¿Qué pensarían Marx, Freud y McLuhan de los iPhones y los iPads?

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Image caption Miles de personas hicieron colas en las tiendas Apple de varios países para comprar el nuevo iPhone.

Son tres de los pensadores más influyentes de Occidente. Sus ideas transformaron la forma como nos vemos a nosotros mismos, a la sociedad y a los medios de comunicación. Para muchos, sus teorías siguen más vigentes que nunca.

BBC Mundo explora con expertos de diferentes disciplinas y países cómo Carlos Marx, Sigmund Freud y Marshall McLuhan verían un fenómeno que, en sólo cinco años, ha sobrepasado las fronteras occidentales: los teléfonos celulares inteligentes y las tabletas.

Se trata de aparatos que tienen cautivadas a millones de personas en todo el planeta y que, como dijera McLuhan antes de que internet fuera una realidad, han convertido al mundo en una aldea global.

Marshall McLuhan

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Image caption Una de las obras más célebres de McLuhan fue "El medio es el mensaje", publicado en 1967.

"En los años sesenta, Herbert Marshall McLuhan se convirtió en uno de los teóricos de la comunicación más célebres del mundo, debido tanto a la originalidad de sus tesis (…) como al carácter apocalíptico de las mismas, que se expresaba de forma contundente al detectar la inexorable desaparición del libro, y por extensión de la escritura, como fundamento de la cultura", dice la introducción del libro "La galaxia Gutenberg" de Mcluhan, de la editorial Planeta Agostini.

Fue así como, para muchos, el pensador canadiense pasó a la historia como el profeta de internet.

"McLuhan es con frecuencia caricaturizado como un gran defensor de la tecnología digital, pero en realidad desconfiaba enormemente de la intrusión de los medios de comunicación en nuestras vidas", le señaló a BBC Mundo, Joshua Benton, director del Laboratorio de Periodismo Nieman de la Universidad de Harvard, en Estados Unidos.

"McLuhan estaba interesado en la idea de la incorporación de los medios a nuestro propio ser: a la manera cómo infundían nuestras vidas".

Una de las teorías más emblemáticas del pensador canadiense es que el medio es el mensaje, es decir, que los cambios en la forma de ver el mundo que se derivan de un medio de comunicación no tienen que ver con el contenido que transmite el medio, sino con el medio en sí mismo.

Con los iPhones y con los iPads, McLuhan tal vez pensaría que el medio ya no es el mensaje sino algo más íntimo, como explica Benton:

"Imagino que si él hubiese sabido que todos estaríamos llevando pequeños receptores mediáticos en nuestros bolsillos -con una capacidad de buscar (información) que no se agota, con la posibilidad de acceder a casi cualquier medio de comunicación, y así llenar los pocos momentos libres de nuestros días con una rápida dosis de medios- probablemente estaría horrorizado al ver hasta que punto el medio es ahora nuestra compañía".

De acuerdo con el profesor de Teoría de la Comunicación de la Universidad Castilla La Mancha de España, Antonio Fernández Vicente, para McLuhan, las tecnologías que utilizamos condicionan la forma en que percibimos, conocemos e interactuamos con los demás y con el mundo.

"Una tecnología es una extensión del ser humano, de su aparato locomotor, perceptual, cognitivo, de su memoria. Cuando afirmó la famosa sentencia 'el medio es el mensaje', dejaba en un segundo plano los contenidos para realzar las influencias que el medio tecnológico, más allá del uso que se haga de él, suscita en nuestras vidas", le indicó el docente a BBC Mundo.

McLuhan también quedó inmortalizado gracias a su idea sobre "la aldea global", un concepto que aún genera polémica.

"Es algo muy utópico y que ha recibido numerosísimas críticas, ya que el hecho de que sea potencialmente posible que conversemos con cualquier otro en el mundo en tiempo real, esto es, la unificación planetaria en el plano técnico, no significa que en efecto el planeta se haya interconectado (véase la brecha digital) o que nos entendamos mejor (véase la incomprensión intercultural)", señaló Fernández.

Sigmund Freud

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Image caption De acuerdo con Freud, uno de los aprendizajes más difíciles es manejar las presencias y las ausencias.

Cuando BBC Mundo le preguntó a Anouchka Grose, miembro del Centro para el Análisis y la Investigación Freudiana, en Londres, que pensaría Freud de los smartphones y las tabletas, la respuesta fue contundente: "Es imposible saber lo que Freud pensaría, pero cualquier freudiano seguramente los vería como un increíble golpe a la castración".

En este contexto, aclaró la psicoanalista, la castración no debería interpretarse literalmente, sino como una metáfora relacionada con la sensación general de estar incompleto, de fracaso y de pérdida.

"No más vacíos en el conocimiento, no más olvidos, no más separaciones: con un iPhone, puedes saberlo todo, verlo todo y estar en contacto con todo el mundo al mismo tiempo".

De acuerdo con la escritora, los teléfonos inteligentes son dispositivos brillantes para manejar la presencia y la ausencia.

"Con la tecnología adecuada, podemos compartir tiempo con nuestra familia y/o con los extraños, podemos ver sus vidas desplegadas en Facebook, ver películas que siguen las existencias de personas ficticias o simplemente leer sobre lo que el resto del mundo lee en los periódicos o en Wikipedia. En otras palabras, podría parecer que tenemos un gran control sobre la proximidad de los otros. Los llamas cuando te dan ganas, los ignoras cuando quieres, u optas por la mitad del camino y los espías".

