El éxito de un doble de riesgo latino en Hollywood

Bray actúa en "The Grey" con Liam Neeson. Derechos de autor de la imagen Openroad
Image caption Bray actúa en la recién estrenada "The Grey" junto a Liam Neeson.

Ocurrió en el rodaje de "Swordfish", el filme que protagonizó John Travolta en 2001. La escena: un café en Los Ángeles, locación para una secuencia de correderas y balazos entre agentes de SWAT y criminales sin escrúpulos. La acción: uno de los hombres entra al café por una vía no convencional, estrellándose contra el ventanal a la calle.

El hombre fue él: Ben Bray, uno de los latinos necesarios para el cine de Hollywood pero cuyo nombre no aparece arriba en los créditos. Un doble de riesgo.

Bray lo hizo, se lanzó de espaldas contra los vidrios pero le falló el cálculo y fue a dar contra el marco de metal: golpeó la cabeza primero, la base del cuello después. Las dos piernas rebotaron sobre el cemento y dejó de sentirlas, pensó que se las había fracturado. Pero lo peor estaba por venir: desde el suelo escuchó las palabras del director, 'no tenemos toma, hay que repetir'. Y él repitió.

Así es el trabajo de Bray, que se ha ganado la vida en los estudios de cine durante los últimos 20 años. Una carrera que le valió un apodo, "El Chicano", y una lista de más de cien películas en las que ha aparecido en pantalla aunque nadie lo haya notado.

Como buen doble de cuerpo, cuanto más desapercibido pase a los ojos del espectador mejor habrá hecho su labor. Después de todo, se trata de hacer creer que las estrellas de Hollywood son capaces de dar saltos al vacío o repartir patadas en peleas de uno contra todos.

En la industria, en cambio, el hispano no ha pasado inadvertido: es uno de los pocos dobles de origen latino. Y su filmografía impresiona, desde "Transformers", "Iron Man" y los dos "Hombre Araña" a "El luchador" o "Sin lugar para los débiles", donde fue el álter ego de Javier Bardem. También pasó por la pantalla chica, en tomas de acción de "CSI Miami" o la reciente "Sons of Anarchy".

Boxear en el barrio

Pero primero fue el boxeo. Hermano de un competidor olímpico, integrante del equipo de Oscar de La Hoya, Bray comenzó a entrenar a los 10 años en un gimnasio del barrio.

Y "el barrio" a secas, como lo llama él, era el de las calles pesadas del Valle de San Fernando, cerca de Los Ángeles, una zona marcada entonces por la violencia pandillera.

"El boxeo me ayudó a tener estructura en la vida. Definitivamente me ayudó a mantenerme al margen de la violencia y las drogas. Pasé por los niveles amateur e hice entrenamiento profesional, fueron muchos años", dice a BBC Mundo.

Fue ese régimen estricto el que lo llevó ante las cámaras: en un gimnasio, mientras entrenaba para una pelea, lo descubrió un coordinador de extras de Hollywood y le ofreció participar en una cinta. Buscaban a alguien para medirse a puños con un campeón mundial de la categoría welter, en la película "Dead Connection" (1994).

Así, a los 21 Bray entró por primera vez a un estudio de filmación y ya no volvió a salir.

Multifacético

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Image caption Para mantenerse en el mercado Bray dice que hay que saber hacer "un poco de todo".

Aprendió a trabajar con fuego, a conducir vehículos para trepidantes persecuciones, a caerse una y otra vez, a dominar el arte de caminar sobre alambres. No recuerda cada toma de la que salió ileso, aunque entre las que más lo han marcado está la de una caída al vacío de espaldas desde 18 metros de altura en la que aterrizó sobre un fuego encendido.

"Fue para un filme pequeño, 'Radical Jack'. Creo… no me acuerdo. Fueron tantas escenas en tantos años que es imposible llevar la cuenta", reconoce el doble.

Aprendió, eso sí, que los trabajos más simples pueden ser los más peligrosos. También abrazó la causa del entrenamiento a tiempo completo: jornadas enteras de gimnasio y dieta estricta son clave, asegura, para ser un buen doble de acción.

"Para estar en este mercado hay que saber hacer un poco de todo, incluso poder decir una líneas, con lo cual es bueno también tomar clases de actuación", señala Bray.

Eso lo aprendió de un doble veterano, que lo aconsejó temprano en su carrera: "di una línea de diálogo y recibe un balazo en el pecho", le enseñó.

"Esto permite a las producciones ahorrarse dinero, porque para un papel menor pueden contratar a un doble que también actúe en lugar de tener a un actor y su doble", explica Bray.

Doble que habla

Tomó clases para no ser improvisado, aun cuando le toquen diálogos de cuatro o cinco líneas de guión. Lo aceptaron en el prestigioso estudio de Lee Strasberg y en la compañía de Ricky Walters; seguramente también aprendió en sus intercambios con las celebridades a las que ayudó a preparar personajes, como Christian Bale para "El luchador", Tobey Maguire en "El Hombre Araña 2" o Bradley Cooper en "Brigada A".

¿El resultado? Se lo puede ver como actor en "Real Steel" frente a Hugh Jackman, como colega de Jude Law en "I Heart Huckabees" y, en su más ambicioso papel, en la recién estrenada "The Grey", junto a Liam Neeson.

"Los elementos de la naturaleza hicieron que ese rodaje fuera físicamente muy desafiante, con tormentas de nieve y vientos de hasta 65 kilómetros por hora. Llevo más de 20 años en la industria y he hecho muchas películas en condiciones extremas, pero 'The Grey' fue la peor", compara.

En el papel de Hernández, un rudo trabajador de un pozo petrolero que queda varado en la estepa de Alaska tras un accidente aéreo, Bray protagoniza una escena conmovedora cara a cara con Neeson en medio de la nieve. Eso sí: la hipotermia lo mata pronto.

"Hacía tanto frío que pensabas a cada momento 'no voy a poder'. Creímos de a ratos que nunca íbamos a poder terminar el rodaje", dice el doble devenido actor.

Latino en acción

Pero su labor de extra está lejos de quedar relegada: trabajo en este sector es lo que sobra para los hispanos, asegura.

"No hay muchos dobles de riesgo latinos, somos un puñado. Definitivamente me ayudó ser mestizo y me enorgullezco. Pero en la próxima generación de extras veremos más: hay muchos jóvenes mexicanos que se están metiendo", señala Bray, que hoy ronda los 40 años y también usa para su trabajo el apellido materno, Hernández.

El mayor de seis hermanos e hijo de una inmigrante mexicana de Durango que pasó la frontera para dedicarse a las cosechas de temporada en California, creció en una "típica familia latina católica" en un barrio de fuerte presencia hispana.

Criado por su madre y su abuela, para incursionar en el mundo del cine debió convencer primero a las mujeres de la casa de que la tarea del doble de riesgo no es tan peligrosa como parece.

"Aunque era eso o las calles con sus amenazas. Estaban nerviosas cada vez que en un rodaje me tocaba una acción peligrosa, sí, pero me apoyaron siempre. Comparado con el barrio, sabían que con un trabajo en el cine iba a estar mejor", concluye el actor.

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