Qué se logró con las restricciones cambiarias en Argentina

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Image caption El control cambiario entró en vicencia a finales de octubre.

"Te sentís privado de lo que es tuyo", se quejó ante BBC Mundo Roberto. Este ingeniero de 37 años es uno de los miles de argentinos que no pudo convertir sus pesos argentinos a dólares debido a las restricciones cambiarias impuestas a fines de octubre por el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner.

Si bien todos los expertos coinciden en que estas medidas, que facultan al fisco argentino a determinar quién puede comprar divisas y en qué cantidad, lograron efectivamente poner un freno a la fuga de capitales más grande de los últimos 20 años, muchos advierten que su uso a mediano y largo plazo será perjudicial.

Mientras tanto, en el corto plazo, la iniciativa del gobierno ha generado enorme malestar entre personas como Roberto, que, al igual que muchos otros argentinos, solía convertir una parte de su sueldo mensual a moneda estadounidense como una forma más segura de ahorro.

Con una inflación estimada del 25% -según la mayoría de las consultoras privadas- y tasas de interés bajas en los bancos, muchos ahorristas argentinos se volcaban al dólar o invertían en consumo antes de ver desgastado su capital.

En el caso de Roberto, solía comprar hasta US$10.000 cada mes o dos. Pero luego de que entraron en vigencia las restricciones, la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP) sólo se le permitió retirar US$2.000.

Peor suerte tuvo Diana, una profesora de química de 58 años, que trató a fines de diciembre de comprar los US$1.000 que solía cambiar cada mes.

La cajera de su banco le informó que su pedido había sido rechazado debido a "inconvenientes con su comportamiento fiscal".

Así se enteró –tras acudir a una sede de la AFIP- de que tenía un atraso en el pago del impuesto sobre sus bienes personales.

En el caso de Diana había un problema legítimo que le impidió comprar divisas por la vía legal, pero muchas otras personas se quejaron en los medios argentinos de que fueron víctimas de una prohibición arbitraria.

"(El cliente) presentaría insuficiente capacidad económica para realizar la operación cambiaria ingresada", fue la leyenda con la que se encontraron muchos al pedir la autorización de la AFIP, a pesar de que tenían los fondos suficientes y su situación estaba en regla.

Problemas para los veraneantes

Las restricciones cambiarias afectaron especialmente a muchos argentinos que planeaban pasar sus vacaciones de verano en el exterior.

Muchos de ellos no pudieron obtener las divisas que buscaban para poder llegar a destino armados con la moneda local.

Pero quienes salieron con pesos argentinos con la idea de cambiarlos afuera se encontraron con otra sorpresa: una enorme pérdida en el valor del billete argentino.

En particular en Uruguay -donde los argentinos representan más de la mitad de los visitantes al popular balneario de Punta del Este- se notó un fuerte deterioro en el valor de cambio del peso argentino como consecuencia de las restricciones impuestas en Buenos Aires.

Los argentinos que llevaron pesos obtuvieron un 37% menos de lo que habrían conseguido si hubieran llevado dólares.

Algo parecido ocurrió en la ciudad brasileña de Florianópolis -otro destino popular entre los argentinos- donde estos visitantes pagaron un 17% más caro los reales que intercambiaron por pesos.

Extranjeros también afectados

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Image caption Las restricciones afectaron tanto a los argentinos como a los turistas.

En tanto, otra de las "víctimas" de las restricciones cambiarias fueron los miles de turistas extranjeros que visitaron Argentina en noviembre y diciembre.

Se estima que unos 10.000 visitantes no pudieron cambiar a dólares los cerca de 600 pesos argentinos que les sobraron –en promedio- tras visitar el país.

Esto, debido a que no estaban informados de que sólo podían realizar la recompra de dólares si exhibían el recibo que recibieron al cambiar sus divisas por pesos.

De esta forma, los turistas se vieron obligados a retener, en conjunto, unos US$1,4 millones en pesos (que sólo podrían ser intercambiados por otra moneda en países limítrofes a Argentina).

Freno a la salida de capitales

Pero más allá del malestar social que generaron las restricciones, lo cierto es que lograron su cometido principal: frenar la enorme fuga de capitales, que en octubre pasado superaba los US$20.000 millones.

"La desaceleración en los últimos dos meses fue notoria", dijo a BBC Mundo la economista Belén Olaiz, de la consultora Abeceb.com.

Mientras que en agosto, septiembre y octubre salieron del sistema bancario unos US$3.500 millones por mes, tras la implementación de las nuevas normas, esa cifra bajó a US$2.5000 millones en noviembre y US$1.200 millones en las primeras tres semanas de diciembre.

La efectiva represión de la demanda minorista por dólares tuvo otra consecuencia que favoreció a las arcas estatales: permitió que el Banco Central de la República Argentina (BCRA) comprara una cantidad récord de moneda estadounidense, dejando sus reservas por encima de los US$46.000 millones.

Sin embargo el llamado "cepo cambiario" también generó efectos negativos para la economía argentina.

Ante el temor de un nuevo " corralito" –a 10 años de las restricciones bancarias que hicieron estallar la peor crisis económica en la historia del país- muchos ahorristas retiraron de los bancos sus depósitos en dólares.

Así, en dos meses se fueron del sistema bancario US$2.681 millones, el 17% de lo depositado en moneda estadounidense.

Mercado paralelo

Image caption El gobierno tomó la medida de control cambiario para frenar la fuga de capitales.

Otro efecto dañino que dejaron las restricciones fue el auge del mercado informal de dólares.

Esa divisa, cuyo precio oficial ronda los 4,32 pesos argentinos, llegó a valer 5,20 en las denominadas "cuevas" ilegales, un indicio de cuánto subió la demanda.

Si bien las presiones gubernamentales sobre el circuito paralelo lograron reducir ese valor a cerca de 4,65, muchos pronostican que si se mantienen las restricciones el mercado informal crecerá fuertemente en los próximos meses.

Uno de los principales motivos para esto es que las regulaciones cambiarias dejan fuera del sistema formal a quienes trabajan en negro, que según las cifras del Instituto para el Desarrollo Social Argentino (Idesa) representan el 45% de la fuerza laboral argentina.

Al no tributar, estos trabajadores no pueden obtener el permiso de la AFIP que necesitan para operar en el mercado legal.

Malo a largo plazo

"Estas medidas de control a corto plazo siempre son efectivas, pero a mediano y largo plazo no solucionan el problema de la fuga y además generan desconfianza, reduciendo las inversiones", opinó a BBC Mundo el economista Osvaldo Cado.

Por su parte, Olaiz consideró que "no se puede solucionar un problema por su consecuencia y no por su causa".

Ambos especialistas coincidieron en que la fuga de capitales continuará en tanto el gobierno siga manteniendo el peso devaluado, como lo ha hecho durante los últimos cuatro años.

En tanto, Jorge Colina, de Idesa, dijo a BBC Mundo que, aunque tengan que apelar al mercado paralelo, los argentinos seguirán comprando dólares, ya que, debido a la alta inflación, por el momento seguirá siendo la mejor opción para que rindan sus ahorros.

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