"I’m not José. Me llamo Ethan"

Familia hispana Derechos de autor de la imagen AFP
Image caption Queda claro que el uso de nombres comunes en inglés ahorrará a muchos niños el tiempo que tomaría deletrear su nombre de pila.

Cada vez menos "José" y cada vez más Jacob, Ethan, Michael, Jayden… El nombre más popular para los niños nacidos en familias hispanas de Estados Unidos ya no está entre los 50 más usados en el país, según datos del gobierno.

Por primera vez desde los años '70, José ha quedado relegado al puesto 51 y no aparece en la lista de nombres favoritos que elabora la Administración de la Seguridad Social (SSA, por sus siglas en inglés), basada en los registros de nacimientos de 2010.

El dato resulta curioso en contraste con otra estadística: la que marca que la población latina está en constante crecimiento, a un ritmo de 43% en la última década.

Según reveló el censo del año pasado, los hispanos pasaron de ser 35,3 millones en 2000 a 50,5 millones en la actualidad, lo que significa que esta minoría aportó más de la mitad del crecimiento demográfico de Estados Unidos, calculado en unos 27 millones de personas para ese período.

Si a eso se suma que los grupos latinos tienen un índice de natalidad mayor a la población blanca, la pérdida de popularidad de los José, Diego, Juanes y Luises resulta difícil de explicar a primera vista.

A mezclarse

La tendencia no es súbita ni sorpresiva: José ha venido cayendo en el ranking, desde el puesto 28 en 2004 al número 49 en 2009, hasta finalmente quedar fuera del "top 50".

Incluso en el estado sureño de Texas, donde ocupó la primera posición entre todos los nombres de varones desde 1996, José fue en 2009 desplazado por Jacob, el favorito a nivel nacional.

¿Cuáles son las causas?

Los sociólogos notan un proceso de aculturación en marcha, que lleva al reemplazo de nombres de tradición familiar por otros de origen anglosajón.

"La asimilación en el contexto, la búsqueda de elementos que los haga semejantes a los que los rodean, es la principal razón por la que los padres inmigrantes hacen esta elección", afirmó a BBC Mundo Cleveland Kent Evans, profesor de psicología en la Universidad Bellevue y autor de "El gran libro de los nombres de bebé".

Según los expertos, los nombres que los inmigrantes eligen para sus hijos pasan por tres etapas: de aquellos en la lengua original a otros de carácter universal, para adoptar por último los que son propios de la cultura en la que se insertan.

"Hay nombres que en América Latina son muy comunes pero aquí suenan raros, como Jesús, y que además permiten saber el origen étnico de una persona simplemente con nombrarlo. Para muchos, eso dificulta la integración", coincide Don Nilsen, académico de la Universidad Estatal de Arizona y ex presidente de la Sociedad Estadounidense de Nombres, en diálogo con BBC Mundo.

Sin deletrear

Algo es seguro: el uso de denominaciones comunes en inglés ahorrará a muchos niños el tiempo que tomaría deletrear el nombre de pila.

Una investigación del psicólogo Albert Mehrabian, de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), revela que los nombres más comunes generan reacciones positivas entre aquellos que los escuchan, mientras que los inusuales despiertan respuestas negativas. "Original" no es sinónimo de bueno, según el especialista.

Pero hay quienes señalan que la adopción de nombres de origen anglo entre los hispanos de Estados Unidos responde a un fenómeno más complejo: muchos de esos apelativos están globalizados.

"La tendencia muestra que en los países latinoamericanos los nombres tradicionales españoles también se están usando menos, se mezclan con otros de actores o de famosos… Por ejemplo, la serie televisiva mexicana 'DKDA: Sueños de juventud', a finales de los '90, popularizó allí el nombre Axel (uno de los protagonistas)", explicó Evans.

Derechos de autor de la imagen Oficina del Censo de EE.UU.
Image caption Los nombres preferidos para las niñas tienen versiones "universales".

Para el académico, el adiós a los José o Juan es además una señal de que el machismo, más común entre los grupos hispanos que en otros sectores, está en baja.

"Una forma de machismo es llamar a los hijos igual que los padres, algo que aquí ya no es común ni entre anglos ni entre afroamericanos", afirmó.

Quizás eso explique por qué entre los nombres preferidos para niñas no ocurre lo mismo: los de origen hispano no figuran nunca en la lista de 50 más comunes, donde en cambio aparecen versiones "universalizadas" con una fonética que funciona en distintos idiomas: Isabella, Sophia y Emma.

Efectos

Pero, ¿tiene efecto positivo sobre la definición de una identidad el origen del nombre que se lleve?

Los expertos consultados por BBC Mundo difieren en su evaluación. "Los padres le están haciendo a sus hijos un favor considerable, acelerando su proceso de integración", opinó el psicólogo Mehrabian.

"Es una pena porque limita la variedad. Es tomar la decisión, consciente o no, de resaltar la cultura estadounidense a expensas de la propia", disintió el lingüista Nilsen, quien reconoce que la decisión a veces se justifica en la discriminación que sufren muchos inmigrantes por el solo hecho de ser latinos, lo que lleva a los padres a tratar de "borrar toda huella de hispanidad".

Mientras desaparecen los José, la herencia hispana se perpetúa en el apellido: ya hay dos -García y Rodríguez- entre los diez más frecuentes y, según las estadísticas, han crecido sin pausa.

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