Las caras detrás de los nombres del 11-S

Obama coloca una ofrenda frente al Pentágono Derechos de autor de la imagen AP
Image caption Obama colocó una ofrenda frente al Pentágono en un evento solo para invitados.

La salida de la estación para el Pentágono del tren metropolitano de Washington desemboca por uno de los costados de la mole de cinco lados que es sede del Departamento de Defensa de Estados Unidos. Desde allí se caminan unos 300 metros para llegar hasta el sitio donde el vuelo 77 de American Airlines se estrelló matando a las 64 personas a bordo y 125 civiles y militares en tierra.

Este domingo, sin embargo, un guardia uniformado amablemente devolvía a los transeúntes que llegaban por decenas a ser partícipes, a su manera, de uno de los eventos conmemorativos de los ataques de 11-S. Por cuestiones de seguridad no había acceso al público no invitado a las ceremonias en las que estuvieron el vicepresidente Joe Biden y, más tarde, el presidente Barack Obama.

Obedientemente y un poco desilusionados echaron marcha atrás. "Será verlo por televisión", dijo una de las personas a su pareja mientra descendían por la escalera eléctrica para tomar el metro de regreso a casa.

El factor medios

Los medios -principalmente la televisión con sus imágenes de las Torres Gemelas desplomándose, el Pentágono en llamas y los restos de un avión estrellado en un campo abierto de Pensilvania- fueron los que nos imprimieron en la memoria esa tragedia y crearon la sensación de que todos "estuvimos allí", cuando sucedieron.

Pero los medios y la manera instantánea en la que hacen llegar la información a cada rincón del planeta también son uno de los principales motores de lo que se define como terrorismo moderno, según me comentó Gary La Free, director del Consorcio Nacional para el Estudio del Terrorismo de la Universidad de Maryland, START, por sus siglas en inglés.

"Probablemente, desde tiempos bíblicos, podríamos encontrar incidentes que se definan como terrorismo, pero lo que ha cambiado todo de una manera fundamental es la tecnología y la rápida difusión de la noticia", afirmó La Free. "Ese es un factor fundamental para que un grupo radical decida perpetrar un acto violento".

Es natural, entonces, que sean los medios y, en especial, la televisión los encargados de proveernos con las ceremonias conmemorativas y aquellas dosis de solemnidad y patetismo que se ajustan a este tipo de eventos.

Todos los canales, estaciones y sitios internet entraron en línea con las mismas imágenes y sonidos intercalando sus propios comentarios de analistas, entrevistas de testigos, cortos documentales u otros recuentos.

Lectura de nombres

Me pareció que el desafío más grande que tuvieron en esa gran producción fue cómo manejar la lectura de los casi 3 tres mil nombres de las víctimas de la llamada Zona Cero en Nueva York sin que pareciera un simple acto de pasar lista.

La lectura, en orden alfabético, estuvo a cargo de poco más de un centenar de familiares de las víctimas y duró unas cuatro horas.

Derechos de autor de la imagen Reuters
Image caption Un niño frota con un crayón el nombre de su padre que murió en los ataques en Nueva York.

En el National Mall, la extensa explanada que domina el centro de Washington escuché a una señora decir que esperó a que se mencionara el nombre del hijo de una de sus amigas para apagar la televisión y salir a caminar.

Es comprensible que el más patriota y dedicado de los televidentes o radioescuchas no tuviera la paciencia para escuchar todos los nombres. Los mismos canales de televisión cortaron de cuando en vez a otros sonidos e imágenes. Algunos pasaban los nombres de un extremo a otro en la base de la pantalla pero, después de un tiempo, se convertían en unos subtítulos más.

Me trae a la mente la obra "Enrique" V de William Shakespeare, una crónica del monarca inglés del siglo XV y sus famosas victorias contra los franceses.

Hay una escena en el penúltimo acto, tras una sangrienta batalla, en la que el rey Enrique lee una lista de los caídos de parte y parte, los "caballeros, escuderos y galantes" entre los miles de muertos.

El parlamento es un gran desafío para quien lo interprete, pues es una larga lista de personajes como John duque de Alencon, Antonio duque de Brabant, Eduardo duque de Bar, etc., todos vigentes en su época pero que hoy, para un público contemporáneo, son sólo nombres.

El destacado director teatral británico, Peter Brook, tiene un ejercicio para actores -que no voy a repetir aquí- que intenta volver relevante cada uno de esos nombres, dándole a cada uno una historia, una vida, una cara para resolver el problema del anonimato.

Entre todas las notas de análisis y enfoque que preparamos para este aniversario los que estamos en los medios, algunas veces se puede perder esa relevancia.

Los eventos de 11-S son, por encima de todo, sobre las víctimas; la historia, vida y cara de cada una de ellas. No se puede dejar que queden literalmente enterradas bajo la avalancha de reportajes, actos, ceremonias, coros y canciones.

Quizá por eso fue tan íntimo y conmovedor para mí ver a los familiares acercarse al monumento de bronce en Nueva York donde están grabados los nombres de las víctimas y frotar sobre papel un crayón o carboncillo para llevarse una imagen palpable del nombre de su ser querido.

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