Libia y el "altruismo diplomático" de China y Rusia

Jintao y Putin Derechos de autor de la imagen BBC World Service
Image caption El presidente chino posa junto al primer ministro de Rusia.

La renuencia de Rusia y China a bendecir acciones militares en Naciones Unidas surge más de consideraciones políticas internas que diplomáticas.

Este jueves el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas intenta ponerse de acuerdo para aprobar la polémica resolución que ha estado debatiendo en las últimas semanas que impondría una veda de vuelos sobre Libia para evitar que las fuerzas leales a Muamar Gadafi bombardeen a los rebeldes que controlan partes del este del país norafricano.

La iniciativa, presentada en esta ocasión por Francia y Gran Bretaña, parece haber vencido la oposición inicial de Estados Unidos, según dijo el canciller británico William Hague, con lo que quedaría pendiente la definición de China y Rusia, los otros dos miembros permanentes.

Posiblemente haya funcionado dentro del Departamento de Estado el temor a la ira de un Gadafi victorioso y además molesto con los países industrializados que hace tan sólo cinco años, olfateando buenos negocios petroleros, lo aceptaron de vuelta en la comunidad internacional, pero que en esta coyuntura le han exigido dejar el poder.

"Si Gadafi resulta victorioso tenemos que enfrentar un considerable número de otros riesgos también", le dijo este jueves al Senado estadounidense el subsecretario de Estados, William Burns, exprensando el temor de que el líder libio pueda volver a promocionar grupos extremistas.

Pese a ello, y a que en lo que va de la crisis libia el Consejo ha actuado con unanimidad, la posible intervención de la ONU sigue siendo vista con desconfianza por los otros dos miembros permanentes del organismo: Rusia y China, las eternas interrogantes a la hora de tomar decisiones controvertidas.

Altruismo diplomático

Durante la comparecencia de Burns, los senadores del Comité de Asuntos Exteriores se preguntaron por la posibilidad de que Moscú y Pekín veten la resolución, reproduciendo la duda que siempre surge cuando se trata de imponer sanciones o bendecir intervenciones militares.

Ambos países tienen poder de veto en el Consejo y son renuentes a ese tipo de intervenciones, por lo que siempre está latente la posibilidad de que lo empleen para bloquear lo que sus pares occidentales puedan considerar acciones necesarias, como sería esta en el caso de Libia.

Este lunes, a la salida de la reunión del Consejo en Nueva York, el embajador ruso ante la ONU, Vitaly Churkin, había advertido que su país tiene la "mente abierta" respecto a la propuesta del control aéreo sobre Libia, pero que su cancillería necesita conocer "detalles" para poder tomar una decisión.

Contrario a lo que la propaganda oficial china y rusa podrían querer destacar en casos como este, algunos analistas advierten que la renuencia de esos países a construir un frente homogéneo con las naciones desarrolladas no nace tanto del altruismo diplomático como de una necesidad de política doméstica.

"Ambos países son altamente desconfiados de todo lo que no controlen directamente, y eso incluye a la ONU", le dijo a BBC Mundo Arthur Waldron, profesor de política internacional de la Universidad de Pensilvania.

Waldron destaca que Rusia y China "tienen minorías étnicas que han conquistado e incorporado y que viven oprimidas", haciendo referencia a los chechenos en el cáucaso ruso y a los tibetanos y los turcos de Xianjiang.

"Los dos estados temen la internacionalización de esos asuntos. Lo último que quieren es ver a la ONU apoyando las luchas de esos pueblos por autonomía, derechos o incluso la independencia", afirmó Waldrom.

Mutua desconfianza

Según le dijo a BBC Mundo una fuente diplomática europea destacada en Washington, que no quiso identificarse "para no herir susceptibilidades nacionales", las cancillerías occidentales "suelen considerar a sus colegas rusos como imprevisibles y a los chinos muchas veces como insondables".

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Image caption El Consejo de Seguridad analiza una zona de exclusión aérea sobre territorio libio.

Pero con todo ese temor al bloqueo de iniciativas globales, China sólo ha vetado seis resoluciones de la ONU. La primera en 1972, cuando recién incorporada el grupo impidió la entrada de Bangladesh al foro multinacional.

"Los chinos han sido renuentes a usar su poder de veto, y optan más por la abstención o la no participación en las votaciones", asegura Yitzhak Shichor, especialista del este de Asia de la Fundación Jamestown, centro de estudios internacionales ubicado en Washington.

"De esta manera, típica del comportamiento de Pekín en la ONU y reflejo de su legado cultural, los chinos pueden enviar un mensaje y evitar tener que tomar partidos y alienar a sus socios", considera Shichor, para quien la abstención china "es una política consistente".

Rusia no ha temido usar la prerrogativa y ha vetado 123 resoluciones del Consejo de Seguridad, desde tiempos de la Unión Soviética. Muy por encima de los 82 vetos usados por EE.UU., los 32 de Gran Bretaña y los 18 de Francia.

El "exceso" ruso a la hora de usar su poder de veto contribuye con el problema de percepción entre quienes ven a Moscú (y también a Pekín) como "estados díscolos" que pueden complicar la agenda internacional de los países tradicionalmente hegemónicos.

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