Bradley Manning, otra piedra en el zapato de Obama

Protesta en Washington Derechos de autor de la imagen AP
Image caption Manning permanece incomunicado en una celda de 2 por 4 metros sin ventana en una cárcel militar en Virginia.

Hace un año, pocos en Washington habían escuchado el nombre de Bradley Manning, el soldado acusado de filtrar información clasificada del gobierno de Estados Unidos a WikiLeaks, pero hoy, desde su celda a pocos kilómetros de la Casa Blanca, Manning se ha convertido en una causa célebre para activistas de derechos humanos y un símbolo para críticos progresistas de la presidencia de Barack Obama.

Manning, quien enfrenta más de 22 cargos, incluyendo "colaborar con el enemigo" crimen condenable con la pena de muerte, es acusado por el Pentágono de transmitir a WikiLeaks más de medio millón de documentos oficiales que incluyen datos secretos acerca de las guerras en Irak y Afganistán, videos comprometedores y miles de cables clasificados del Departamento de Estado.

El militar de 23 años, con ciudadanía estadounidense y británica, lleva casi un año detenido esperando que se determine una fecha para su juicio. Actualmente habita una celda de 2 metros por 4 sin ventana en una cárcel militar en Quantico, Virginia, donde permanece incomunicado y de la cual sólo puede salir una hora por día, encadenado de manos y pies.

Según su abogado, David E. Coombs, quién además de jurista es integrante del ejército de Estados Unidos, el mes pasado Manning fue forzado a permanecer desnudo durante horas, es obligado a dormir bajo luz perpetua y fue colocado bajo monitoreo anti-suicidio de 24 horas a pesar de no haber dado ninguna indicación de requerir dicha medida.

"Desnudo en una celda fría"

"Se acuesta en una celda fría, desnudo hasta el día siguiente donde le toca aguantar la humillación de ponerse firme desnudo cuando pasan revista todas las mañanas", escribió su abogado en su blog legal.

Coombs también denunció que a pesar de varias solicitudes por escrito, las autoridades militares no han permitido que Juan Mendéz, relator especial de la ONU sobre la tortura, el congresista demócrata Dennis Kucinich, ni representantes de Amnistía Internacional visiten a Manning para verificar su estado.

Las condiciones de la detención de Manning se han convertido en motivo de protesta para defensores de los derechos humanos y en un dolor de cabeza para el presidente Obama quien debe responder a los reclamos de activistas progresistas que le ayudaron a ganar la presidencia en el 2008 y cuyo apoyo necesita para su campaña de reelección en el 2012.

Estos grupos ya han organizado protestas frente a la cárcel donde está Manning, han creado redes de apoyo, recolectado fondos para su defensa legal y han denunciado por todos los medios lo que consideran el trato injusto de un soldado que hasta el momento no ha sido enjuiciado.

"Si Manning es culpable de un crimen, que sea juzgado, hallado culpable y castigado según la ley. Pero su trato debe ser según la Constitución...No hay excusa para este trato degradante e inhumano como castigo antes de un juicio", dice una carta abierta al presidente Obama, firmada por más de 250 académicos, juristas y expertos en ley constitucional de todo el país.

La carta, que incluye la firma de Laurence Tribe, antiguo profesor de derecho de Obama en la Universidad de Harvard, y quien alguna vez declaró que Obama fue su mejor alumno, asegura que las condiciones de prisión de Manning parecen ser "ilegales e inmorales" y una violación de los estatutos criminales contra la tortura.

Obama se defiende

Por su parte Obama aseguró que el trato que recibe Manning no es excesivo.

"Yo mismo le pregunté al Pentágono si las condiciones de su encarcelación son apropiadas y de acuerdo a nuestros requisitos básicos, y ellos me aseguraron que sí lo son", dijo el presidente en una rueda de prensa reciente.

Derechos de autor de la imagen AFP
Image caption Pese a las denuncias de activistas, el caso de Manning no ha capturado la atención del público en Estados Unidos.

En una carta obtenida por BBC Mundo, el Secretario del Ejército, John McHugh afirma que Manning recibe el mismo trato que otros prisioneros en casos similares y que tiene acceso a servicios de salud, consejería pastoral, visitas, asesoría legal, gimnasio, teléfono, lectura y televisión.

"La detención pre-juicio de Manning cumple con los requisitos de la ley de Estados Unidos y del Departamento de Defensa, que van de acuerdo a los requisitos constitucionales", dice la misiva firmada del 24 de febrero de este año, que además asegura que Manning cuenta con vías legales, civiles y militares, para presentar cualquier queja que tenga.

Por otro lado, Obama también debe responder a sus críticos de la derecha que estiman que el trato con Manning debe ser incluso más severo.

"Yo diría que en este caso claramente se debería considerar la pena de muerte. Él (Manning) claramente colaboró con el enemigo de una manera que podría llevar a la muerte de un soldado de Estados Unidos o aquellos que cooperan con nosotros. Si eso no es una ofensa capital, no se que es", dijo en una entrevista el congresista republicano Mike Rodgers de Michigan.

De Bush a Obama

A pesar de los esfuerzos y denuncias de activistas, el caso de Manning no ha capturado la atención del público en Estados Unidos, ni los titulares de los medios de comunicación en un país azotado por el desempleo, la crisis económica y las peleas partidistas en torno al presupuesto nacional.

Según Allan Lichtman, profesor de historia de la American University, en Estados Unidos existe una especie de fatiga colectiva en cuanto a estos temas, ya que el público lleva 10 años viendo noticias de abusos, tortura, detenciones arbitrarias y violaciones de derechos humanos. El caso de Manning es uno más y ni siquiera el peor, sobre todo en comparación a los excesos de Abu Grahib, Irak y Afganistán que saturaron los medios con imágenes, videos y toda la producción multimedia del momento.

Sin embargo, Litchman considera que Manning se ha convertido en un símbolo importante para los grupos progresistas que apoyaron la campaña de Obama y que ahora están desilusionados con las medidas de la Casa Blanca.

"Este caso les recuerda las prácticas que aborrecían de la administración Bush", dijo el catedrático a BBC Mundo, explicando que las encarcelaciones indefinidas, el maltrato a sospechosos de terrorismo, la tortura y el secretismo oficial eran esquemas que muchos esperaban ver "desaparecer" con "el cambio en Washington" que prometió Obama durante su campaña presidencial.

Litchman opina sin embargo, que a pesar de sufrir una desilusión política con el actual presidente, estos activistas terminarán apoyando a Obama para su reelección en el 2012.

"Simplemente no tienen a quién más apoyar, detestan a los republicanos más que a Obama", agregó.

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