Especies invasoras: de villanas a heroínas

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Image caption En los años '20 no había uno en todo Puerto Rico. Hoy día, el Tulipán africano es uno de los árboles más comunes de la isla.

Pocos organismos en la naturaleza gozan de tan mala prensa como las especies invasoras. A estas especies -que son, básicamente, todas las plantas o animales no nativos que por accidente o de forma voluntaria se han introducido en un hábitat que no es el de su origen- se las acusa de un sinnúmero de crímenes.

Que están empujando a las especies nativas al borde de la extinción, que erosionan la integridad de los ecosistemas establecidos tras miles de años de evolución, que son las principales responsables de la pérdida de biodiversidad en el mundo....

La lista es extensa, pero en opinión de un grupo pequeño -aunque cada vez más numeroso- de investigadores, se trata de acusaciones injustas.

"Muchos exageran los problemas que traen las especies invasoras", le dijo a BBC Mundo Ariel Lugo, Director del Instituto Internacional de Silvicultura Tropical de Puerto Rico.

Especies salvadoras

Para este ecólogo puertorriqueño, estas especies, lejos de causar los daños arriba mencionados, pueden resultar aliadas claves en la recuperación de los ecosistemas degradados.

"En mi país hemos observado que en los terrenos agrícolas abandonados y en las regiones modificadas por la urbanización, las especies nativas no tienen la capacidad de reproducirse. Bajo estas condiciones, las especies introducidas tienen ventajas: logran establecerse en grandes densidades", explica Lugo.

Esta "habilidad" es precisamente la que cuestionan los conservacionistas.

"Sin embargo, después de unos 40 o 50 años, esta dominación inicial va disminuyendo, y una vez que se reestablece el bosque, gracias a la acción de los murciélagos, los pájaros y otros organismos, las especies nativas retornan al sotobosque", comenta el investigador.

Uno de los ejemplos que cita Lugo es el del Tulipán africano (Spathodea), una especie que cuando se hizo el primer gran recuento de plantas en la isla, casi no existía.

"Fue introducida alrededor del año '23 porque tenía una flor muy bonita. A partir de entonces, con el abandono de los terrenos agrícolas, esta fue la única especie que logró regenerarse en los campos donde antes crecía caña de azúcar. Hoy día, es el árbol más común de Puerto Rico", cuenta Lugo.

Cuando los científicos retornaron a los campos abandonados lo que encontraron, además de una enorme cantidad de tulipanes africanos, fue una gran diversidad de especies nativas creciendo entre medio.

Unas sí, otras no

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Image caption Después del avance inicial de las especies invasoras, las nativas comienzan a retornar.

Pero si los beneficios resultan, en opinión de Lugo, tan evidentes, ¿por qué son rechazadas con tanta vehemencia por la mayor parte de la comunidad científica? ¿Por qué los gobiernos invierten tanto dinero y recursos en programas para erradicarlas?

Por empezar, "a los ecólogos siempre nos ha interesado estudiar los sistemas más maduros, complejos, prístinos, y les hemos prestado menos atención a los sistemas de sucesión por considerarlos de menor valor", dice el científico.

Asimismo, Lugo cree que es más fácil dejarse llevar por las apariencias a corto plazo, en el que las especies nativas aparecen como las dominantes. Y, además, en muchos casos, se trata de "una postura filosófica que no es necesariamente ecológica: si es introducida debemos eliminarla", añade.

No obstante, quienes aceptan el rol beneficioso de las especies invasoras no dudan que en circunstancias particulares puedan convertirse en un peligro. Todo depende del contexto, del estado de salud del hábitat y de la especie en cuestión.

"Es un problema complejo que requiere un enfoque complejo", dice Lugo. La clave está en no condenarlas a todas a priori.

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