Análisis: miedo en Libia, esperanza en Bahréin

Líder libio y rey de Bahréin Derechos de autor de la imagen BBC World Service
Image caption "La misma presión externa que parece haber funcionado en Bahréin tal vez no sea tan efectiva sobre Gadafi".

Hasta hace poco era tentador ver los disturbios en Medio Oriente y el golfo Pérsico como parte del mismo patrón.

Era fácil ver protestas inspiradas por los levantamientos de Túnez y Egipto, un despliegue de desafíos a gran escala contra temblorosos gobernantes que incluso llegaron a ordenar a sus tropas disparar contra la multitud.

Pero ahora está claro que, al menos en Bahréin y Libia, los caminos son dramáticamente diferentes.

En Bahréin las tropas se han retirado y los manifestantes jubilosos se sienten fortalecidos. Además, parece que ya empezó un proceso de diálogo con la familia real.

Probablemente un factor crítico ha sido no sólo la concepción que tiene Bahréin de sí mismo como un estado moderno y relativamente liberal, sino la gran influencia exterior.

El presidente de EE.UU., Barack Obama, y otros altos funcionarios de su país han mantenido colgados del teléfono a los miembros de la monarquía que dirige los destinos de ese archipiélago.

También el ministro de Exteriores británico, William Hague. Todos exigiendo una solución pacífica.

Difícil con Gadafi

Pero es muy difrente lo que ha pasado con Libia, donde el bloqueo informativo intentó mantener al mundo al margen.

La escala de derramamiento de sangre desatada por las tropas del coronel Muamar Gadafi en la ciudad de Bengasi parece que sólo acaba de empezar.

Tras cuatro décadas de rígido gobierno, los desafíos al poder en las calles de Libia son algo sin precedentes. Igual que la ferocidad de la reacción del gobierno.

Sin duda, esra es respuesta más sanguinaria de todas las que se han presentado en la saga de levantamientos en la región.

"Horripilante" e "inaceptable", describió el canciller británico, quien además dijo que el mundo no debería dudar en condenar las acciones del gobierno libio.

Pero el mismo tipo de presión externa que parece haber funcionado en Bahréin tal vez no sea tan efectiva sobre Gadafi.

El coronel libio tiene décadas de experiencia como paria internacional y al frente de un gobierno que no tolera las críticas.

Es más, las demandas de los manifestantes libios no dejan espacio para el acuerdo. Mientras en Bahréin quieren sacar al primer ministro y algunas reformas –no tanto sacar a la familia real–, en libia la multitud descontenta es directa: quieren que se vaya Gadafi. La protesta es personalista.

Así que para salvar su pellejo y el de su gobierno, no parece que la violencia vaya a ser lo que lo hunda. Contemplará sin dudar cualquiera que sea, hasta las más duras medidas si las considera su única opción.

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