd que fue sellado.

El resto de los cuerpos volvió a ser enterrado.

Con todos los honores

Al día siguiente empezó el camino final de los restos de ese soldado anónimo.

Y en la mañana del 11 de noviembre de 1920 -dos años después del final de la guerra- el cuerpo del soldado desconocido fue llevado en procesión al Cenotafio de Londres, que fue inaugurado por el propio rey Jorge V.

Image caption El Día del Armisticio es motivo de conmemoración en varios países.

A las 11:00 horas se guardaron dos minutos de silencio y luego el cuerpo fue trasladado a su destino final: la Abadía de Westminster.

Ahí, el ataúd fue cubierto con tierra traída de los campos franceses que habían servido de campo de batalla.

El mármol negro de la piedra que selló la tumba, por su parte, fue traído de Bélgica.

Y a exactamente la misma hora en la que el Reino Unido sepultaba a su Unknown Soldier, Francia también hizo lo mismo con su Soldat Inconnu, a los pies del parisino Arco de Triunfo.

A pesar de la pompa de la ceremonia, sin embargo, nadie estaba verdaderamente seguro de cuál sería la respuesta popular a este nuevo monumento.

Pero unas 125.000 personas visitaron la abadía para ver la tumba durante la primera semana.

Y noventa años después, el soldado desconocido sigue siendo objeto de homenaje y de recuerdo.

Porque es importante no olvidar.