De la pasarela a la calle

Moda de lunares Derechos de autor de la imagen BBC World Service
Image caption Los lunares están en todas partes pues aparecieron en la colección otoño/invierno de Marc Jacobs.

La temporada de las pasarelas está en plena efervescencia. Nueva York y Londres ya se lucieron y ahora la atención se enfoca en Milán.

Cientos de compradores y periodistas descendieron en la capital de la moda italiana, donde tratarán desesperadamente de ser los primeros que ven lo que los más destacados diseñadores del mundo han creado.

Los compradores escogerán las prendas que quieren para sus boutiques mientras que la prensa seleccionará sus tendencias. Además, reservarán trajes para llevarse a sesiones de fotografía que publicarán a tiempo para que coincidan con el momento en el que las nuevas colecciones lleguen a las tiendas.

Sin embargo, hay un sector de la industria de la moda que siempre está ausente en estos espectáculos de alto perfil: los grandes minoristas que abastecen a la vasta mayoría de gente que compra ropa. Aunque no los invitan, sus propios diseñadores examinan las fotos como detectives en la escena de un crimen.

La comentadora de moda Caryn Franklin cuenta que apenas hay un show, los minoristas "recogen las fotos digitales para crear murales de tendencias para sus propios diseñadores".

"A los diseñadores de las tiendas populares no los invitan a los shows. En el pasado eso era un problema pues no podían ver lo que estaba pasando y las filmaciones se vendían en el mercado negro a US$150 por cinta".

"Hoy en día, un minorista puede conseguir tantas imágenes como quiera y los diseñadores no pueden protegerse como antes. Tom Ford recientemente hizo un desfile a puertas cerradas porque no quería que nadie lo reprodujera", explica.

Excéntricos crean lo extravagante

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Image caption Para muchos, los desfiles son extravagantes.

Para mucha gente, la pasarela es un mundo aparte, poblado por artistas excéntricos que crean ropa extravagante que pocos se atreverían a usar.

Sin embargo, hasta las prendas más estrambóticas se cuelan en la calle. Los pantalones del difunto Alexander McQueen que mostraban el trasero, que aparecieron en 1996, dispararon la moda de los vaqueros hipster (de cintura baja).

En este momento, los establecimientos en los centros comerciales están repletos de lunares, inspirados en la colección de otoño/invierno de Marc Jacobs, presentada durante los espectáculos de moda de febrero. Y las vibrantes rayas de Prada así como los bloques de color de Gucci fueron tendencias populares durante la primavera y verano boreal.

El color mostaza fue recurrente en las recientes pasarelas de Nueva York y Londres, y no hay duda que pronto será el amarillo preferido de las revistas, celebridades y grandes minoritarios.

Del origen al riesgo

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Image caption Los bloques de color de Gucci fascinaron a las celebridades y los minoristas hicieron su agosto.

Johanna Payton, directora de moda de stylecompare.co.uk, apunta que es en la pasarela donde todo comienza.

"Toma entre 10 y 12 semanas el viaje de la pasarela a la calle, pero en realidad los desfiles de este momento muestran diseños para la próxima primavera/verano, así que los veremos aparecer en las tiendas en febrero".

No obstante, señala, los grandes minoristas pueden tomar una característica clave de lo que se está mostrando en el momento e incorporarla en sus nuevos diseños para la colección actual, así como hacer que sus diseñadores trabajen en interpretaciones para la próxima.

Zara es uno de los gigantes minoristas conocido por la moda rápida. La compañía declara que la velocidad es su "prioridad número 1" y su ciclo de producción más rápido es de dos semanas.

Su equipo de diseño cuenta con 200 personas y la cadena tiene sus propios manufactureros y distribuidores, lo que le permite adaptar la mercancía a los gustos del consumidor en el menor tiempo posible.

En contraste, los diseñadores de Alta Costura pueden pasar meses encontrando materias primas y ensamblando trajes intrincados.

Los grandes minoristas pueden vender cientos de miles de sus más baratos y menos complicados diseños pero si son demasiado similares, los diseñadores destacados pueden perder a sus clientes exclusivos, pues no querrán una codiciada pieza si la ven en todas partes.

Plagio o halago

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Image caption Las rayas de Prada cautivaron a la actriz Hailee Steinfeld y versiones menos costosas se agotaron.

Según se dice, la imitación es la forma más sincera de adulación pero la línea que separa la interpretación de la copia descarada es tenue.

En 2007, la renombrada tienda británica Topshop tuvo que botar casi 2.000 vestidos luego de que Chloe la demandara por copiarselos. Topshop nunca admitió haberlo hecho pero le pagó a la marca US$19.000 de multa. La versión de Topshop costaba US$55, la de Chloe US$290.

En 2006, la marca de zapatos Jimmy Choo acusó a la tradicional Marks & Spencer de copiarle su cartera de noche de seda satinada con broche brillante, que se vendía por US$15 en vez de US$775. M&S nunca admitió responsabilidad pero destruyó miles de carteras.

"Los minoristas crean los looks que ven en las pasarelas para su propia audiencia y están convencidos de que lo recrean 'en el espiritú de'. La copia está bien si hay suficientes ajustes y detalles creativos que la diferencie", asegura Franklin.

Por otro lado, los grandes minoristas se relacionan con los diseñadores de alta costura a través de las colaboraciones o de la difusión de líneas. Roland Mouret diseñó para Gap, Roksanda Ilincic para Debenhams y Stella McCartney para H&M.

Jo Hooper, jefe comprador de ropa de mujer de la tienda John Lewis, dice que los minoristas tienen que satisfacer las demandas de sus consumidores, quienes se inspiran en lo que ven en las pasarelas y conocen muy bien a los diseñadores que ven en las tiendas.

"Los consumidores están mejor informados que nunca. El consumidor puede ver cuál es la oferta en todo el mundo y quiere lo que le gusta cuando lo pide".

Lejos de las pasarelas

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Image caption Las celebridades también inspiran a los diseñadores de las cadenas de tiendas.

Sin embargo, no es sólo la pasarela lo que inspira la ropa que nos ponemos. La música y el arte han inspirado modas: los vaqueros pitillo se convirtieron en elementos básicos en el guardarropa al menos en parte debido a los grupos indie.

Las celebridades también pueden hacer que los diseñadores saquen sus lápices y libretas. El vestido de color azul real que escogió Kate Middleton para anunciar su compromiso con el hijo del heredero de la corona británica y el que se puso para reunirse con la primera dama estadounidense Michelle Obama fueron replicados inmediatamente y provocaron una euforia consumista.

Según Hannah Almassi, reportera de moda de la revista Grazia, el estilo de la calle es una fuente de inspiración para muchas chicas en el momento, y esas tendencias -como las cintas negras amarradas alrededor de los cuellos de las camisas- tienen eco en las multitudes.

Todas las semanas, Almassi sale a las calles de Londres con un fotógrafo en busca de gente que se rehúsa a ser "esclava de la moda".

"Hay muchas chicas que quieren ser individuales, aunque se inspiren en la pasarela, en los minoristas o las revistas. Quieren que lo que usen sea de alguna manera propio".

Señala además que las cadenas de minoristas también tiene sus propias fuerzas creativas y líneas populares que deben mantener y desarrollar.

"No todo puede inspirarse en la pasarela. Las chicas también necesitamos prendas básicas".

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