Protesta estudiantil en Chile: "la mayor desde el regreso a la democracia"

Panacartas cubren la fachada de la universidad nacional en Santiago Derechos de autor de la imagen rodrigo bustamante
Image caption Las demandas estudiantiles empezaron en tiempos de la presidenta Michelle Bachelet

Desde hace casi un mes el sistema escolar y universitario en Chile se encuentra interrumpido a causa de huelgas y tomas protagonizados por estudiantes, a los que se sumaron profesores e incluso directivos en demanda de mejoras en la educación.

Al principio el hecho fue minimizado por las autoridades, que hablaron de grupos minoritarios que no representaban al grueso del estudiantado, pero una marcha el pasado 16 de junio juntó en las calles de Santiago a unos 100.000 manifestantes, según cálculos de los organizadores (la policia habló de 80.000), y demostró que el movimiento iba en serio.

Sus protagonistas son los escolares, que entre otras cosas piden que termine el actual sistema de administración de los establecimientos, y los universitarios, quienes, entre otros puntos, abogan por un mayor aporte del Estado a las instituciones tradicionales de educación superior.

A ellos se sumó el Colegio de Profesores, generando un cuadro que ha tomado fuerza al punto de ser calificado como la manifestación más importante desde el retorno a la democracia en 1990, según estima Rodrigo Cornejo, investigador del Observatorio de Políticas Educativas de la Universidad de Chile.

"Sin lugar a dudas esta movilización es la más grande y la más consistente desde los gobiernos civiles de post dictadura. Hay un trabajo regular y sistemático, y un sector cada vez más grande de secundarios, universitarios y trabajadores está entendiendo que el modelo y su totalidad está en crisis", dijo a BBC Mundo.

El escenario

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Image caption La reciente marcha estudiantil en Santiago parece haber sorprendido al gobierno de Sebastián Piñera

En 2006 irrumpió un movimiento estudiantil conocido como la "revolución pingüina" -en referencia al uniforme con colores blanco y negro que usa la mayoría de los escolares en Chile-, que básicamente pedía el fin de la política educativa pública en que el Estado financia sólo un porcentaje dependiendo del número de alumnos matriculados.

A juicio de los expertos, la respuesta del gobierno de la entonces presidenta Michelle Bachelet fue insuficiente y los acuerdos no se tradujeron en modificaciones.

"Mirando los hechos duros, cinco años más tarde, al aula y a la escuela no ha llegado ningún cambio. Los jóvenes no perciben ningún cambio significativo", explica Mario Waissbluth, coordinador de la fundación Educación 2020.

También hay demandas en el sistema universitario, donde la educación gratuita no existe. Las instituciones públicas y tradicionales reciben un 12% de financiamiento estatal y el resto sale del pago de los aranceles por parte de los estudiantes, que pueden acceder a créditos.

Hoy casi un 80% cursa sus carreras en universidades privadas, que se multiplicaron desde 1981 y cuentan con mayores facilidades, aunque los créditos tienen intereses más altos y los estudiantes suelen terminar con deudas de gran cuantía.

"Muchas universidades por hacer negocio terminaron aceptando a estudiantes que no entendían lo que leían, la mitad de los cuales termina desertando o endeudado. Esta era una bomba que tenía que estallar en algún momento, y se juntó con la bomba de los escolares", apunta Waissbluth a BBC Mundo.

Los avances

Aunque el gobierno conservador de Sebastián Piñera se centró inicialmente en repudiar los hechos aislados de violencia en las marchas o las tomas de colegios en Santiago y el resto del país, con el paso de los días accedió a hacer una propuesta.

Los estudiantes exigieron respuestas concretas a las demandas, las que llegaron el martes con un documento de siete puntos.

"De todas maneras es un avance y eso lo reconocemos, quizás no es suficiente pero es un avance en relación a cómo iba el trato con el ministerio (de Educación)", comentó a BBC Mundo Camilo Ballesteros, uno de los dirigentes del movimiento universitario.

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Image caption Agunos consideran que se trata de las mayores protestas vividas desde el regreso de la democracia.

Entre las propuestas destaca un fondo de revitalización de la educación pública universitaria con US$75 millones, mejoramiento de los sistemas de crédito con renegociación para los morosos y reducción de la tasa de interés, y una revisión al "lucro" que obtienen universidades privadas por más que ello está prohibido por ley.

También hay iniciativas para los escolares y profesores, y a partir de ello el ministro de Educación Joaquín Lavín espera "que trabajemos juntos, que dialoguemos".

Por lo pronto, Ballesteros enfatizó que "mientras no haya soluciones concretas a lo que estamos demandando no vamos a bajar el movimiento", y anunció una protesta nacional el 30 de junio "donde esperamos incluso superar lo que se vio en la histórica marcha anterior".

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