Hollywood quiere exportar su imperio a las nuevas potencias mundiales

Hollywood sign Derechos de autor de la imagen Getty
Image caption La razón de que el negocio del cine esté creciendo sin pausa está muy lejos de las colinas de Los Ángeles.

Decir "Hollywood" es decir "cine" en gran parte del mundo occidental, pero a la imparable máquina de los sueños de celuloide no le alcanza: los grandes estudios han puesto ahora la mirada en los mercados del BRIC, el bloque de países integrado por Brasil, Rusia, India y China.

Afilan el lápiz, sacan números, piensan estrategias: la expansión internacional se ha vuelto urgente ante el estancamiento de la recaudación en Estados Unidos, donde el número de asistentes a las salas se ha congelado desde hace 5 años.

Sin embargo, el negocio del cine ha crecido sin pausa, según datos de la Asociación Cinematográfica estadounidense (Motion Picture Association of America, MPAA), y marcó un récord el año pasado con US$31.800 millones de ingresos mundiales por taquilla, 8% más que en 2009.

La causa hay que buscarla más allá de las colinas de Los Ángeles: en los mercados extranjeros que aportan casi 70% de ese dinero.

"El negocio internacional se ha vuelto prioridad absoluta. Si la industria sigue creciendo es por la distribución internacional en mercados nuevos, en ciudades cuyos nombres los ejecutivos de los estudios no pueden ni siquiera pronunciar", le dijo a BBC Mundo Daniel Frankel, editor de la publicación The Wrap/Covering Hollywood.

La apuesta por el BRIC es a largo plazo: son sociedades en las que la clase media está en expansión junto con los desarrollos inmobiliarios destinados al entretenimiento.

Y este interés ha tenido ya sus expresiones visibles, como la premiere mundial de la tercera "Transformers" en Moscú, hace apenas días, con la presencia del elenco en pleno; el de "Fast Five" en Río de Janeiro, donde también fue filmada, o el esfuerzo de marketing que logró que "Kung Fu Panda 2" marcara un hito de taquilla en la historia china.

Audiencias ávidas

El peso del BRIC se explica con una mirada a las estadísticas: en Brasil, la recaudación de películas extranjeras creció de US$166 millones a US$578 millones entre 2003 a 2010, en Rusia alcanzó US$870 millones, mientras que en China se multiplico por diez: de US$61 millones a US$663 millones, según la consultora Screen Digest. En todos los casos, la mayoría de los filmes de esta categoría son de factura estadounidense.

Con India, la situación es más compleja, porque Bollywood, la industria cinematográfica de ese país, provee la mayor cantidad de filmes que las audiencias locales están dispuestas a consumir, con sus propios códigos narrativos y fórmulas que la industria rival no ha podido replicar con éxito.

Hollywood ha pensado en conquistar a Rusia desde hace ya tiempo, deslumbrado ante su consumo de 85% de películas habladas en inglés.

China, en cambio, es el horizonte. Con un mercado que ha venido creciendo entre 40% y 60% al año, promete convertirse pronto en la meca de la pantalla grande, desplazando a Japón. Y están preparando la infraestructura para lograrlo: según la Asociación de Productores Cinematográficos local, las 3.200 salas que hay hoy serán 10.000 en 2015.

La reacción en Los Ángeles no se ha hecho esperar, con una avanzada de productoras que intentan tender puentes hacia Asia antes de que sea tarde.

Uno de los modelos ha sido el de crear joint-ventures con productores chinos, como el que cerró hace días la empresa Legendary Pictures -participante en la producción de "The Hangover" y la última "Batman", entre otras- con un conglomerado de Pekín dedicado al entretenimiento, para producir películas en inglés y venderlas en todo el mundo.

Imax Corporation, dueña de las pantallas envolventes, también hizo lo propio con un socio local para abrir 75 salas de gran formato y otros, como Warner Bros, apuntan a llegar a los hogares chinos poniendo su oferta a la venta mediante sistemas de cable y plataformas on demand.

Con ayuda

Pero la misión comercial choca con barreras políticas y requiere una buena cuota de lobby que, en pate, realiza la MPAA.

"Nuestro rol es tratar con las políticas de los distintos países, es un proceso que lleva tiempo. En Rusia el tema es la piratería, mientras que China tiene las restricciones propias de una economía cerrada", le detalló a BBC Mundo Greg Frazier, vicepresidente ejecutivo y encargado de políticas de la MPAA.

Esas restricciones son precisamente el palo en la rueda de un negocio promisorio: el país asiático sólo permite el ingreso de una veintena de filmes foráneos cada año y el esquema de repartos de ganancia da a los estudios un 20% de la recaudación de boletería, la mitad del porcentaje que consiguen en Estados Unidos.

Los enviados estadounidenses han tratado de negociar -con propuestas como la de duplicar la cuota- y la Organización Mundial de Comercio ha emitido un dictamen condenando lo que es en el fondo una barrera comercial, pero la tarea no es sencilla.

¿Y el contenido?

Más allá de los números, la pregunta que sigue a este cambio de paradigma en la producción es cuánto se afectará el contenido. ¿Es posible que las películas que nacen de la fábrica estadounidense cambien su receta probada para acercarse a las expectativas y gustos de audiencias remotas?

"Yo no creo que los estudios estén produciendo con Estados Unidos en mente, sino que la inversión se hace ya para una audiencia global", asegura Frazier.

"Creo que aún no se ha evaluado todo el impacto que va a tener en el contenido, pero va a ser profundo. Cuán dispuesto está Hollywood a reformular sus contenidos es algo que aún está por verse", disiente Frankel.

En los próximos años, dicen los expertos, veremos muchos más elencos multiétnicos, paisajes remotos y variedad de idiomas en pantalla. Veremos también menos drama y más acción, el género que mejor funciona en los mercados por conquistar.

Como ejemplos, allí está "El Capitán América" a punto de ser rebautizado para Rusia como "El Gran Vengador", la vuelta al mundo de "Cars 2" (donde el auto villano era originalmente ruso y fue reemplazado) o "2012", quizás el más acabado ejemplo del cine que vendrá: un thriller apocalíptico en el que estadounidenses, rusos y chinos comparten pantalla mientras el mundo espera su hora final.

Contenido relacionado