Un vistazo a la vida de los zares

Cartas, postales e ilustraciones de los hijos del zar Alejandro III
Image caption Cientos de documentos pertenecientes a la realeza rusa serán subastados en Ginebra.

Este lunes se abre una ventana muy particular a la vida de la monarquía rusa: cientos de cartas, postales, fotografías e incluso menús de la corte del zar Alejandro III serán subastados en Ginebra, Suiza.

Todos los documentos fueron enviados por los hijos del zar Alejandro: Nicolás (quien luego se convirtiera en Nicolás II), Jorge, Mijail, Olga y Xenia, a su tutor suizo Ferdinand Thormeyer.

Thormeyer nació y creció en Ginebra, pero muy joven emigró a Rusia donde, en 1886, se convirtió en tutor de Literatura y lengua francesa de los niños reales. Durante el tiempo que pasó con los niños, éstos le escribieron cartas como una forma de practicar la lengua francesa.

Sin embargo, cuando Thormeyer dejó Rusia en 1899, los niños continuaron escribiéndole no sóolo a él, sino también a su familia. Olga solo dejó de escribir a su tutor en 1960, cuando falleció en el exilio.

Tesoro del desván

Los documentos fueron descubiertos este año, cuando un descendiente del tutor suizo se encontraba limpiando su desván. Allí, ocultos dentro de un baúl viejo encontró cartas que cubrían un periodo de setenta años.

Image caption La correspondencia enviada por los hijos del zar a su tutor Thormeyer denotan gran afecto.

"La primera vez que vino a vernos fue solamente con veinte cartas", recuerda Christina Robinson, de la casa de subastas Hotel des Ventes, en Ginebra. "Él se preguntaba si el material tenía algún valor".

"Vimos con sorpresa que las cartas habían sido escritas por Olga Kulikovsky, de hecho la gran duquesa Olga Alexandrovna, la hermana menor del zar Nicolás II".

Una visita al desván reveló más de mil documentos más, que incluían fotografías familiares, postales, e incluso bosquejos. Los documentos revelan un retrato muy íntimo de la vida de la vida de la Ccorte del zar, así como el enorme afecto que los niños tenían por su tutor suizo.

"Creo que cuando Alejandro III falleció en 1894 el señor Thormeyer se convirtió, probablemente sin darse cuenta, en casi un padre para ellos", menciona Christina Robinson.

"En sus cartas, ellos se dirigían a Thormeyer como 'mi querido Siocha', sobrenombre usado por los niños para referirse a él, y Mijail firma como 'te quiere Misha', una tratamiento bastante familiar para un gran duque".

Image caption Postal enviada por Olga a su tutor que muestra a su hermano Mijail vestido para un baile de etiqueta en 1903.

Al parecer los niños sintieron que podían confiar sus sentimientos a su tutor en una forma que quizás no lo hayan podido hacer con sus familiares. Por ejemplo, cuando el gran duque Jorge sufrió de tuberculosis y fuera separado para curarse en 1896, éste le escribió a su tutor quejándose sobre su médico: "Tengo miedo de que a veces me inyecte algún otro medicamento diferente al que requiero... este hombre es un canalla".

Mientras tanto, Mijail tuvo dificultades al aceptar su papel de heredero al trono una vez que su hermano Nicolás se convirtió en zar. En 1904, cuando el hijo de Nicolás Tsaverich Alexis nació, Mijail le escribió a su tutor: "Agradezco a Dios haberme liberado del peso que he estado cargando todos estos años."

Y en 1910, la gran duquesa Olga explicaba de manera muy honesta por qué Mijail, en el momento en que su vida privada causó escándalo, sería incapaz de asistir a la coronación de su primo Jorge V de Inglaterra.

"Mijail está enfermo, le ha dado el más horrible y asqueroso de los sarpullidos, con granos rosados sobre todo su rostro", escribió la gran duquesa Olga. "Obviamente, con su cabeza toda vendada, no le sería posible representar a Rusia en la coronación".

Un mundo soñado

Sin embargo, lo que generalmente llama la atención es que la familia zarista se desentendiera de la vida diaria de la Rusia de ese tiempo.

Mientras el descontento entre la gente crecía, los niños reales se encontraban ocupados visitando y recibiendo visitas de sus primos, en su mayoría provenientes de las familias reales europeas.

Las cartas también narran historia de picnics, paseos en bicicleta y excursiones de cacería. "Mijail iba de caza casi a diario", menciona Robinson, "y normalmente le escribía a su tutor para contarle cuántos osos llegó a disparar en esa excursión en particular."

Image caption Las cartas revelan en detalle los pasatiempos favoritos de los hijos de la realeza rusa.

"Estuvieron tan aislados de la realidad que ni siquiera sabían qué ocurría", añade Robinson.

Una mirada a varios de los menús de la corte guardados por Ferdinand Thormeyer da prueba de ello.

En un frío noviembre de 1910 en San Petersburgo, cuando muchos rusos pasaban hambre, la familia real comía faisán, alcachofas y espárragos a la hora de almuerzo, seguido de frutas frescas con helado, pasteles, café, té y licores.

Vida desde el exilio

De hecho, todo tuvo un final sangriento después de la revolución en 1917. Mijail, Nicolás II y toda su familia fueron asesinados, mientras que Olga y Xenia escaparon al exilio.

Hay muy poco en las cartas de Ginebra que indiquen que alguno de ellos se diera cuenta de lo que estaba por ocurrir. "De hecho, tenemos una carta de Olga de 1914, la cual comienza hablando sobre el clima y su colección de flores", agrega Robinson.

Image caption El zar Alejandro III junto a sus hijos en 1888.

"No hay ninguna indicación de que ella estuviera consciente de lo que estaba sucediendo a su alrededor, o de la situación política de Rusia".

"Luego de ello nos pasamos al 1920, por lo que existe un hueco informativo de la mayor parte del problema".

Exiliada y a salvo en Dinamarca y luego en Canadá, Olga continuó escribiéndole a su querido tutor. "Ella habló mucho sobre su amor por Rusia y cuánto la extrañaba", explica Robinson.

"Decía que siempre se sentía rusa, y escribía sobre su infancia, sus momentos felices... aún quería, incluso hasta el último momento de su vida, mantener contacto con su pasado".

Ahora, esa vida olvidada por largo tiempo se hará pública; se espera que las cartas y los demás documentos se vendan por entre US$70.000 y US$100.000.

La casa de subastas las ha dividido en diferentes grupos. Sin embargo, se espera que todas sean compradas en conjunto por alguna biblioteca o fundación, con el fin de hacer de este poco conocido archivo histórico una ventana accesible para todos los interesados.

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