Venezuela: las mafias que gobiernan las prisiones

Presos en la cárcel de El Rodeo Derechos de autor de la imagen Reuters
Image caption Algunos familiares denuncian que tienen que pagar para garantizar la seguridad de los detenidos.

Pagar para comer. Pagar por un lugar para dormir. Pagar para sobrevivir. Dentro de algunas cárceles en Venezuela funcionan mafias y redes de corrupción que, aunque no desconocidas anteriormente, quedaron en evidencia por lo que acontece en la prisión de El Rodeo.

Son verdaderas estructuras de poder que controlan la vida de miles de presos en este centro penitenciario ubicado en la localidad de Guatire, 50 kilómetros al este de Caracas.

El domingo pasado 22 de ellos murieron en un enfrentamiento entre bandas rivales y cuando las autoridades intentaron el viernes retomar el control del centro llegó el caos.

Se toparon con un monstruo que han alimentado, aseguran expertos. Y todavía no logran terminar la situación por completo.

La cuota

El comandante de la Guardia Nacional Bolivariana comparó el choque con los presos con "la guerra de Vietnam, la Segunda Guerra Mundial".

Fue una batalla porque los reos tenían armamento para dar pelea a unos 5.000 agentes de seguridad del Estado, pertrechados para el combate.

En la requisa de uno de los anexos del centro se incautaron cinco escopetas, siete fusiles, 20 pistolas, ocho granadas y 5.000 cartuchos, además de 45 kilos de cocaína y 12 de marihuana.

De acuerdo con un informe de empleados de la Dirección Nacional de los Servicios Penitenciarios, citado por el diario El Nacional, algunos funcionarios de la Guardia Nacional pueden cobrar 10.000 bolívares (US$2.300 al cambio oficial) por el ingreso de un arma de alto calibre a una cárcel.

Todo tiene una tarifa: una pistola (US$70), una granada (US$45) y seis botellas de alcohol (entre US$23 y US$46).

Los líderes dentro del penal, conocidos como "pranes o "principales", consiguen sus recursos de cobrarle cuota a los presos, que deben pagar los domingos, cuando los familiares los visitan y les dan la posibilidad de generarles, a través del pago, algunos beneficios.

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"Les cobran una cuota básica para poder vivir ahí adentro", le dice a BBC Mundo, Carlos Nieto Palma, director de la ONG Una Ventana a la Libertad, una organización que promueve la defensa de los derechos humanos de las personas privadas de libertad.

Se estima que por semana los familiares deben dar entre 50 y 130 bolívares (entre US$12 y US$30).

Derechos de autor de la imagen AP
Image caption Familiares de detenidos de El Rodeo leen la lista de quienes han sido sacados del penal.

Yuselis Páez, de 22 años, lleva días esperando por noticias de su esposo, Héctor Pacheco, preso en el Rodeo I. No sabe si se encuentra entre los 2.500 que fueron trasladados el domingo.

En conversación con BBC Mundo, Páez confirma que todos los domingos le debe llevar a su marido al menos 50 bolívares.

"Ahí nadie está seguro, salvo los 'pranes', que tienen cama y televisor", explica. "El mío no tiene ni cama, así que le llevo pa' que pague la 'causa'", una forma de alquiler que da derecho a alojarse un área determinada.

Páez, además, le lleva el dinero para que compre papel higiénico, jabón y desinfectante; también para evitar la comida de ahí. "Es muy mala", dice.

Los presos hacen parrillada y pollo frito, y se consiguen refrescos, jugos, café y arepas, entre otras cosas: un mercado dentro de una prisión.

El dinero, cuenta Páez, se lo deben dar los "luceros", un escalafón menor en la jerarquía carcelaria, encargados de recolectar los fondos del "pran".

"Economía lucrativa"

Luis Cedeño, director de la ONG Paz Activa, señala que "en la cárcel se paga por todo, porque el Estado no está".

"Se maneja una economía muy lucrativa alrededor de los reos. Si no tiene dinero, es probable que muera. No va a tener dónde dormir ni qué comer", agrega.

Y la posibilidad de este negocio trae sus consecuencias: "Eso corrompe a los guardias porque se alimentan de ese negocio", dice Cedeño.

Desde el gobierno se reconocen los problemas de corrupción y se habla de atacar las mafias internas.

El ministro del Interior, Tareck El Aissami, aseguró durante el fin de semana que el "ingreso de las armas forma parte del deterioro institucional de estos establecimientos, hay complicidad de la custodia interna y externa. No ingresan solas".

Pero el negocio no está sólo en las armas. Los "pranes", líderes del recinto, también cobran por protección u hospedaje especial y se estima -de acuerdo al informe citado por El Nacional- que pueden manejar un negocio de cientos de miles de dólares al año.

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