Los vinos de California, con sabor latino

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Javier Flores vino al mundo en un viñedo. Literalmente: su casa en Baja California, México, estaba en los terrenos de una bodega que daba empleo a todos los hombres de la familia. Allí creció entre tanques metálicos y parras y aprendió los gajes del oficio de su padre.

Hoy, Flores es diseñador de vinos de una de las principales bodegas de Temécula, una región del sur de California en la que el negocio de los vinos ha levantado vuelo.

Image caption Javier Flores lleva 22 años en la zona.

"Yo fui primero a Napa Valley, porque en México si hablabas de vino en Estados Unidos pues era todo Napa. Pero me dijeron de Temécula, llegué cuando iba a empezar la cosecha y necesitaban alguien con conocimientos y ahí nomás me contrataron", relata Flores, que lleva 22 años en la zona y es responsable de cada botella con la etiqueta de South Coast Winery.

La historia de Javier es emblemática de lo que ha ocurrido en este valle: un resurgir de la producción desde los años '80 que estuvo alimentado por la llegada de inmigrantes latinoamericanos.

Temécula se impuso la misión de construir para sí una fama vitivinícola, pero tuvo contendientes de peso para lograrlo: las regiones de Napa y Sonoma, en el norte, son las que han consolidado la fama de California, que provee casi 90% de los vinos estadounidenses y es la cuarta región más productiva del mundo, por encima de países como Australia.

En ese trayecto ha avanzado en la última década, con algunas ventajas competitivas como la instalación de nuevas bodegas –en total, una treintena- que traen tecnología para modernizar los procesos. El hito se marcó para muchos en 2008: el año en que el premio a la mejor bodega en la principal feria estatal salió del norte para quedar en manos de South Coast, la casa de Flores en Temécula.

Recolectores y dueños

El valle ondulante de Temécula es una sucesión de parches desérticos alternándose con oasis de parrales prolijamente alineados, donde una vez pasada la vendimia –entre agosto y octubre- sólo queda el verde de las hojas.

Image caption Los Doffo, de Argentina a Temécula.

A un trecho corto de ruta desde la frontera sur de Estados Unidos, éste ha sido el destino elegido por muchos inmigrantes de México y América Central para establecerse, los que hoy representan –según estiman los productores- entre 80 y 90% de la mano de obra del campo.

Pero muchos latinos que llegaron han hecho valer sus conocimientos vitivinícolas para ocupar otros puestos estratégicos para el negocio: desde la combinación de varietales para conseguir vinos distintos, como hace Javier, a la inauguración de bodegas con su nombre.

Como los Doffo, una familia de argentinos que pensó asentarse aquí como una opción de retiro y terminó montando una empresa a partir de la uva malbec. En 2004 tuvieron la primera cosecha: 45 cajas, poco más de un barril. Hoy producen 25 veces aquello.

"En ese entonces recién empezaba a haber un reconocimiento del malbec como un vino de calidad en el mercado estadounidense. Afortunadamente mi papá tuvo la visión de plantar malbec y empezar a producirlo, ahora somos unas cinco bodegas que hacemos malbec en Temécula", señala Damián Doffo a BBC Mundo, en el patio de su casa-bodega donde los barriles conviven con una colección de más de un centenar de motos de carrera.

El peruano Wilmer Yabar es un recién llegado. La bodega con su nombre ha sido una de las últimas en abrir, con la tierra que adquirió en 2007 y los rudimentos de enólogo que aprendió en Argentina, y se concentra en la promoción de cepas hispanas como garnacha o rosa del Perú.

"Los latinos estamos aportando mucho a la vitivinicultura en esta zona porque traemos una herencia que viene desde nuestros antepasados españoles y de lo que se ha desarrollado la industria en Sudamérica", señala el dueño de Masía de Yabar, que además pasa sus días en el consultorio, pues es odontólogo de profesión.

Impulso latino

Para los expertos, la llegada de los latinos ha marcado la historia de este valle, donde los conquistadores españoles plantaron las primeras uvas pero el negocio decayó después del siglo XVIII.

Derechos de autor de la imagen South Coast Winery
Image caption La llegada de los latinos ha marcado la historia de este valle.

"Cuando vine, en los 90, había cinco vinícolas. Ahora hay una gran demanda por propiedades y muchos emprendimientos y nuestro aporte es fundamental, tanto porque traemos elementos culturales asociados al vino como un gusto por comidas que combinan bien con esta bebida", señala Flores.

En sus balances de los últimos años, las bodegas han sacado rédito de una tendencia de mercado, la que indica que el interés por los vinos ha crecido en la comunidad hispana, especialmente entre los jóvenes.

Un estudio de la consultora Experian-Simmons señala que el consumo de hispanos de más de 21 años creció 34% entre 2005 y 2011 -mientras que este segmento de población tuvo un aumento de 19%- en tanto que entre los blancos no hispanos se registró una expansión de sólo 14%.

La demanda creciente, dicen los analistas, representa una ventana de oportunidad para que una mayor variedad de vinos ingresen al mercado.

"Cuando vine a Temécula no estaba pensando en un mercado latino, sino en el mercado general. Pero obviamente esto es una oportunidad que nos conviene a nosotros, los productores hispanos, que tenemos una identificación directa este grupo de clientes potenciales ya desde el nombre de nuestras bodegas", señala Wilmer Yabar.

La mirada está puesta, sin embargo, en aquellos latinos que no consumen la bebida, que por ahora son mayoría: el estudio de Experian revela que 26,5% toma vino regularmente, muy por debajo del 38,8% que se registra entre blancos no hispanos.

"Con el transcurso de los años, cada vez más la comunidad hispana viene a las salas de degustación y se interesa por los procesos. Es un hecho que la comunidad latina está consumiendo más vinos californianos, pero todavía tenemos mucho por mostrar", anticipa Flores.