Grose le explicó a BBC Mundo que para Freud, los niños nacen sin saber dónde terminan ellos y dónde empieza el mundo. Tenemos que aprender que las personas y las cosas están separadas de nosotros y fuera de nuestro control.

"Esto puede llegar a ser una gran decepción y para la mayoría, si no para todos, puede provocar fantasías conscientes o inconscientes de omnipotencia. Los teléfonos inteligentes y los iPads nos brindan el apoyo tecnológico perfecto para desarrollarlas".

"Por supuesto que la gente va a hacer cola toda la noche (afuera de las tiendas Apple) para obtener la última versión de cual sea el dispositivo que promete dar respuesta a las necesidades humanas más básicas".

"Habiendo dicho eso, no creo que Freud habría desaprobado (esos aparatos). Mientras era muy consciente de que los cigarrillos eran una combinación casi cómica del pecho, las heces y el falo -pues de alguna manera respondían a todos los instintos infantiles- eso no le impidió seguir fumando".

Para el doctor Benjamin G. Voyer, investigador visitante de la London School of Economics, la mayor parte de la locura alrededor de los iPhones y los iPads podrían explicarse en términos de narcisismo y de una relación perversa que tenemos con el objeto.

"Freud dijo una vez que 'uno se vuelve muy loco cuando se enamora'. Yo creo que él vería los iPhones y los iPads como objetos narcisistas. El iPad y el iPhone son objetos de deseo intenso. Ambos objetos guardan contenidos muy íntimos de nuestras vidas: imágenes, mensajes, números personales. Eventualmente, se convierten en una reducción idealizada de quiénes somos o, más exactamente, quiénes quisiéramos ser", le señaló a BBC Mundo.

Para el psicólogo, los iPads y los iPhones también son reminiscencias de los juguetes que ansiábamos cuando éramos niños.

"Con los iPads y los iPhones, somos capaces de reexperimentar esos momentos de inocencia y de disfrute de nuestra niñez. En ese sentido, Steve Jobs fue una figura similar a Santa Claus. Él creó objetos con los que los adultos podríamos soñar, idealizar, y por los cuales estaríamos dispuestos a esperar toda la noche, de la misma manera que los niños no pueden dormir en la noche de Navidad".

Más allá de la belleza de los dispositivos, refexionó el doctor, su misma naturaleza, su característica táctil, los hace un candidato ideal para lo que Freud llamaba fetiches sexuales.

Carlos Marx

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Image caption Según Wendling, a Marx le inquietaba el impacto de las tecnologías en el medio ambiente.

"No estoy seguro de tener acceso privilegiado a lo que Marx podría pensar sobre esos objetos (los iPhones y los iPads) y me preocupa que haya un cierto anacronismo en este tipo de preguntas", le dijo a BBC Mundo el director adjunto del Centro de Ideologías Políticas de la Universidad de Oxford, David Leopold.

"Dicho eso, pienso que Marx se habría estremecido por el contraste entre, por una parte, la fantástica tecnología y su potencial educativo y creativo y, por la otra, su preocupación por el sistema de producción y por los usos sociales que algunas veces se les da", indicó Leopold.

Cuando el profesor de Teoría Política señaló la preocupación por el sistema de producción citó el caso de la empresa Foxconn en China.

Se trata de la compañía que fabrica componentes electrónicos para empresas como Apple, Dell y Sony.

En mayo de 2010, se reportó que en lo que iba de año, diez de sus empleados se habían suicidado.

Líderes sindicales denunciaron salarios bajos, turnos laborales muy largos, líneas de ensamblaje demasiado rápidas y disciplina militar. Foxconn rechazó las acusaciones.

Al hacer referencia a los usos sociales que se les da a esos aparatos, Leopold, quien es autor de "The Young Karl Marx: German Philosophy, Modern Politics, and Human Flourishing" (El joven Carlos Marx: Filosofía alemana, Política Moderna y Florecimiento Humano), reflexionó sobre "el consumo solitario más que la creación cooperativa".

Señaló que algunas personas tienden a preocuparse por el rol que esos objetos están jugando como productos de estatus o como una forma distorsionada de relacionarnos con los demás.

Ambos argumentos se los manifestó a BBC Mundo, Amy Wendling, profesora de Filosofía de la Universidad de Creighton, en Nebraska, Estados Unidos.

Según la autora de Karl Marx on Technology and Alienation (Carlos Marx sobre la Tecnología y la Alineación), "Marx estaría preocupado por la tendencia de esos aparatos a convertirse en productos de consumo conspicuo o en objetos que otorgan estatus, es decir, en aparatos para exhibir riqueza".

El precio de esos dispositivos, señaló la docente, podría provocar que se queden "solamente en las manos de la clase alta ".

La profesora indicó que a Marx también le preocuparía que, gracias a internet y a los sistemas de posicionamiento global, "esos aparatos pudieran ser usados para ejercer vigilancia y seguimiento social" y que nos llevaran "a aislarnos del mundo inmediato y de la gente en favor de un mundo virtual (…) Marx menciona que una de las características clave de la alienación es el aislamiento de las personas".

No obstante, Wendling reconoce que Marx también vería esos aparatos con buenos ojos, pues "podrían ser usados para crear coaliciones de trabajadores en diferentes países" y para combatir el aislamiento.

"En su propia época, Marx era muy entusiasta con el ferrocarril que, según él, dividiría los feudos y crearía las condiciones tanto para el capitalismo como para el socialismo".

"Al mismo tiempo, le preocupaba que en el sistema capitalista, esas tecnologías fuesen usadas para explotar y aislar a los trabajadores así como también para explotar a la naturaleza", señaló la autora.

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