Shakespeare contra las maras en El Salvador

  • Eric Lemus
  • El Salvador
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Jóvenes del proyecto Esartes interpretan una adaptación de Fuenteovejuna.

Un proyecto teatral del Festival Shakespeare de la ciudad canadiense de Stratford desembarcó en un pintoresco pueblo salvadoreño donde, gracias al teatro, los jóvenes viven ajenos a la violencia que circunda otras comunidades en este violento país centroamericano.

El día que los miembros de la compañía de teatro Esartes-Stratford apuran los retoques de la puesta en escena en el poblado de Suchitoto, una pequeña localidad ubicada 44 kilómetros al norte de la capital, San Salvador, la policía desplegó un operativo para capturar a cinco sujetos vinculados a una red de extorsionistas. Eran pandilleros.

Pero dentro de una casa colonial y solariega, una treintena de jóvenes, ajenos a aquella noticia, revisa por enésima ocasión las luces, las tablas y la utilería antes que abran las puertas al público y empiecen el conteo hasta la tercera llamada.

A lo largo de un año, 28 jóvenes oriundos de comunidades rurales del departamento de Cuscatlán, han estudiado producción y actuación teatral bajo la sombrilla de Shakespeare, cuyo espíritu los mantiene alejados del escenario de la violencia.

Stratford en Suchitoto

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Héctor Vides interpretó el rol de Mengo, en la adaptación de la pieza Fuenteovejuna.

Tatiana de la Ossa es una dramaturga salvadoreña en cuyo haber figura la dirección del Centro de Artes del país y la red de teatros nacionales.

En 2007, a raíz de una misión canadiense que visitó Suchitoto, fue invitada para conocer a los organizadores del Festival Shakespeare de Stratford de Ontario, que habían sucumbido al encanto del pueblo.

"La actriz Lally Cadeau visitó 'Suchi' y quedó enamorada del lugar, de su gente e historia y al regresar a Canadá empezó a promover el proyecto", relata a BBC Mundo De la Ossa.

"Después, el comité ciudadano y el alcalde (Javier Martínez) preguntaron si quería dirigir el proyecto y decidí mudarme para trabajar con estos jóvenes que provienen de condiciones de enorme pobreza", explica.

Emblemático

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La plaza Centenaria en el centro del pueblo acoge cada noche a lugareños y turistas.

Suchitoto fue el primer asentamiento de los colonizadores españoles en 1528 y es un lugar emblemático de casas coloniales que todavía son edificadas con adobe.

También lo es porque a fines del siglo XX fue uno de los escenarios más cruentos de la guerra civil salvadoreña, cuando el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) combatía al ejército en el cerro de Guazapa y los poblados aledaños.

Desde el fin del conflicto en 1992, gracias a la firma del acuerdo de paz entre los dos bandos, Suchitoto ha sido gobernado por la izquierda y es el símbolo del turismo cultural.

Pero la pobreza estructural siempre es latente. De una población aproximada de 5.000 jóvenes, solamente 200 tienen acceso a formación técnica o universitaria.

"Las alternativas son mínimas y eso es muy difícil para la juventud", argumenta De la Ossa.

Shakespeare profesional

En 1952, Stratford era una ciudad industrial en crisis cuando creó el Festival Shakespeare y resurgió como un centro internacional de teatro.

"Por eso cuando hermanamos ambas ciudades, el lema del proyecto fue 'Compartiendo un sueño'", dice el alcalde Javier Martínez.

"A largo plazo, Suchitoto podrá convertirse en lo que ahora son ciudades como Bogotá o Stratford, porque el arte es capaz de levantar el espíritu de una comunidad", opina.

Durante dos años, los jóvenes seleccionados por el proyecto adquieren conocimientos como trabajo en madera y carpintería, metal y forja, costura, albañilería y pintura, electricidad, escenografía, vestuario, iluminación, utilería, mantenimiento de sistemas de luces y sonido para teatros.

"La formación profesional de los jóvenes está estructurada para que puedan generar empleos y dinámicas económicas en sus comunidades", recalca la directora de Esartes.

Este enfoque motivó a Héctor Vides, un joven de 18 años, primero de cinco hermanos, a caminar tres kilómetros y medio sólo para abordar el autobús que le lleva a la escuela de teatro.

"Mis padres pensaban que esto del teatro era perder el tiempo, pero ahora saben que puede ser una forma de vida y de trabajo", le dice a BBC Mundo el joven, quien durante el último montaje protagonizó la pieza "Fuenteovejuna", el clásico de Lope de Vega.

Veda a pandillas

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Una casa colonial con un enorme patio al centro ha sido adaptada para servir como teatro.

Los alumnos, que provienen de comunidades rurales, son jóvenes en desventaja económica y riesgo social, que en teoría tienen condiciones comunes con quienes se enrolan en las pandillas. Y, aunque la violencia y el asedio existen, en esta zona están vedados.

Según De la Ossa, el nivel organizativo que tiene la población, como sobrevivientes de la guerra, hace viable el teatro e impide que las maras aniden en el lugar.

Además de la escuela teatral, Suchitoto también alberga un proyecto de difusión del cine impulsado por la Unión Latina -organización internacional que reúne 36 países de lenguas neolatinas- y Casa Clementina, una organización con sede en Nueva York y Suchitoto dirigida por la cineasta salvadoreña, Paula Heredia.

Heredia, productora de la cadena HBO, anticipa a BBC Mundo que pretende hacer del pueblo "la capital cultural de El Salvador".

"En abril inauguramos un seminario de producción ejecutiva para cine con la participación de productores y distribuidores de Italia, Inglaterra, México, Estados Unidos y Venezuela", dice Heredia, salvadoreña ganadora de dos premios Emmy.

En este contexto de actividades culturales, un lugareño resalta el legado de Alejandro Coto, fundador del Festival Permanente por el Arte y la Cultura en 1991.

"Gracias a Coto, aquí empezamos a hablar de música, arte y cine, a pesar del horror que vivimos", recuerda.

Por eso Antoni Cimolino, director del Festival Shakespeare de Stratford, dice "no puedo imaginar cómo es que Suchitoto puede sanar sus heridas, pero sí sé que la búsqueda de las artes ha sido central en el proceso de curación".