Última actualización: Miércoles, 1 de diciembre de 2010

Pedro Pan: el exilio de los niños cubanos, medio siglo después

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¿Sería capaz de separarse de sus niños, quizás para siempre, mandándolos solos a un país extraño en busca de una vida mejor?

Esta fue la encrucijada que hace cincuenta años enfrentaron los padres de 14.000 niños cubanos.

Hoy recuerdan ese aniversario de la Operación Pedro Pan, un poco conocido episodio de la Guerra Fría que marcó la vida en Estados Unidos de miles de los integrantes del exilio cubano.

BBC Mundo habló con varios de los protagonistas de esta operación que, medio siglo después, sigue encendiendo pasiones en Miami y en La Habana.

Pedro Pan comenzó en 1960, cuando la Revolución Cubana aún no cumplía ni dos años en el poder. Muchos padres temían lo peor para sus hijos en el nuevo régimen. Rumores, que según algunos comentaristas fueron alimentados por la CIA estadounidense, advertían que el gobierno comunista de la isla planeaba asumir la custodia de los niños, enviando a muchos de ellos a la Unión Soviética para su adoctrinamiento, algo que nunca ocurrió en la realidad.

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En este escenario de rumores e intriga fue materializándose una red clandestina de contactos entre familias que se oponían activamente al régimen o que simplemente no imaginaban su futuro en la isla. El objetivo: enviar a Estados Unidos a sus hijos, para alejarlos de lo que veían como el peligro inminente del comunismo.


Historias distintas

Monumento a la Operación Pedro Pan en Miami

14.000 niños cubanos llegaron a Estados Unidos con la operación Pedro Pan.

Los detalles de cómo empezó nunca han sido esclarecidos de todo, entre otras razones porque el gobierno estadounidense no ha revelado mucha de la documentación correspondiente. Además, la versión de la historia de Pedro Pan contada en La Habana es radicalmente distinta a la que se ofrece en Miami.

Lo que se sabe es que, al tiempo que la fallida invasión contrarrevolucionaria de Bahía Cochinos aumentaba el conflicto entre Cuba y Estados Unidos, Washington autorizó a un sacerdote católico de Miami, el ya fallecido Monseñor Bryan Walsh, a emprender una misión insólita. Al religioso se le permitió facilitar, mediante contactos privados en La Habana, miles de salvoconductos diplomáticos para que niños cubanos de todas las edades fueran enviados, sin sus familias, en los vuelos comerciales que todavía operaban a Estados Unidos.

El mismo sacerdote organizó una red de apoyo que a lo largo de casi dos años recibió a los 14.000 niños a su llegada en Miami y los tuvo a su cargo hasta que pudieron reunirse con sus familias. En algunos de los casos, los niños nunca más vieron a sus padres. Y aún hoy, cinco décadas después, algunos padres de niños Pedro Pan siguen viviendo en Cuba, sin haber experimentado el "sueño americano" al que enviaron a sus hijos.

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La red estuvo plenamente activa hasta octubre de 1962, cuando la crisis de los misiles de Cuba, que estuvo a punto de desencadenar un conflicto nuclear entre Estados Unidos y la Unión Soviética, llevó a que se suspendieran indefinidamente los vuelos comerciales entre La Habana y Miami, cerrando esa vía de salida.

"Nadie puede juzgarlos"

Hoy en día miles de los niños veteranos de Pedro Pan siguen viviendo en Miami. Un número sorprendente de ellos han encontrado gran éxito en la vida económica, cultural y política de su país adoptivo. El actual alcalde de Miami, Tomas Regalado, el conocido cantante de salsa Willy Chirino, y el ex senador estadounidense Mel Martínez son apenas algunos de ellos.

Nadie puede juzgarlos por haber tomado esa decisión. Yo no creo que, poniéndome en su lugar, habría hecho algo distinto

Jorge Finlay, veterano de la Operación Pedro Pan

Cincuenta años después de su salida de Cuba como niños, en su mayoría dicen sentirse felizmente estadounidenses. El gobierno cubano insiste en que fueron víctimas de una manipulación desalmada del "imperialismo".

Pero muchos de los consultados aseguran que, más que nada, sienten gratitud por sus padres que tomaron la extraordinaria decisión de separarse de sus hijos, en algunos casos por el resto de sus vidas, para buscarles un futuro mejor.

Como dijo a BBC Mundo el veterano de Pedro Pan, Jorge Finlay, "Nadie puede juzgarlos por haber tomado esa decisión. Yo no creo que, poniéndome en su lugar, habría hecho algo distinto. En absoluto".

A 50 años de Pedro Pan

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