Equipos satelitales para ayudar a indocumentados a cruzar el desierto

Patrulla fronteriza de EE.UU. Derechos de autor de la imagen AP
Image caption Para los inmigrantes indocumentados burlar a la patrulla fronteriza no es lo más difícil, ya que luego viene cruzar el desierto.

Localizadores satelitales para ayudar a los indocumentados a cruzar el desierto de Arizona: esa es la propuesta de un polémico programa de asistencia para intentar ingresar sin permiso en Estados Unidos por tierra desde México.

El pastor religioso y activista proinmigración Robin Hoover tuvo la idea de entregar aparatos de posicionamiento satelital (una tecnología de base similar a la de un GPS) a los llamados “coyotes”, que hacen negocio con los potenciales inmigrantes guiándolos en el cruce desde el sur hacia el norte.

Los equipos permitirían a los traficantes de indocumentados pedir ayuda en caso de emergencia.

“Lo importante es salvar vidas, es lo único que cuenta. Los traficantes tienen que estar involucrados y tener ayuda a su alcance, como estos equipos, porque son ellos los que guían a las personas sin papeles”, expresó el reverendo Hoover en diálogo con BBC Mundo.

Convertido en uno de los principales corredores de tráfico humano del mundo, el desierto de Sonora-Arizona es el escenario en el que se registra más de 40% de las muertes de indocumentados, muchas como consecuencia de las altas temperaturas. Entre 1999 y 2009 hubo 1.755 casos y, aunque el número de detenidos por las patrullas fronterizas estadounidenses va en descenso, no ocurre lo mismo con la proporción de fallecidos. Distintas organizaciones hablan de al menos 250 casos en 2010.

Accesibles

El programa ¡Rescátame! de Hoover propone el uso de localizadores satelitales como reemplazo del teléfono celular, que muchas veces pierde recepción durante el cruce y en otras ocasiones es retenido por los traficantes para evitar que los inmigrantes los usen sin permiso y pongan en riesgo la travesía.

Entregaron ya un puñado de las llamadas Radiobalizas Personales de Localización (PLB, por sus siglas en inglés), con las que se puede dar señal de alerta en caso de riesgo con sólo apretar un botón: una llamada de emergencia que no falla jamás.

“Estos dispositivos existen desde hace unos años, pero costaban mucho dinero”, explicó el activista.

Livianos y de color amarillo, hoy las PLB se consiguen por unos US$200. Al ser activadas, envían una señal que es captada por la Administración Nacional del Océano y la Atmósfera de Estados Unidos, que luego indicará la ubicación exacta del aparato a las autoridades pertinentes.

“Son sólo para emergencia y así se lo explicamos a los coyotes. Ellos no quieren ser detectados porque pierden el dinero que le cobraron a cada inmigrante y pierden reputación, pero hay un momento en el que no se trata de si la persona logra pasar la frontera o no: la cuestión es que hay vidas en juego”, señaló Hoover a la BBC.

Las PLB servirían, por caso, para que los mismos coyotes abandonen a alguien que tiene un problema de salud y no puede resistir la caminata, pero dejándole el dispositivo que podrá ser localizado por agentes de control antiinmigración. Se trata, según los responsables, de un plan pensado como “el mal menor”.

A largo plazo esperan distribuir las PLB entre los mismos migrantes, pero por el momento su cantidad es limitada y sólo las han hecho llegar a manos de “coyotes confiables”.

Para eso, trabajan en conjunto con grupos de voluntarias cristianas en la zona de Altar, Sonora, quienes “tienen la autoridad moral para saber quiénes son los guías que están haciendo un trabajo respetuoso con quienes vienen a contratarlos para intentar el cruce”, según dice el religioso.

“Nosotros distinguimos entre los coyotes, que son hombres de negocios y ven a los migrantes como clientes, y los migrantes mismos. Pero a veces esta distinción es inútil: si se pierde una vida, no funciona el negocio para el traficante y es una muerte más para lamentar”, señala con pragmatismo.

Activista polémico

Hoover sabe que su gestión puede tener consecuencias: afirma que presentó el plan al gobierno federal y no obtuvo objeciones, pero está acostumbrado a quedar en la mira de las autoridades o los grupos conservadores.

Fundador de organizaciones humanitarias como West Aid, en los años ’80, y luego de Humane Borders, el pastor tiene un historial de propuestas polémicas para abordar el costado humanitario del fenómeno migratorio ilegal.

Fue él quien lideró la instalación de puestos de abastecimiento de agua en el desierto -38 de ellos, para evitar que los que cruzan la frontera mueran de sed- tras el caso de 14 personas encontradas con signos de deshidratación fatal a la altura del parque Cabeza Prieta, en 2003.

Desde entonces, Hoover está en el centro del debate que sugiere que ayudar a los indocumentados en riesgo es de algún modo fomentar el delito de la entrada no autorizada de personas a Estados Unidos.

En 2006, el entonces secretario de Seguridad Interior, Michael Chertoff, condenó el reparto de los “mapas humanitarios” ideados por su organización –con datos sobre los puntos críticos del desierto- por considerar que “avalaban la inmigración ilegal”.

Ahora, Hoover ha viajado a México donde espera conseguir apoyo para su cruzada, tras reunirse con representantes del gobierno y de la Comisión de Derechos Humanos de ese país.

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