Los niños indocumentados, en batalla judicial solitaria

Migrantes centroamericanos cruzan la frontera entre México y EE.UU. Derechos de autor de la imagen AP
Image caption Según cifras de la ORR, 8.212 menores migrantes fueron acomodados en los centros de albergue.

José, guatemalteco y huérfano, decidió viajar a Estados Unidos cansado de soportar los rigores de la calle en su país.

Marisa, con apenas 5 años, se dejó llevar por una hermana en busca de su madre, aún cuando no sabían dónde buscarla.

A Raúl la "migra" le daba menos miedo que las pandillas de su San Salvador natal que intentaban reclutarlo, así que también se arriesgó.

Sus nombres son falsos; sus historias, verdaderas. Ilustran la realidad de los llamados "menores indocumentados no acompañados": niños y adolescentes que cada año intentan quebrar la seguridad de la frontera estadounidense y no lo logran.

Viajan sin permiso para reunirse con sus familias, escapar de situaciones de abuso o buscar empleo; o bien son víctimas de tráfico humano o redes de prostitución.

Según las últimas estadísticas que entregó a BBC Mundo la Oficina de Reubicación de Refugiados de Estados Unidos (ORR, por sus siglas en inglés), 8.212 menores fueron acomodados en los centros de albergue que maneja el organismo, un número que ha "aumentado consistentemente".

Creada en 2003, esta dependencia se ocupa de recibir a los chicos una vez que son interceptados por los agentes fronterizos, en el marco de un programa en el que el gobierno invierte unos US$95 millones al año.

Solos

Cuando el viaje se trunca, los menores por lo general son enviados a refugios en los que cuentan con facilidades especiales, como educación o recreación.

Pero aquellos que son considerados peligrosos para sí mismos o para la sociedad –un 7%, según datos oficiales- son alojados en centros de detención similares a una prisión juvenil.

Otros, con más suerte, logran ser asignados a un familiar o mentor residente en Estados Unidos.

"Son liberados si se encuentra un encargado apropiado, lo cual es largo y difícil, y así pueden luchar su causa migratoria desde un hogar común", dice a BBC Mundo la abogada Michelle Abarca, que trabaja el tema desde la organización no gubernamental Florida Immigrant Advocacy Center (FIAC).

Pero incluso los que son liberados por el sistema de custodia federal no tienen el futuro resuelto: deberán, unos y otros, enfrentarse al implacable sistema judicial estadounidense.

Sin abogados

La ley estadounidense específicamente restringe la posibilidad de que los menores indocumentados puedan tener representación legal: no provee defensores públicos ni destina fondos para pagar abogados privados.

Muchos niños quedan así sentados en soledad frente a un tribunal, lo que despierta duras críticas de las organizaciones que trabajan en el terreno. Según estiman, casi la mitad de ellos no logran representación legal.

Para paliar la situación, el gobierno trabaja en conjunto con entidades como el Instituto Vera, que presta servicios legales mediante una red de 17 organizaciones asociadas.

Con Vera se inició un proyecto piloto que asistió a 14.000 menores en 3 años, el 89% de ellos de origen hispano. Pero el financiamiento para la institución se destina a proveer información, dar a conocer los derechos a los involucrados y prepararlos para la corte.

"El gran problema es que los fondos que recibimos no nos permiten destinarlos a pagar por abogados. Si no se consiguen una defensa pro bono (gratuita), están solos", reconoce ante BBC Mundo Susan Shah, directora del programa de Vera.

En tanto, otras organizaciones como KIND -financiada desde 2008 por Microsoft Corporation y la actriz Angelina Jolie- se ocupan de contactar abogados de grandes estudios que se ofrecen como voluntarios para la causa.

"Nosotros los entrenamos y logramos que los menores tengan representantes que serían realmente impagables", señala a BBC Mundo Wendy Young, directora ejecutiva de la fundación, que ha atendido a 2.700 de ellos, de entre 2 y 18 años.

No apto para menores

La instancia legal, incluso con abogado, tiene sus pormenores: no existen, dicen los expertos, previsiones para convertir el tribunal en un espacio que resulte menos hostil para los menores.

"El sistema migratorio fue originalmente diseñado para adultos y está pensado como un 'talle único' que le va a todos", opina Young.

Algunas cosas han logrado, sin embargo, como hacer que los jueces no utilicen su intimidatoria túnica negra o que se destine un día exclusivo para tratar casos infantiles y evitar así que los acusados se expongan al contacto con otros reos uniformados y esposados.

En cambio, todavía queda por saldar una consecuencia de la crisis económica que pone en riesgo la representación gratuita para los menores.

"Para estos temas tenemos que conseguir otras fuentes de financiamiento por fuera del gobierno, y con la recesión se ha hecho más difícil, ha mermado mucho el dinero", revela la abogada Abarca. "Lo que está es grave: es la defensa de miles de niños que no tienen nada, ni aquí ni en sus países".

El proceso judicial está teñido, así, por la sombra de la deportación. Las estadísticas señalan que los jueces otorgan el visto bueno a 40% de los niños y adolescentes que conseguirán un visado salvador. El resto, deberá abandonar el país y el sueño llevado por la fuerza de regreso a casa.

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